Epílogo 2
Cuatro años después
Estaciono el auto frente a su restaurante. Suyo, porque no existe la menor duda de que este lugar lleva el alma, el talento y el fuego de mi esposa en cada metro cuadrado.
Contemplo el nuevo establecimiento de Kadri, el segundo que abrió. Lo diseñó inspirado en un palacio otomano y, debo admitir que, al principio, tuve mis dudas sobre la arquitectura, pero el resultado quedó realmente hermoso.
Kadri consiguió que tuviera un aspecto majestuoso y, al mismo tiempo, acogedor.
Ahora divide su tiempo entre ambos restaurantes, algo que no es nada fácil teniendo tres hijos, porque hace aproximadamente un año nuestros hijos, Azer y Savaş, recibieron a una hermanita, Alara.
Yo no debería estar aquí, pero en cuanto recibí la confirmación hace una hora, dejé todo lo que estaba haciendo, le pedí a mi secretaria que cancelara mi agenda, tomé las llaves del auto y salí, porque no podía esperar para contárselo.
Bajo del vehículo y, en pocos pasos, entro al restaurante.
Todavía no ha abierto sus puertas y los empleados van de un lado a otro terminando de preparar las mesas para la cena.
Todos me saludan, sorprendidos, porque nunca vengo a esta hora. No porque no quiera. Nada ha cambiado, sigo completamente obsesionado con mi esposa. Pero todos los días hago un esfuerzo por no convertirme en el tipo de hombre que asfixia a la mujer que ama. Este restaurante es suyo.
Aquí están el esfuerzo y el alma de Kadri, y quiero ver su hermoso rostro cuando le cuente lo que ocurrirá dentro de unos días.
Camino hasta la cocina y la veo de espaldas, con un vestido negro ajustado y el cabello recogido en un moño bajo, porque seguramente se estaba preparando para salir y no tuvo tiempo de soltarlo. Estoy seguro de que dejó preparados algunos postres para las comidas que se servirán hoy.
Ella debía reunirse conmigo para cenar porque hoy regresé de un viaje de una semana y, para que pudiéramos tener un momento solo para nosotros, acordé con mi madre que se quedara con nuestros hijos e invité a mi esposa a salir.
Uno de los empleados mira por encima del hombro de Kadri y sonríe al verme. Ella, al darse cuenta, se gira.
—Pensé que sería yo quien iría a buscarte —dice, pero corre hacia mis brazos sin importarle que todos nos estén mirando.
—Voy a secuestrar a su chef —les anuncio y la levanto en brazos mientras salimos de la cocina.
Todavía puedo escuchar las risas de los empleados mientras nos alejamos.
—¿Qué estás tramando? —pregunta.
—Confía en mí —susurro contra su cuello.
Voy directamente al segundo piso, donde está la oficina, pero también la suite que mandé construir junto a ella para cuando estamos aquí y nuestra pasión no nos permite esperar hasta llegar a casa.
—No me estoy quejando —dice sonriendo—, pero ¿qué está pasando?
—Dejé a nuestros tres hijos con Doruk y con mi madre. Dormirán en su casa.
—¿Qué? ¿Vamos a dormir fuera de casa?
—Aquí. No voy a permitir que salgas de esta habitación hoy. O quizá sea al revés.
—¿Crees que voy a atacarte? —Suelta una carcajada y me empuja sobre la cama, montándose encima de mí.
—Estoy seguro de que hoy vas a querer follar duro, toda la noche. Será la única forma de descargar toda la excitación que tienes.
—¿Excitación por qué?
—Porque eres la chef más joven en dirigir un restaurante que recibirá tres estrellas de la guía Michelin.
Sus ojos se abren de par en par.
—No juegues conmigo.
—No estoy jugando. Felicidades, mi amor. Lo lograste.
—¡Mi restaurante recibirá tres estrellas de la guía Michelin! —casi grita, con los ojos brillando.
—Sí.
Veo la transformación en su rostro, la tormenta de emoción encendiéndose en sus ojos.
—Desnúdate. Ahora —ordena.
Tal como imaginaba, casi se arranca la ropa y yo también me desnudo rápidamente. Su euforia y su deseo son contagiosos.
Kadri vuelve a montarse sobre mí y pierde el control, devorándome con la misma intensidad con la que yo la devoro a ella.
Hicimos el amor toda la noche, y mi esposa nunca había estado tan desenfrenada.
Cuando amanece, apenas hemos dormido unos pocos momentos. Ella parece insaciable.
—Quiero más bebés y más restaurantes —susurra, casi cerrando los ojos por el sueño—. No importa en qué orden.
—Haré realidad todos tus deseos, esposa. No importa el orden. Te amo, Kadri.