Capítulo 66
Tres meses después
Hace mucho tiempo, en realidad desde que me convertí en adulto y me entregué por completo a la venganza contra los Zengin Okan, que no sé lo que es vivir sin odio, rencor o deseos de represalia.
Hoy mi vida es normal, y de la mejor manera posible, en el sentido de que todas las piezas finalmente encajaron en su lugar.
Kadri y yo estamos comprometidos con un nuevo comienzo para todos nosotros, y eso quedó coronado cuando, hace un mes y medio, la cirugía del supuesto aneurisma “inoperable” de Doruk fue realizada con éxito por quien ahora sé que es uno de los tres médicos conocidos como los “Dioses de Blanco”.
Athanasios Pappakouris realmente es el mejor neurocirujano del mundo, y no es casualidad que sea tan venerado por la comunidad médica.
Ahora Doruk ya no corre riesgo de morir y Kadri no cabe de felicidad, pero esa no es la única novedad. Hace una semana recibimos una sorpresa todavía mayor cuando mi madre y Doruk nos reunieron durante una cena para contarnos que estaban enamorados.
Mis hermanos y yo ni siquiera nos habíamos recuperado de la sorpresa cuando, acto seguido, el abuelo de mi esposa nos pidió permiso para pedir la mano de nuestra Anne en matrimonio.
Miramos a nuestra madre y su sonrisa nos dijo todo lo que necesitábamos saber.
—Si usted hace feliz a mi madre, tiene mi consentimiento. Ahora solo le faltan los otros cuatro —dije.
Todos se echaron a reír.
Sin embargo, uno por uno, cada uno de mis hermanos también le dio el suyo.
Mi madre fue feliz en los dos matrimonios que tuvo, a pesar de la decepción que sufrió al descubrir quién era realmente su segundo esposo después de su muerte[34].
Ahora quiere intentarlo una vez más y, por la manera en que Doruk la mira, estoy seguro de que la tratará como a una reina.
Suena mi celular, devolviéndome al presente y, cuando veo el nombre de Irfan en la pantalla, sonrío.
—Pensé que solo me llamabas cuando explotaba algo en mi patio —bromeo.
—Siempre estoy vigilando. Tu vida está en paz.
—Nunca te agradecí por haber salvado al abuelo de mi esposa. Gracias.
—Querrás decir: por haber salvado a tu futuro padrastro.
—¿Cómo puedes saberlo? ¡Todavía no se lo contamos a nadie!
Escucho su risa.
—Como te dije hace un momento, siempre estoy vigilando. Quédate tranquilo, primo.
Algunos días después
El cementerio donde está enterrada mi bisabuela se encuentra en lo alto de una colina, junto a todos nuestros seres queridos, en el mausoleo familiar.
Nunca había venido aquí porque, hasta ahora, sentía que estaba en deuda con ella, pero hoy pienso cerrar este capítulo.
Me arrodillo frente a su lápida y digo:
—Cumplí lo que te prometí, bisabuela. La mina volvió a nuestra familia.
Sé que cuando moriste había rencor en tu corazón, pero decidí que, por la paz de las generaciones presentes y futuras, ha llegado el momento de dejar esta historia atrás.
Amo a una Zengin Okan. Kadri es mi vida y será la madre de mis hijos.
Su abuelo, Doruk, se casará con mi madre.
Todos seremos una gran familia y esta venganza, lograda a través del amor, es mucho más poderosa contra quienes nos hicieron daño, contra aquella mujer traidora y sin escrúpulos, que cualquier odio que pudiéramos haber dirigido hacia ella.
Ella perdió. Doruk, Kadri, mi madre, mis hermanos y yo fuimos quienes ganamos esta guerra.
Kadri
Esquivé algunas herramientas que estaban tiradas en el suelo del restaurante que Qasim mandó construir para mí y fui directamente a la oficina del fondo.
Es la única parte del local que ya está terminada.
No tenía la menor intención de dormir. Me dije a mí misma que solo iba a tomar una siesta, pero cuando vuelvo a abrir los ojos, me doy cuenta, por la luz que entra por la ventana, de que ya es de noche. Qasim está sentado a mi lado, en el borde del sofá, mirándome con preocupación.
—¿Estás bien?
Me estiro perezosamente.
—Sí. ¿Por qué no habría de estarlo?
—Nunca duermes por la tarde, Kadri, y de pronto te encuentro aquí sola, completamente dormida.
—Tenía sueño. —Disimulo una sonrisa.
—¿Estás segura? ¿No has estado trabajando demasiado? Sabes que no necesitas supervisar la obra.
—Me gusta hacerlo y, en cuanto a tener tanto sueño, creo que es normal durante el embarazo.
Por un segundo, se queda mirándome sin que parezca siquiera respirar.
—¿Dijiste embarazo? ¿Estás...?
Lo atraigo hacia mí rodeándole el cuello y lo beso.
No puedo soltarlo. Me siento hambrienta de él, pero es Qasim quien toma la iniciativa de separar nuestros labios.
—Cuéntamelo —dice, atrayéndome hasta sentarme sobre su regazo.
Asiento con la cabeza mientras me muerdo el labio inferior, intentando contener la sonrisa, porque suena realmente ansioso.
—Estoy embarazada. Pensaba decírtelo esta noche, pero me encontraste durmiendo en plena jornada laboral, jefe.
Él sostiene mi rostro con ambas manos. Sus ojos gris metálico brillan más que nunca.
—Estás embarazada —dice, como si estuviera comprobando en voz alta que esa realidad es cierta.
—Sí.
Qasim me abraza, aspira mi aroma y siento la fuerza de su amor.
—Me lo has dado todo, Kadri.
—Tú eres mi todo, esposo.