La Novia Negociada para el magnate (Multimillonarios Turcos nº 4) Capítulo 6
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Capítulo 6

Aproximadamente dos semanas después

Ni siquiera el viento cortante consigue moverme. Llevo aproximadamente media hora en el cementerio.

Frente a la lápida de mi bisabuela, Azize, me pregunto si, dondequiera que esté, puede ver el caos en el que se han convertido mis planes.

La idea siempre fue mantenerme alejado de los Zengin Okan, jamás permitir que uno de ellos se acercara a mi familia y, sin embargo, dentro de siete años me casaré con Kadri porque no existe otra forma de recuperar la mina.

El cementerio está vacío a esta hora, casi al atardecer.

No soy una persona que deje las cosas para después, pero ya han pasado dos semanas desde mi encuentro con Doruk y todavía no le he dado una respuesta.

Miro las lápidas y los mausoleos que me rodean.

Es deprimente pensar que, sin importar todo lo que logres en la vida, este final es una certeza.

Varios de mis antepasados están enterrados aquí.

Provengo de una familia rica y, sin embargo, ¿qué diferencia hizo toda la fortuna que poseíamos para ellos?

Multimillonarios, poderosos, peones o reyes en el juego de la vida, todos tuvieron el mismo destino.

Sin glamour ni grandeza, sus cuerpos se desintegraron bajo la tierra.

Leo la inscripción de la lápida de mármol de Azize, ya desgastada por el paso del tiempo.

“Querida madre, abuela, bisabuela, esposa y hermana.

Ella fue el pilar de nuestra familia.

Su amor y su sabiduría viven en nosotros.

Que descanse en paz”.

¿De verdad ha estado descansando en paz, aunque yo todavía no haya cumplido la promesa que le hice?

Me agacho para arrancar algunas malas hierbas que crecieron cerca de las flores que mi madre mandó plantar alrededor de la tumba de Azize.

No creo en el concepto del cielo y el infierno. No rezo ni creo que exista vida después de la muerte, pero sí acepto que estamos rodeados de una energía y que, quizá, quienes ya partieron puedan, de alguna manera, permanecer sobre nosotros.

—Estoy cerca de cumplir lo que te prometí, pero no sé si te va a gustar este arreglo, bisabuela. Nunca imaginé que tendría que hacer algún tipo de alianza con un maldito Zengin Okan, pero ya no puedo dar marcha atrás.

Me tomó todo este tiempo asimilar el hecho de que estaría obligado a casarme.

No busqué información sobre la muchacha.

Ni siquiera tengo intención de verla porque, además de que me parece retorcido cerrar un contrato de matrimonio por conveniencia con una adolescente para el futuro, aunque no tenga intención de convivir con ella ni siquiera de hablarle, tampoco deseo mantener ningún tipo de cercanía con los Zengin Okan.

Kadri no será una protegida. No será nada más que una obligación y, cuando cumpla veinte años y llegue el momento de cumplir el acuerdo, se lo dejaré muy claro.

Al cerrar el trato con Doruk cumpliré mi palabra, porque el honor forma parte de quien soy, pero no pienso integrar a una Zengin Okan en nuestra familia.

Será tratada como una de mis empresas. Pondré a empleados competentes para “administrarla” o, usando las palabras de su abuelo, prepararla para el mundo.

Sin embargo, cuando esos cinco años terminen, la devolveré a su vida y me marcharé sin mirar atrás.

Empiezo a caminar de regreso hacia donde estacioné mi automóvil, sabiendo que no tengo otra alternativa más que ceder al chantaje de Doruk.

Tomo mi teléfono celular y le envío un mensaje pidiéndole que se reúna conmigo en mi restaurante principal dentro de dos horas. No me importa si ya tenía otro compromiso para esa hora. Fue ese desgraciado quien me obligó a entrar en esta situación.

Subo al automóvil y sujeto el volante con ambas manos, intentando controlar la rabia que siento.

Voy a casarme con la nieta de la familia enemiga.

Si un matrimonio para toda la vida jamás pasó por mi cabeza, una unión con una Zengin Okan me parece el equivalente a una maldita pesadilla.

Pero sé, después de tantos años intentando negociar la mina con Doruk, que esta es la única salida. Y también estoy seguro de que mis hermanos se volverán locos cuando se enteren del acuerdo que cerraré dentro de unas horas.

Un trato sucio, igual que todos los Zengin Okan, nacido de un chantaje mediante el cual asumiré el compromiso de convertirme en tutor de una muchacha con la que no deseo tener la menor cercanía.

Sí, tutor. No importa que el acta de matrimonio diga que seremos marido y mujer; lo único que pienso hacer es asegurarme de que Kadri no cometa ninguna estupidez con su vida durante los años en que esté bajo mi responsabilidad.

Suena mi teléfono y, cuando veo que es Cenk, sé que me espera una conversación infernal. No pensaba contárselo todavía, pero ahora que ya decidí aceptar la propuesta de Doruk, ya no tiene sentido esperar para reunir a todos mis hermanos y darles la mala noticia.

—¡Ese hijo de puta! Sabía que ese miserable estaba tramando algo —dice mi hermano mayor unos minutos después—. No estarás pensando seriamente en aceptar, Qasim. Entiendo que quieras vengarte recuperando la mina y me siento orgulloso de ti por eso, pero no si el precio es destruir tu vida.

—Será un matrimonio por conveniencia de solo cinco años.

—Aunque fueran solo cinco días. Ella es una Zengin Okan, Qasim.

—No les estoy pidiendo permiso para casarme. Voy a hacerlo, estén ustedes de acuerdo o no. Ya está decidido.

Cada célula de mi cuerpo rechaza esa idea.

Ningún tipo de compromiso me atrae, mucho menos con una prometida no deseada como Kadri, pero tampoco soy un hombre que incumpla una promesa.