La novia impostora del alfa maldito (Maldecidos y reclamados 1) Capítulo 29 #3
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Capítulo 29 #3

—Tonterías. Reconozco que quien lo haya hecho ha sembrado bien las semillas de la desconfianza.

Puede que nuestros enemigos tengan las zarpas más clavadas en esta corte de lo que creíamos.

Así mataron a tu padre. —Se tomó un instante para fingir tristeza—.

Además, yo no llegué ni a tocar la tiara antes de la boda; el joyero real puede dar fe de ello.

Sentí la conmoción que recorrió el cuerpo de Seraphina como si fuera la mía. Dio un paso al frente, con Noah bien sujeto contra ella, y su voz sonó como el acero.

—Alaric nunca ha mencionado cómo mataron a Lyra. Somos las dos únicas personas que sabíamos que el veneno de Ruda del Crepúsculo estaba escondido en la tiara.

—Los guardias que os escoltaron el día de la boda debieron de contármelo —dijo ella, pero ahora le tembló la voz. Se había delatado. La teníamos.

Saber que tenía razón no me dio ninguna satisfacción. Mi madre había matado a Lyra, había intentado matar a mi compañera y se había confabulado con Zinnia para dañar a mi hijo.

—Los guardias no lo sabían —dijo Seraphina.

Su dolor fluía hacia mí, filtrado por una justa reivindicación y lleno de una pena y un duelo inmensos, no solo por sus propias pérdidas, sino por mí.

Entendía que yo estaba perdiendo a mi madre—.

No les importó cuando creyeron que la muerta era una omega.

Yo encontré el veneno en la tiara, y Alaric es la única persona a la que se lo conté.

Mi madre recorrió la sala con la mirada. No tenía escapatoria. Levantó el mentón. Y entonces se echó a reír. Fue un sonido afilado y altivo.

—Lo hice yo.

La confesión dejó la sala sin aire. Miró a mi compañera con odio puro y la máscara cayó por fin.

—Mi intención era que tú tampoco sobrevivieras.

Mi lobo gruñó. Sentí el miedo de Seraphina a través del vínculo, pero debajo había algo más fuerte. Ira.

—¿Por qué? —preguntó ella.

A mi madre se le endurecieron los ojos y aquel ámbar destelló veneno.

—Porque alguien tenía que salvar este reino.

Me quedé mirándola.

—¿Salvarlo?

—Cada año estabas más débil. La plaga de sombras te consumía. Tu cuerpo no sanaba como debía. Necesitabas un heredero con fuerza suficiente para heredar el trono.

—Así que asesinaste a mi novia —dije con voz átona.

—No era lo bastante fuerte. Lyra era una Beta. Una plebeya. Me pasé años viendo cómo tu reino se debilitaba mientras tú sufrías. Y después descubrí que Seraphina había ocupado su lugar. Una Omega. —Torció el labio—. Peor aún.

A través de nuestro vínculo sentía cada herida que aquellas palabras abrían en mi compañera. Toda una vida soportando el desprecio por su condición. Me entraron ganas de reducir a cenizas mi reino entero solo para vengarla.

Me volví hacia mi madre.

—Seraphina vale más de lo que tú valdrás jamás.

—Su existencia es una debilidad de la que intenté salvarte —dijo con desdén.

Me quedé helado por dentro.

—No. —Di un paso hacia ella—. Su existencia me salvó la vida. Me atendió cuando nadie más podía y ahora me ha curado. Con su propia sangre de Omega.

Mi madre sacudió la cabeza, pero yo no había terminado.

—Te pasaste años diciéndome que un gobernante no puede amar y proteger a la vez. Te equivocabas. El amor es lo que me dio fuerzas para protegerlos, y el amor es lo que me ha curado.

Se me quedó mirando.

—¿Condenarías a tu propia madre?

—Te has condenado tú misma. —Me volví hacia los guardias—. Llevadla a las mazmorras.

Mi madre se irguió; su poder Alfa estalló e hizo vacilar a los guardias.

—Alaric...

—La reina viuda Arabella Rexian queda despojada de todos sus títulos y privilegios. Pasará el resto de su vida encarcelada por el asesinato de Lyra Vane, el intento de asesinato de Seraphina Rexian, conspiración contra la corona y traición.

Liberé una descarga de mi propio poder, mucho más fuerte ahora. Devoró el poder de mi madre y lo anuló por completo.

Dos guardias la sujetaron por los brazos. Sus ojos permanecieron clavados en los míos.

—Todo lo que hice fue por ti.

Le creí. Eso era casi lo peor de todo.

—Lo sé.

Los observé mientras se la llevaban y sentí que el corazón se me resquebrajaba. Me tembló la voz al hablar y, por un instante, no fui un rey, sino un hijo desconsolado.

—Y por eso jamás te perdonaré.

Las puertas se cerraron tras ella. El silencio cayó sobre la corte.

—Permitidme presentaros de nuevo a mi esposa y compañera —dije a los nobles allí reunidos—. Seraphina Rexian. Y a nuestro hijo, Noah Rexian. A partir de hoy se les tratará con el máximo respeto, o tendréis que responder ante mí.

Solté mi poder sin contención y la corte real reunida se arrodilló ante su reina y su príncipe, con las gargantas expuestas en señal de sumisión. Nadie se resistió ni se atrevió a faltarle el respeto a mi compañera. Nadie volvería a hacerlo jamás, o tendría que responder ante mí.

La mano de Seraphina buscó la mía. En el instante en que nuestros dedos se entrelazaron, una calidez recorrió el vínculo.

«Estoy aquí».

Le apreté la mano. Por primera vez desde que me convertí en rey, no me sentí solo de pie en mi sala del trono. Tenía a mi compañera a mi lado, mi hijo estaba vivo y la oscuridad que nos había perseguido durante años había terminado por fin.