La Novia Cautiva (Mafia Lords of Sin 14) 34. Rose
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34. Rose

ROSE

—Beatie… —Mi corazón late con fuerza, como un conejo que lucha frenéticamente por escapar de mi pecho, y los nudos de mi estómago se aprietan aún más mientras levanto ambas manos—. Beatie… baja el cuchillo.

—Todo este tiempo —gruñe Beatie mientras las lágrimas asoman a sus ojos—.

Todo el maldito tiempo que mamá, papá y yo estuvimos con ellos, sufriendo por todo lo que nos hacían, ¡tú estabas aquí!

¡Estabas aquí, en esta puta casa enorme, tratada como una princesa!

¡Todo este tiempo has estado a salvo! ¡Atendida a cuerpo de rey, protegida por guardias y gente que no se atrevería a levantarte la mano!

Se lanza hacia delante con el cuchillo extendido y yo retrocedo de un salto, asustada. —¡Beatie, por favor!

—¡¿Cómo has podido hacernos esto?! ¡Se suponía que tenías que ayudarnos! ¡Se suponía que tenías que salvarnos!

—¡Por favor, baja el cuchillo!

—¡No! —Su voz sube de tono y se quiebra—. Él tenía razón sobre ti. No te importamos. ¡Nunca te hemos importado! ¡Lo único que te ha importado siempre eres tú misma!

—¿Qué? ¡Beatie, eso no es verdad! ¡Todo lo que he hecho, todo lo que he estado haciendo, ha sido para manteneros a salvo!

—¡¿A salvo?! —Vuelve a avanzar—. ¿Crees que parezco a salvo?

¡Me abandonaste, Rose! Me dejaste sola y tengo que proteger a mamá.

Y luego papá nos dejó tiradas y me di cuenta de que nadie vendría a por mí.

Nadie se preocupaba por mí. Nadie nos iba a proteger a mamá y a mí, ¡así que tuve que dar el paso y hacerlo yo!

¡Y ahora la única forma que tengo de conseguir la dosis que necesito y salvarla es matándote a ti!

—Beatie suelta una carcajada débil—. Pensé que sería difícil.

Pensé que me estaba pidiendo algo imposible, pero mírate.

Mira la vida que llevas aquí. Te ha importado todo una mierda, ¿verdad?

El cuchillo de carne brilla bajo la luz y me quedo paralizada mientras de sus labios brotan palabras que ni siquiera parecen de Beatie.

¿Cómo puede pensar que no me importa?

¿Cómo puede estar ahí parada gritándome eso como si no me hubiera estado matando intentando salvar a mi familia?

—¿Rose? —La repentina aparición de Calvin en la cocina es como una chispa que enciende una mecha.

Su voz hace que Beatie se sobresalte y él no ve el cuchillo hasta que Beatie se lanza sobre mí con un grito furioso.

—¡Beatie! —Me cubro la cara con los brazos para protegerme, pero el golpe no llega.

—¡Rose! —El grito de Calvin desgarra el aire, seguido de inmediato por un chillido de Beatie.

Bajo los brazos y veo cómo sus brazos y piernas se agitan en el aire mientras Calvin la levanta.

La comprensión de que Beatie está armada cruza el rostro de Calvin con tal alarma que el corazón se me cae a los pies.

Beatie se retuerce como una serpiente en sus brazos.

Entonces el cuchillo desaparece y el rostro de Calvin palidece de inmediato. Deja de moverse y, poco a poco, afloja el agarre sobre Beatie.

Al caer, ella tropieza hacia atrás, con las manos aún aferradas al mango del cuchillo, cuya hoja ha quedado clavada profundamente en las entrañas de Calvin, a la altura de las costillas.

—¡Calvin!

Beatie levanta sus ojos llorosos, me mira y entonces gira el cuchillo.

El gruñido de dolor de Calvin no es nada comparado con el grito que surge de él o el alarido de pánico que sale de mí cuando ella arranca la hoja y Calvin se desploma en el suelo.

—¡No! —Sin pensarlo, me lanzo hacia delante y caigo de rodillas con fuerza sobre las baldosas, presionando con ambas manos la herida abierta mientras Calvin se desmorona. Beatie retrocede tambaleándose y tropieza consigo misma, casi como si no pudiera creer lo que ha hecho.

—¡Calvin! ¡Dios mío, Dios mío! —Levanto la cabeza y miro con furia a mi hermana—. ¡Ve a buscar ayuda!

Ella no se mueve. Se queda allí con los ojos como platos y las lágrimas recorriendo sus mejillas pálidas, sujetando el cuchillo con fuerza. La sangre gotea de la hoja y mancha el suelo, pero no es nada comparado con el rápido pulso de sangre contra mis palmas que brota de las heridas de Calvin.

—¡Beatie! —Grito su nombre y ella parpadea—. ¡Busca ayuda!

—Dijo que sería fácil —murmura Beatie, con los ojos clavados en la figura de Calvin que se retuerce—. Dijo… que sería como cortar pollo. Que tendría que hacerlo una vez y luego soltaría a mamá.

—¡¿Qué?!

—Dijo que sería fácil —repite en voz baja.

—¿Calvin? Dios mío, por favor no te mueras. ¡Por favor, no te mueras, joder! —Me inclino sobre él y uso todo mi peso para cubrir la herida con toda la presión que puedo—. ¡No sé qué hacer, joder!

—Tú… —grazna Calvin, pero tiene los párpados pesados y cada parpadeo parece una lucha consigo mismo para no perder el conocimiento—. Mantén la presión —logra decir.

—Presión. Puedo presionar. —Vuelvo a levantar la cabeza—. ¡Beatie, por lo que más quieras, ve a buscar a alguien!

—Me abandonaste —lloriquea Beatie—. Me dejaste completamente sola.

—¡No! —le grito—. ¡No te abandoné! ¿Por qué sigues diciendo eso?

¿Es que no viste todo lo que hice para mantenerte a salvo?

Mientras tú y mamá estabais tranquilas en esa habitación del fondo, ¿sabes lo que estaba haciendo yo?

Me estaba follando a esos cabrones para mantenerlos distraídos y lejos de vosotras.

Estaba haciendo todo, todo lo que podía para dar tiempo a papá y manteneros a salvo a ti y a mamá, ¡porque no había nadie más! ¡Y luego, básicamente, me vendieron!

—No —solloza Beatie—. Eso no es verdad.

—¡Es verdad! Me casaron con Kon para poder matarlo y un montón de cosas más, ¡y lo hice porque se suponía que así estarías a salvo! ¡Se suponía que os mantendría a todos a salvo!

Calvin emite un borboteo debajo de mí y su cuerpo sufre un espasmo mientras las lágrimas corren por mis mejillas y Beatie me mira como si no terminara de verme.

—Te fuiste y te casaste. Viniste aquí y tuviste una buena vida. Nos abandonaste.

—No, Beatie.

—¡Nos abandonaste!

—¡No lo hice! ¡No me fui de la forma que tú crees! ¿Quién te ha dicho eso? ¿Ha sido Mathew?

La muñeca de Beatie se flexiona ligeramente mientras aprieta el cuchillo con más fuerza.

—Ha sido él, ¿verdad? ¿Ha sido también ese cabrón el que te clavó la primera aguja en el brazo?

—Ayuda —murmura Beatie—. Me hace sentir más segura y más arropada de lo que tú lo hiciste nunca.

—¡Ah, por el amor de Dios, Beatie! —La frustración y el miedo chocan con la ira y, durante unos segundos, me siento asquerosamente abrumada por no saber qué hacer.

La sangre que late contra mis palmas no se detiene, pero Calvin ya no se mueve tanto.

Beatie sigue con el cuchillo en la mano, una amenaza constante si decide lanzarse contra mí, y de alguna manera nadie nos ha oído gritar.

Calvin sí que dijo que la finca estaba más tranquila hoy.

—Beatie, escúchame. Esto no es lo que crees, ¿vale?

No estoy enfadada contigo porque no sabes lo que haces, ¿de acuerdo?

Sé que piensas que es lo mejor porque eso es lo que él te ha dicho, y todas las drogas que tienes en el cuerpo probablemente me hagan parecer la peor hermana del mundo.

Pero te prometo que nunca te abandoné. Todo lo que he estado haciendo aquí ha sido para protegerte a ti y a mamá.

—¿Entonces por qué no volviste?

—Porque… joder. Porque Mathew me engañó y me retuvo aquí con las mismas mentiras que probablemente te ha contado a ti.

Ha sido él, ¿verdad? ¿Te dijo que me mataras y que eso salvaría a mamá?

Pues a mí me dijo que venir aquí y tener el hijo de Kon os salvaría a ti y a mamá, y mírate, Beatie. No estás a salvo en absoluto.

Su mirada perdida baja lentamente hacia el cuchillo y luego vuelve a subir hacia mí. —Mientes. Él me quiere.

—¡¿Qué?!

—Él me quiere. Me lo dijo.

—Tienes quince putos años, Beatie. ¡No te quiere, te está manipulando y usando porque lleva meses torturándonos a todos y no sabemos nada mejor!

—¡Mientes! —La rabia desbloquea algo en ella y, de repente, arremete contra mí con el cuchillo, obligándome a abandonar a Calvin para evitar una puñalada en el cuello.

Retrocedo a rastras y mis manos mojadas y manchadas de sangre resbalan en las baldosas, pero consigo poner algo de distancia entre nosotras.

Beatie vuelve a arremeter contra mí mientras me pongo de pie a toda prisa y la esquivo por poco con un giro del cuerpo.

Eso hace que choque contra la olla de la sopa y la vuelque, haciendo que el caldo y la sopa caigan en cascada por todo el horno, la encimera y luego el suelo.

—¡Beatie, para!

Vuelve a por mí y levanto el brazo; entonces grito cuando la hoja me corta el antebrazo y roza el codo.

La sangre, caliente y espesa, me corre por el brazo mientras ella vuelve a mover la mano e intenta apuñalarme una vez más.

El pánico se apodera de mí y le agarro la muñeca, girándola con todas mis fuerzas; ella suelta un chillido de dolor antes de que el cuchillo resbale de entre sus dedos.

Mientras la hoja tintinea contra el suelo, la empujo contra la encimera y la inmovilizo con mi propio cuerpo.

—¡Te odio! —grita Beatie mientras la rodeo con ambos brazos por detrás y le pego los brazos al torso—. ¡Te odio! ¡Te odio!

—No, no me odias —jadeo—. ¡No sabes lo que estás diciendo!

Beatie echa la cabeza hacia atrás y su cráneo choca contra mi boca.

Un dolor agudo me recorre el labio inferior, donde mis propios dientes me han cortado, pero el dolor se desvanece a medida que la adrenalina sube y no la suelto.

Juntas, luchamos por alejarnos de la encimera y sigo sujetándola con todas mis fuerzas.

—¡No me odias! —Aprieto más mi abrazo—. Estás asustada y no piensas con claridad, y lo entiendo, Beatie. De verdad. Hemos pasado por un infierno, pero ¡no pasa nada! Ya estás bien. Estás aquí conmigo y voy a arreglar las cosas. ¡Siento muchísimo no haber vuelto nunca!

—¡Te o-odio! —solloza Beatie mientras deja poco a poco de luchar y se desploma en mis brazos—. ¡Te odio tanto!

—Lo sé, cariño. ¡Lo sé!

—Odio todo… —Sus sollozos son intensos y rápidos, ahogándola con cada respiración desesperada, y finalmente deja de moverse—. S-Solo quería salvar a mamá porque nadie volvió a por nosotras. No quería ser otra persona más que se marchaba.

—Lo sé. Lo sé. No pasa nada. No pasa nada. Te prometo que la ayudaremos. Te lo prometo.

—Va a ser demasiado tarde —llora Beatie mientras, con lentitud y cautela, relajo los brazos. Beatie se gira para mirarme y se me rompe el corazón al ver la angustia y confusión grabadas en su rostro como una cicatriz—. Va a ser demasiado tarde.

—No. No, no lo será. —Le acaricio la mejilla manchada de lágrimas—. ¿Sabes dónde está? ¿Te pidió Mathew que te reunieras con él en algún sitio?

Ella asiente. —P-Pero solo me dio un día.

—¿Un día?

—Dijo… —Hipo bruscamente—. Dijo que cuando descubrieran quién soy, solo tendría un día. Ha pasado más tiempo.

Mierda.

—Vale. Vale, primero tengo que… ¡Calvin! —Vuelvo a caer de rodillas junto a él, pero cuando pongo la mano sobre su camisa empapada en sangre, él me agarra el codo y me aparta.

—Vete —consigue decir con voz débil.

—¡No voy a dejarte aquí!

—B-Busca a… Kon —jadea—. Kon… él… b-búscalo… —Sus ojos parpadean por última vez y su mano resbala de mi codo. El brazo cae inerte a su costado.

—¡¿Calvin?! —Me abalanzo sobre él y lo agarro por los hombros—. ¡Calvin!

No responde.

—¿E-Está muerto? —pregunta Beatie a mis espaldas, con la voz pastosa—. No… no…

—No —digo rápidamente—. Solo está… está cansado.

No lo sé. No puedo saberlo. Hay tanta sangre mezclada entre los dos que no tengo ni idea de si está vivo o no, pero la palidez de su piel y la enorme cantidad de sangre que mancha el suelo me empujan hacia la terrible verdad.

¿Qué dirá Kon si le digo que mi hermana, en un ataque de miedo o psicosis o lo que sea esta mierda, ha matado a Calvin?

Todo esto es culpa mía. Todo lo que toco se desmorona.

Me pongo en pie lentamente y finalmente hago una mueca de dolor cuando el corte del brazo llega a mi conciencia.

—¿Rose? —Beatie me sigue mientras corro hacia el armario, cojo un paño de cocina y me envuelvo el brazo.

—Beatie. —Me giro para mirarla y los nudos imposibles de mi estómago se aprietan más ante su expresión aturdida—. No pasa nada. Todo va a salir bien. Voy a arreglarlo. ¿Puedes llevarme hasta mamá?

Beatie me mira fijamente. —¿Qué?

—Llévame con mamá. Te lo prometo, todo va a salir bien.