La Novia Cautiva (Mafia Lords of Sin 14) 30. Rose
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30. Rose

ROSE

Me quedo al lado de Beatie durante un día entero.

Ni una sola vez se despierta.

Su desgreñado pelo castaño se extiende sobre la almohada, más ordenado ahora después de que yo pasara una hora peinando con cuidado todos los enredos.

Su rostro demacrado no se mueve, ni siquiera cuando le tomo la mano o le beso la mejilla.

Se parece exactamente a ella y, aun así, parece como si alguien la hubiera dibujado de memoria.

Todo en ella sigue ahí y, sin embargo, se ve... mal.

Delgada. Demacrada. Unas manchas salpican su piel y las marcas de las agujas en su carne me desgarran el corazón.

—¿Cómo ha pasado esto? —susurro entre lágrimas mientras la débil luz del sol se filtra a través de la cortina de la ventana—. ¿Cómo hemos llegado a esto?

Calvin está de pie cerca de la puerta, pero no tiene una respuesta para mí.

Se ha quedado conmigo mientras los médicos atendían a Beatie, aguardó cuando Kon vino a verme y los médicos me dijeron que Beatie estaba drogada con heroína, y se quedó conmigo cuando algo hizo que Kon tuviera que marcharse.

Me he negado a separarme del lado de Beatie.

—¿Cómo? —Alzo mis ojos llenos de lágrimas hacia Calvin—. Todo lo que he hecho, todo lo que he estado haciendo ha sido para salvarla. Es mi hermana pequeña. ¿Es esto...? —Me incorporo de repente al sentir un ahogo en la garganta—. ¿Es culpa mía? He tardado demasiado y ellos... le han hecho esto...

—No —afirma Calvin con firmeza—. Rose, esto no es culpa tuya.

—¿No lo es?

—En absoluto. No puedes pensar así.

La rabia se entrelaza con mi dolor y aprieto con más fuerza la mano de Beatie. —¿Entonces cómo se supone que debo pensar, Calvin? ¡Beatie no está a salvo! ¡No está bien! ¡Todo lo que hice fue para salvarla y mírala! ¡¿Cómo puedes estar ahí parado y decirme que esto no es culpa mía?!

—Porque eres tan víctima como ella —responde Calvin en voz baja—.

No puedo... imaginar qué le ha pasado porque todavía no lo sabemos.

Pero lo sabremos. Y sé que ahora mismo esto te está causando mucho dolor, pero ella está aquí.

Está contigo ahora y Kon tiene el mejor equipo médico que el dinero puede pagar. Saldrá de esta. Lo hará.

Finalmente parpadeo y las lágrimas ruedan por mis mejillas. —¿Pero qué hay de mi madre? ¿Dónde está?

Calvin no tiene respuesta para eso y se hace el silencio, así que me vuelvo de nuevo hacia mi hermana.

Verla es a partes iguales un alivio y un suplicio.

Todo se agita en mi pecho formando una nube y rezo para que se despierte y me diga que todo está bien.

Pero no lo hace.

Sigue dormida, y Calvin acaba convenciéndome para que me aparte de su lado y coma algo.

Utiliza al bebé para convencerme, así que lo sigo por la mansión hasta la cocina.

Kon está allí.

Está apoyado en una de las encimeras con una taza de café en la mano, pero a juzgar por la falta de vapor, no se lo ha bebido y lo ha preparado hace tiempo.

Verle inunda mi pecho de calidez, pero hay una tensión en su rostro que me hace vacilar.

—Rose. —Sus ojos se clavan en mí de inmediato—. ¿Cómo está Beatie?

No puedo pensar. No puedo empezar a urdir una mentira para explicar cómo demonios ha pasado esto porque, cuando Beatie despierte, la verdad podría brotar directamente de sus labios.

—Sigue dormida —murmuro mientras me acerco a él—.

No se ha movido. No se ha despertado. No ha hecho nada.

—Al llegar a su lado, le toco el brazo y Kon lleva su mano a mi mejilla.

En el momento en que su palma acaricia el lado de mi cara, todas mis fuerzas casi se desvanecen.

Quiero hundirme en sus brazos y simplemente existir allí un rato, pero para mi sorpresa, se aparta de mí y se dirige a la encimera opuesta, donde hay varias verduras en distintas fases de preparación.

Deja la taza y coge el cuchillo. —Lo siento, Rose.

—No es culpa tuya —susurro, limpiándome el cansancio de los ojos—. Yo no... no entiendo qué está pasando.

—Yo tampoco. —Los hombros de Kon se elevan ligeramente—. Ethan ha estado intentando contactar con tu madre y tu padre. Envió gente a su casa pero no había nadie allí. Nadie puede encontrar a tu hermano tampoco.

Mathew.

Ese hijo de puta.

Solo pensar en él es suficiente para que la bilis me suba por la garganta y trago rápido para obligarla a bajar.

Calvin se mueve a mi alrededor hacia la cafetera y empieza a preparar una jarra nueva, mientras en el aire resuena el clic constante del cuchillo de Kon picando las cebollas y los champiñones.

—No sé... —Se me corta la respiración y junto las manos—. No sé dónde podrían estar.

Kon asiente una vez. —¿Sabes tal vez por qué tu hermano, Mathew, estaría chantajeando a uno de mis generales?

Me quedo petrificada, con el corazón congelado en el pecho por una fracción de segundo, y solo vuelve a latir cuando una taza se le escurre a Calvin y choca contra la encimera.

Por suerte, no se rompe.

—¿Qué? —Mi voz no parece la mía.

Kon no se mueve. Tampoco me mira. Sigue picando.

—Antes de morir, el general Zangier confesó algunos hechos repugnantes sobre sí mismo, y esos hechos estaban siendo utilizados en su contra para obligarle a filtrar información sobre mí a otros.

A Mathew, concretamente. Así que te pregunto de nuevo, ¿sabes por qué tu hermano chantajearía a uno de mis generales?

¿Mathew... estaba chantajeando al general Zangier? ¿Pero por qué? ¿Qué ganaría él con algo así? Si estaba desesperado por obtener información sobre Kon y tenía una vía directa de comunicación por parte del general, ¿por qué demonios me envió aquí?

—No... no lo sé. —Mis ojos van de Kon a Calvin y viceversa—. No lo sé. No puede ser... ¿seguro que no estaba mintiendo?

—Yo también lo pensé —responde Kon—. Pero Ethan ha investigado en sus cuentas y sus mensajes, incluyendo los correos de voz guardados.

Le estaba enviando dinero a tu hermano e información, Rose.

Información que sospecho que acabó en manos de los italianos.

Quiero saber por qué. —Kon finalmente levanta la vista y hay un dolor silencioso en sus ojos—.

¿Por qué tu hermano chantajeaba a mi general?

¿Por qué tu hermana menor de edad trabaja en uno de mis clubes? ¿Por qué, Rose?

Estoy agotada. El estrés hace que mi corazón vuele a mil por hora y de repente me siento a la deriva en medio de la nada, sin nada que me salve de ahogarme. Tengo que mentir.

Hasta que no sepa dónde está mi madre, tengo que mentir, pero mis pensamientos se atropellan y no me sale nada.

—Rose. —La voz suave de Calvin interrumpe mis caóticos pensamientos—. Tienes que decirle la verdad.

Kon se pone rígido de inmediato. —¿La verdad? —Mira a Calvin y la ira parpadea en sus ojos—. ¿Qué verdad?

Miro boquiabierta a Calvin, luchando por respirar, y mucho menos por hablar.

¿No creerá seriamente que decirle la verdad va a ayudarme aquí?

No cuando Kon acaba de pasar tiempo pidiéndome disculpas y haciendo todo lo posible para asegurar que Beatie sea atendida.

La verdad lo destruirá todo.

—Toda la verdad —continúa Calvin en voz baja.

—No —grazno yo, y Kon se estremece como si mi palabra le hubiera golpeado físicamente. El dolor me recorre el cuerpo y se asienta en mi pecho, así que alzo una mano y la presiono contra el esternón.

No tengo elección.

En el fondo, lo sé.

Mentí, maquiné y dejé que pasara todo esto porque estaba protegiendo a mi familia.

Pero Beatie está arriba, hasta arriba de heroína, y está claro que lleva sufriendo mucho tiempo.

No he salvado a nadie.

—Yo... Konstantin... lo siento mucho.

Kon está rígido como una tabla y la fuerza con la que golpea el cuchillo se duplica, pero no habla.

Mira hacia abajo como si centrara toda su confusión y rabia en las verduras en un intento de mantenerse fiel a su palabra.

Sin reacción, sin explicación.

—Mathew... no es mi hermano. Es mi captor. —Las palabras flotan pesadamente en el aire mientras el cuchillo de Kon se detiene brevemente, luego reanuda la tarea como dándome espacio para hablar.

Joder.

¿Qué otra opción tengo?

—Hace poco más de un año, las deudas de juego de mi padre nos lo quitaron todo.

Perdimos nuestras casas, nuestro dinero...

todo. Y las personas a las que mi padre debía dinero eran los hermanos Vasiliev.

Nos llevaron a mí, a mi hermana y a mi madre y ellos...

nos torturaron para obligar a mi padre a pagar.

Bueno... me torturaron a mí porque estaba haciendo todo lo posible para proteger a mi madre y a mi hermana.

Me golpearon, me violaron, me mataron de hambre...

todo era un juego para ellos. Y al final, mi padre no pudo pagar.

No sé cuánto lo intentó, pero no pudo sacar dinero de ninguna parte, así que iban a vendernos.

Calvin da medio paso hacia mí, pero no sé si es porque quiere consolarme o si está anticipando la necesidad de interponerse entre Kon y yo.

—Iban a venderme hasta que apareciste tú, Konstantin.

Oyeron hablar de tu búsqueda de esposa y les pareció alarmantemente perfecto que estuvieras buscando una novia de una familia pequeña porque eso encajaba perfectamente con nosotros.

Nunca entendí cómo pudo concertar una reunión entre tú y mi p-padre, pero si estaba chantajeando a ese general, supongo que así fue como lo hizo.

Kon vuelve a dejar de picar por un momento, y luego continúa.

Ahora que he empezado, las palabras no se detienen. Es como si el dique hubiera reventado y las palabras salen cada vez más rápido.

—Eras un problema para ellos. Te odiaban porque dominabas el mercado y tienes más poder del que ellos podrían soñar.

Estaban desesperados por hundirte porque estaban seguros de que eso los catapultaría a la cima, pero sabían que no podían ganarte por la fuerza.

Así que... me usaron. Yo iba a ser su plan.

Kon de repente suelta el cuchillo, levanta la tabla de cortar y cruza la cocina hacia los fogones, donde recoge las verduras picadas y las echa en la olla.

Su silencio es aterrador y entrelazo las manos, clavándome las uñas en los nudillos.

—Querían que me casara contigo y me q-quedara embarazada. Luego usarían a ese bebé para controlarte y conseguir lo que querían. Yo tenía que hacer eso y, a cambio, no le harían daño a mi familia. Al f-final iba a ser un intercambio. Un bebé por m-mi familia.

A pesar del escozor en la garganta y el peso tras mis ojos, no lloro. Dejar escapar una lágrima me parece imposible, y quiero ver venir a Kon cuando seguramente estalle.

—No debía ena-enamorarme —susurro—. No debía hacer nada más que quedarme embarazada. P-pero ahora Beatie está arriba y ni siquiera sé si está viva, y no sé dónde están mi madre o mi padre y todo está... simplemente...

El rostro serio de Calvin se tensa mientras mira hacia Kon, quien sigue concentrado en la olla y las verduras que está echando en ella.

El silencio persiste.

No me mira. No habla. Ni siquiera emite un sonido. Solo trabaja, y de alguna manera eso me rompe el corazón más de lo que lo haría la rabia.

—¿Kon? —jadeo mientras cada parte de mí empieza a temblar—. Kon... di algo. Por favor.