La noche en que ardió el Guernica Epílogo
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Epílogo

Si echáramos un vistazo ahora, podríamos verlos paseando entre los cerezos en flor que anuncian la llegada de la primavera.

Ya con canas, con el peso de toda una vida a sus espaldas, pero todavía con ese amor intacto, el mismo que se enfrentó al paso del tiempo, a la distancia y a todos los obstáculos que encontraron en el camino.

No fueron pocos, pero supieron sortearlos con esa fuerza desmedida con la que siempre se amaron. Hasta el final.

Todavía lucen con orgullo las alianzas con las que, hace tanto, se prometieron. Alma no volvió a leer el tarot. No le hizo falta. Todas las respuestas cobraban vida frente a sus ojos al mirar a Eric.

Sus labios, ahora agrietados, siguen buscándose al apagar la luz. Y, cuando se encuentran, sienten que aún les queda todo el tiempo del mundo por delante. Porque la vida se acaba, pero la eternidad es infinita.

Y, cada 13 de febrero, el Guernica vuelve a arder.