La noche de los secretos (Trilogía de la Noche 2)
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Prólogo
Dentro de una de las elegantes residencias que se alinean a ambos lados de una empinada cuesta, Daniela remueve con desgana una taza de té ya frío.
Sus pensamientos se aglomeran en un torbellino de inquietud.
Emma no ha vuelto a casa. Es la primera vez que su hija, siempre puntual, incumple el acuerdo de avisar en caso de retraso.
Hasta ahora, no había fallado. Por eso Daniela no puede evitar ponerse en lo peor.
Se levanta de la mesa y cruza el amplio salón.
Las cortinas de lino, de tonos sutiles, se mecen suavemente ante la ventana que da al oscuro mar, movidas por un soplo de aire frío que se cuela por alguna grieta.
Ha revisado el móvil al menos veinte veces en la última hora esperando ansiosamente un mensaje, una llamada perdida, cualquier señal que apacigüe el punzante dolor que le retuerce el estómago.
Un sonido apagado irrumpe en sus pensamientos.
El timbre no ha sonado, pero algo o alguien se encuentra cerca; está segura de ello.
Se sobresalta y se aproxima a la puerta con cautela, procurando no hacer crujir el parquet.
Con el ojo pegado a la mirilla, observa la oscuridad sin encontrar señal alguna.
Al abrir, la brisa nocturna le eriza la piel.
Por un instante, se había permitido la esperanza de encontrar ahí a su hija, aunque estuviera ebria; después de todo, es una adolescente.
Pero eso no sucede: la puerta se abre a la nada.
Cuando está a punto de convencerse de que todo ha sido fruto de su imaginación y gira ya sobre sus talones para regresar al interior, algo en el suelo capta su atención. Parpadea varias veces hasta distinguirlo con claridad. Es un sobre blanco que aguarda inmóvil como si esperase ser descubierto.
Las manos le tiemblan al recogerlo. Cierra la puerta de un golpe, conteniendo su miedo, y se apoya en ella. El sobre, cerrado y de papel grueso, parece contener el peso de una amenaza. Con sumo cuidado, rompe el borde y extrae una hoja doblada. Al desplegarla, el mundo se detiene.
Las palabras que encuentra mecanografiadas en la nota acaban de poner su vida patas arriba:
Tengo a Emma y a Álvaro. Si queréis volver a verlos con vida, tenéis que pagar un rescate. Doscientos cincuenta mil euros por familia.
Pronto recibiréis instrucciones para realizar el pago.
Si avisáis a la policía, lo sabré, y el trato se acabó.
Un saludo,
V UESTRO NUEVO AMIGO
El papel cae despacio al suelo mientras Daniela se tambalea y da pasos torpes hacia el sofá.
Su respiración se vuelve errática y sus pensamientos se sumergen en un caos que le impide asimilar lo que acaba de leer.
Un golpe de adrenalina la sacude; sus mejillas se enrojecen, está paralizada y no tiene capacidad para reaccionar.
Toma aire y se agacha para recoger la hoja, la despliega y la relee con la esperanza de descubrir, en una segunda mirada, que se trata de un malentendido.
Pero no es así.
La amenaza es tan real como el escalofrío que le recorre la espalda. Las palabras permanecen inamovibles, impresas en esa nota que tiembla entre sus dedos. La noche, que hasta hace poco se mostraba silenciosa, se colma ahora de un zumbido insoportable.
Un abismo acaba de abrirse bajo sus pies.