CAPÍTULO TREINTA
Kang y yo fuimos hasta la última dirección conocida de Chow. Habían desplegado un equipo táctico que se reuniría con nosotros allí. No teníamos ni idea de si era una dirección personal o literalmente el cuartel general de una red de contrabando. Necesitábamos refuerzos.
El apartamento de Chow estaba en un viejo edificio destartalado cerca de la esquina de Larkin y Austin Street, una zona al norte del Tenderloin. No era un barrio estupendo, pero tampoco era un desastre. Muchos barrios de San Francisco eran así de dispares.
De camino, leí en el teléfono un informe que Hansen había sacado sobre Chow.
—Aquí dice que lo arrestaron a los dieciséis años en Chinatown.
—Me sonaba ese nombre —dijo Kang—. Estaba investigando un homicidio en Chinatown cuando descubrimos una operación de juego bastante grande.
Esto fue hace unos cinco o seis años. El caso es que pillaron a un adolescente en la redada, se llamaba Chow.
Básicamente era el vigía de la banda, nada importante.
Recuerdo que hablé con él. Un chico callado, pero que se expresaba bien.
No parecía de los que se meten con las Tríadas.
—Podría ser la misma persona, pero hay muchos Chow. ¿Tenía un tatuaje de dragón?
—Que yo recuerde, no.
—Aquí dice que estuvo dos años en la Universidad de Stanford. Lo dejó. ¿Te sigue sonando?
—Puede ser. ¿Hay foto?
—Hay una foto de fichaje.
Incliné el teléfono para que Kang pudiera ver la foto de Chow.
—Es él. Qué lástima. Siempre pensé que si no se metía en líos llegaría a ser alguien.
—Y lo fue. Se convirtió en un delincuente.
La unidad táctica llegó antes que nosotros. El comandante al mando nos puso al día mientras Kang y yo nos poníamos los chalecos antibalas.
—Tengo un equipo apostado al pie de la escalera de incendios exterior —dijo—. Aparte de la entrada principal del edificio, no hay forma de salir si decide huir.
Subimos por las escaleras hasta el quinto piso. El equipo táctico iba en cabeza. Kang y yo cerrábamos la marcha. En el tercer piso, un anciano con pantalones chinos y un polo blanco apareció detrás de nosotros.
—Por favor, no me llenen esto de agujeros —dijo—. Ya vamos justos de presupuesto, y hay un montón de reparaciones pendientes.
—Señor, necesito que vuelva a su apartamento ahora mismo.
—Soy el administrador.
Me tendió la mano.
—Tome. Es la llave maestra de todos los apartamentos. Por favor, no echen la puerta abajo.
Le cogí la llave y volví a decirle que se fuera a su apartamento, cosa que hizo, aunque a regañadientes.
El equipo se colocó en posición frente al apartamento de Chow. Hice pasar la llave hasta el hombre de punta. Me miró y le hice un gesto de girar con la mano.
Dos minutos después, estábamos todos en un apartamento vacío. Ni rastro de Chow.
—Bueno, esto no es lo que esperábamos —dije.
—Unas veces se gana y otras se pierde —dijo el comandante—. Estaremos abajo si nos necesitan.
Él y su equipo salieron del apartamento mientras Kang y yo echábamos un vistazo.
Kang salió del dormitorio y volvió al salón, donde yo estaba. Negó con la cabeza, indicando que no había nada reseñable.
—Vive aquí, pero no parece que pase mucho tiempo en el apartamento.
—Aparte de condimentos, la nevera está vacía —añadí—. Y la pasta de dientes del baño parece que lleva tiempo sin usarse.
Los muebles parecían nuevos, probablemente todos comprados en Ikea. Medio esperaba encontrar muebles desparejados y envases de comida para llevar tirados por todas partes. No había nada de eso. Incluso el fregadero y las encimeras estaban libres de platos.
Nada indicaba a las claras que el apartamento fuera realmente de Chow: ni fotos ni objetos personales que pudieran identificarlo.
—¿Crees que este piso es siquiera suyo? —pregunté.
—Deberíamos preguntarle al administrador.
—¿Preguntarme qué?
Nos dimos la vuelta y allí estaba el hombre, en el umbral. Se puso a examinar la puerta en busca de daños.
—Soy la agente Kane. Este es el agente Kang. Somos del FBI.
—¿El FBI? ¿Qué hacen aquí? Soy el administrador y tengo derecho a saberlo.
—¿Su nombre?
—Swanson. Ed Swanson.
—Señor Swanson, ¿puede confirmar que un hombre llamado Darren Chow vive aquí?
—Así es.
—¿Cuándo fue la última vez que lo vio?
—Hace tiempo ya. Un par de semanas quizás, pero no me dedico a vigilar a todos los que entran y salen. No soy ese tipo de administrador, ¿sabe?
—¿Cuánto conoce al señor Chow?
Se encogió de hombros.
—Trato con él de vez en cuando.
—¿Vive solo? ¿Le visita alguna novia o algún amigo?
—Nunca lo vi con nadie. Va a lo suyo.
—¿Le ha dado algún problema? —preguntó Kang.
—Es un inquilino decente. Siempre paga el alquiler a tiempo. De hecho, tiene pagados tres meses por adelantado.
—¿Tiene coche, o lo ha visto conducir alguno? —pregunté.
—No. Además, aquí solo hay aparcamiento en la calle, así que podría tener uno y yo no haberlo visto nunca.
Le mostré a Swanson la foto policial que tenía en el móvil. —¿Es este el Sr. Chow?
Se inclinó para verla mejor. —Sí, es él, pero parece un poco más joven en la foto.
—Tenía dieciséis años cuando le hicieron la foto —dijo Kang—. ¿Ha cambiado mucho?
Swanson negó con la cabeza. —Está casi igual. ¿Le ha pasado algo?
—No podemos revelar detalles de una investigación en curso —respondí.
—¿Investigación? ¿Ha hecho algo malo? Tienen que decírmelo. Es mi responsabilidad mantener el edificio seguro para los demás residentes.
Le di mi tarjeta al administrador. —Llámeme si lo ve.
Cogió la tarjeta y se la metió en el bolsillo delantero del pantalón. —Bueno, ¿al menos debería decirle al tipo que el FBI lo anda buscando?
—Por su seguridad, no se acerque a él. Limítese a llamar.
Kang y yo bajamos. El equipo táctico seguía fuera del edificio. Les di las gracias por la ayuda y los dejé marchar.
—¿Quién paga el alquiler con tres meses de adelanto y luego apenas aparece por allí? —dijo Kang mientras cruzábamos la calle hacia su coche.
—Sí, es raro.
—Me pregunto... —Kang se quitó el chaleco—. Quizás la maleta sea suya, pero no tenga nada que ver con lo que pasó.
—¿Como si alguien se la hubiera pedido prestada?
—O quizás la tiró a la basura y alguien la recogió, o incluso pudo haberla vendido.
Reflexioné sobre lo que había dicho Kang. Era totalmente plausible.
—Deberíamos comprobar si Medina, Watts o Xiaolian lo reconocen —dijo Kang.