La niña de la maleta (Trilogía SG 1) (Thriller del FBI de Abby Kane 7) CAPÍTULO SEIS
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CAPÍTULO SEIS

—¡Eres tú! ¡De verdad eres tú!

—¿Sabes cuál es el problema con los dobles? —dije mientras me levantaba y rodeaba los escritorios para acercarme a él—. Todo el mundo cree que es un parecido exacto, excepto la persona con la que se compara… ¡Madre mía!

—¿Decías?

Le arrebaté el teléfono de la mano para verlo más de cerca.

No podía creerlo. Ya me habían enviado fotos antes, asegurando que habían encontrado a mi gemela, pero nunca pensé que hubieran dado en el clavo.

De hecho, a menudo me molestaba un poco porque esos «dobles» siempre parecían raros o desagradables o simplemente feos.

Dios mío. ¿De verdad es así como me veo? Como para volverse loca.

—No sé qué decir… Es como una mini yo.

—¿A que Sokolov dio en el clavo?

Su nariz.

Ese pelo negro.

Incluso sus ojos eran verdes como los míos.

Me asaltaron recuerdos de mi infancia mientras miraba el teléfono; era como verme a mí misma de niña. Claro que aún parecía una niña; no es que pareciera una versión adulta de mí, pero nadie podría pasar por alto la conexión.

—Qué mona. ¿Es tu hija?

El agente Oliver Hansen miraba la pantalla por encima de mi hombro.

Acababa de salir del horno de Quantico. Aunque solo llevaba siete meses en el trabajo, tenía una intuición callejera increíble y aprendía rápido.

También tenía siempre el aliento fresco.

Le había cogido cariño y a menudo lo involucraba a él y a su compañero en las investigaciones que supervisaba.

—No es mi hija.

—Espera, pensaba que tenías una hija. Juro que te oí mencionarlo.

—Tengo una hija, pero esta no es ella.

—Mi antiguo compañero en la policía de San Francisco me envió esta foto —intervino Kang—. La encontraron fuera de nuestras oficinas —señaló hacia una ventana—. Abandono de menor.

—Dios mío —dije—. Uno de los agentes del FPS de abajo me lo comentó. Esta debe de ser la niña de la que hablaba.

—¿No vio la conexión? Quiero decir, es bastante obvia —dijo Kang.

Negué con la cabeza.

—Dijo que cuando él llegó ya se habían llevado a la niña.

—¿Hablas del tipo que siempre hace filetes a la parrilla y ve fútbol americano los fines de semana?

—Sí, ¿por qué?

Kang se encogió de hombros.

—Nada.

—¿Qué? —fruncí el ceño.

—Solo me parece raro que haga lo mismo todos los fines de semana.

—Es temporada de fútbol americano. Miles de personas hacen esto todos los fines de semana.

—Solo digo. Ya sabes, en general. Podría variar un poco.

Miré a Hansen.

—¿Soy yo o lo que dice no tiene ningún sentido?

Hansen se encogió de hombros.

—Espera —dijo Kang—. ¿Cómo es que decir que alguien hace lo mismo todos los fines de semana no tiene sentido? Me parece bastante claro. Hansen, ¿no te parece bastante claro?

—Eh, bueno… Creo que los dos tenéis razón.

—Vamos. Elige un bando —Kang le guiñó un ojo—. Aquí no hay respuesta incorrecta.

—Podría haberla —redoblé la apuesta con una sonrisa de oreja a oreja.

—En ese caso, me pongo del lado de la agente especial adjunta al mando Abby Kane. Lo siento, agente Kang, ella le supera en rango —llamó a su compañero, el agente Patrick Pratt, para que viniera a ver la fotografía.

—Vaya. Sin duda es tu gemela —le dijo Pratt a Abby—. ¿Tienes alguna foto tuya a esa edad? Sería interesante ver la comparación.

Más agentes se fueron acercando para mirar boquiabiertos la foto. No estoy segura de quién lo dijo primero, pero al final todos empezamos a llamarla la Niña de la Maleta.

Inmersos en la conversación, ninguno de nosotros vio acercarse a nuestro jefe, el agente especial al mando Scott Reilly.

—¿Dónde está Kane?

—Aquí —asomé la cabeza desde el grupo.

—¡Tú y tu compañero! ¡A mi despacho! ¡Ahora!

Nunca es buena señal que me llame por el apellido .