La niña de la habitación número 11 22 Boscastle
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VEINTIDÓS

BOSCASTLE

Isak la miró confuso.

—¿A qué te refieres?

Sienna tragó, señaló la cabeza de James.

—Esto… me ha hecho recordar lo que ocurrió. Cuando Amelie cayó por el acantilado también estaba todo lleno de sangre.

—¿Por qué crees que fue cosa tuya?

—Porque es la verdad. —Suspiró—. Amelie vio a tu madre y a mi padre discutir.

Creyó que mi padre estaba agrediendo a la camarera.

Pero él solo intentaba convencerla de que su marido era quien había matado a todas aquellas chicas.

Ella se negó a escucharle así que él le arrancó el colgante.

Amelie creyó que la estaba agarrando del cuello.

Y como poco después tu madre desapareció, Amelie me contó que había visto a mi padre hacerle daño a la mujer desaparecida.

Me enfadé mucho con Amelie porque creía que estaba mintiendo.

Nos peleamos, ella salió corriendo, yo tras ella y entonces…

—Sienna se interrumpió, temblando, bajó la mirada—. Entonces la empujé.

Durante un instante reinó un silencio sepulcral hasta que Isak lo rompió.

—Eras una niña. No sabías lo que hacías. Estoy convencido de que no querías hacerle daño intencionadamente.

Sienna miró a Isak.

—Claro que no quería hacerle daño. Pero lo hice. Murió por mi culpa. Y por mi culpa sus padres lo pasaron tan mal. Además, la muerte de Amelie fue el detonante para que mi madre creyera que mi padre era un monstruo. Está muerto, lleva todos estos años muerto, por mi culpa.

Isak sacudió la cabeza.

—Hubiese muerto de todos modos. Sabía demasiado. Y si no lo hubiera hecho tu madre, lo hubiera hecho mi padre… Con la sangre fría que tenía ya se le hubiese ocurrido una manera.

Isak carraspeó.

—Aquí el único culpable de todo es mi padre.

Engañó a todo el mundo durante décadas, incluso a mi madre y a mí.

—Isak miró con cara de asco el cuerpo de su padre—.

Ese cabrón merecía morir, no como tu madre.

—En cuestión de segundos perdió la compostura—.

Dios mío —balbuceó—. La odié todos estos años, le deseé lo peor.

De repente, la vi, la reconocí al instante.

Perdí la cabeza. Intentó explicármelo todo, pero yo no la escuché.

La golpeé hasta que dejó de moverse. Y aunque sigo convencido de haber hecho lo correcto, el sentido de culpa me está matando.

Y más cuando te reconocí el otro día en comisaría.

Estabas tan triste. —Suspiró—. Y todo esto porque mi padre nos mintió a todos.

Cuando desapareció mi madre y murió Amelie, oí a tu madre y a mi padre hablar.

No lo oí todo, así que fui juntando las piezas a mi manera.

Al final, lo único importante para mí era que tu padre había matado a mi madre y que tanto la tuya como mi padre lo habían dejado irse de rositas.

En el caso de tu madre… con el tiempo comprendí que solo guardaba silencio para protegerse, al menos es lo que creí, hasta el punto de permitir que la ira se fuera apoderando de todo mi ser.

—Se acercó a Sienna, negó con la cabeza al ver que ella retrocedía asustada—.

No voy a hacerte daño, confía en mí. No tienes nada que temer.

—La cogió del brazo, la miró—. Ojalá pudiera dar marcha atrás en el tiempo.

Tu madre… debería seguir a tu lado, todos vosotros, toda tu familia, no os merecías todo lo malo que os ha ocurrido por culpa de mi padre.

—Isak parecía a punto de derrumbarse—. Y sé que no hay perdón para mí. Y, aun así, te pido que me perdones.

Sienna reflexionó, luego lo miró.

—Voy a necesitar algo de tiempo para eso.

—Esbozó una sonrisa llena de sufrimiento—.

Tanto tú como yo somos unas víctimas más de tu padre.

Estamos vivos, pero ¿a qué precio? —Miró a Isak—.

Lo mejor será llamar a la policía. Que se encarguen ellos de que todo el mundo se entere quién era tu padre y qué pasó realmente con toda esa gente.

Isak sacudió la cabeza, había pena en sus ojos.

—Me temo que a partir de aquí estás sola en esto. —Sacó el móvil, se lo entregó a Sienna—. La grabadora estaba en marcha. Desde casi el principio. Bastará para explicarle todo a la policía.

Sienna miró confundida a Isak.

—¿Qué significa eso? ¿Por qué estoy sola?

Isak suspiró, esbozó una sonrisa forzada. Luego levantó el arma, se encogió de hombros.

Sienna lo comprendió de golpe.

—¡No! —gritó—. Tú no eres como tu padre. Tú no mereces morir. Tienes familia, ¿no? ¡Piensa en ellos!

Isak asintió con la cabeza.

—Es lo que estoy haciendo. Mi esposa es la mujer más buena y justa que conozco.

Jamás quedaría a mi lado si supiera que he matado a una persona inocente.

Y siendo tan maravillosa como es, sufriría por abandonarme y hacerme daño.

Y mi hijo, un niño maravilloso, sí, necesita un padre, pero, por lo que le hice a tu madre, de todos modos, no podría estar con él durante mucho tiempo.

Así que lo mejor para todos es que le ponga fin a esto y pague ya por lo que he hecho.

Sienna señaló a James.

—Si ya lo has hecho. Hace mucho. Y mírame, yo también cargo con una culpa muy grande. Aun así, eso no me quita el derecho a seguir viviendo. Admitiré lo que hice, aprenderé a vivir con ello y de aquí en adelante seré mejor persona. Aún no es demasiado tarde, para ninguno de nosotros dos.

Isak ladeó la cabeza, sonrió.

—Te pareces mucho a tu madre —dijo con tristeza—. Esa fuerza, ese valor. Lo siento mucho. —Suspiró, luego todo transcurrió muy rápido.

Antes de ser consciente de lo que estaba pasando, Isak ya había metido el arma en la boca y disparado.

Pero en esta ocasión, a diferencia de con su padre, la imagen del cráneo destrozado no resultó tan aterradora. Sienna se vio invadida por un tristeza aplastante, como si aquel joven le hubiera sido muy cercano.

Tal vez así fuera, pensó, porque en el fondo, Isak, al igual que su madre, Serafina y ella misma, era un individuo marcado por la vida y el pasado, que tan solo había soñado con encontrar por fin la paz.

Quizás ahora la había encontrado por fin.