La niña de la esquina (Nora Vidal 5) Octubre
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La niña de la esquina (Nora Vidal 5)

La niña de la esquina (Nora Vidal 5)

Por Helena Montero

© inepub.com

Octubre

La niña del anorak azul bajó del autobús una parada antes de la suya.

La niña no fue hacia el mercado.

Se quedó en la esquina de la papelería, donde el escaparate enseñaba cuadernos de gusanillo, sacapuntas de hierro y plastilina ordenada por colores.

Dentro, la dueña forraba un libro con el celo colgado de la muñeca.

La niña llevaba la mochila con las dos correas puestas, como mandaba su padre, y el bonobús en el puño.

Salió una mujer con una bolsa de rafia. De la bolsa asomaba lana del color de las cosas lavadas muchas veces.

No iba sola. De una mano le colgaba un chico alto, de unos doce años, que andaba mirando el suelo.

De la otra, una niña pequeña con una trenza torcida, que apretaba contra el pecho un muñeco de trapo.

El muñeco había sido amarillo. Ya no se sabía.

El semáforo de la esquina se puso verde para los coches.

La mujer tiró de las dos manos y echó a andar pegada a las fachadas, deprisa y sin prisa, como andan las que llevan la compra, los niños y los años. El chico siguió con los ojos en el suelo.

La niña pequeña giró la cabeza.

La niña del anorak azul no se movió.

El muñeco subió despacio hasta la cara de la pequeña y se quedó allí, tapándole la boca.

Nadie gritó. Nadie corrió. Un claxon sonó dos calles más abajo, a otra cosa. La mujer dobló por la calle de la papelería sin soltar ninguna de las dos manos. El chico, antes de desaparecer, miró atrás una sola vez. No miró a la niña del anorak. Miró el tráfico.

La esquina se quedó como se quedan las esquinas: con gente que pasa.

La niña del anorak azul esperó los nueve minutos del siguiente autobús en la marquesina, leyendo tres veces el mismo cartel de unas rebajas que ya habían terminado. Subió. Picó el bono. Se sentó del lado de la ventanilla que no daba a la papelería.

En el colegio, aquella mañana, nadie le preguntó por qué llegaba veinte minutos tarde.

Hacía cincuenta y nueve días que en aquella casa las preguntas se hacían a otras horas y en otros despachos.

Capítulo 1