La Navidad que se detuvo Capítulo 20 El final #3
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Capítulo 20 El final #3

—Según las declaraciones del expediente, en ese momento usted estaba en el salón con sus hijos y la televisión encendida con un programa musical a un volumen considerable.

Con el ruido del televisor es muy probable que, si su marido llegó a pedir ayuda, lo hiciera con un hilo de voz tan apagado que resultaba imposible escucharlo.

¿Llegó a bajar el volumen o a apagar la tele en algún momento?

—No —admitió Elena en un susurro—. Además, al poco rato salí de la casa para buscarlo con los vecinos y no volví a entrar al salón hasa ya la madrugada , fue Margaret, una vecina, la que se quedó dentro cuidando de los niños...

Elena se interrumpió a sí misma al caer en la cuenta, abriendo los ojos de par en par.

—Pero la pobre Margaret padece una sordera bastante severa...

El forense asintió despacio, cerrando definitivamente la carpeta del caso.

—Ahí lo tiene, Elena. Incluso en el supuesto de que Joshua hubiese logrado articular un último hilo de voz muy tenue antes de perder el conocimiento, entre el estruendo de la televisión y la falta de audición de su vecina, era completamente imposible que alguien se diera cuenta.

Ha sido una desgracia absoluta, una cadena de fatalidades.

Puede estar tranquila: no estuvo en mano de nadie haberlo evitado.

El forense ya había cubierto el cuerpo y empezaba a empujarla lentamente para deslizarla de regreso al frío hueco de la pared.

—Espera —alcanzó a decir Elena.

El forense se detuvo. Elena dio dos pasos, extendió la mano y rozó la tela con la punta de los dedos, acariciándola suavemente como quien se despide para siempre.

—Dios mío, Joshua... ¿qué hiciste? —susurró en voz muy baja, para sí misma.

Elena miró a Mark y preguntó:

—¿Y ahora qué va a pasar?

—Creo que el más indicado para contestarte a eso es Mario —respondió Mark.

Mario dio un paso al frente y le habló con voz serena:

—El caso ya está cerrado, Elena. Tenemos todas las pruebas.

El ticket donde consta que Joshua compró un disfraz de Santa Claus ese mismo dia, el informe del forense que confirma que la muerte fue por asfixia, la escalera metálica que estaba junto al tejado, y su vecina, que al tener una deficiencia auditiva hace que fuera imposible que oyera nada si él llegó a gritar.

No hay un solo elemento que nos haga pensar en otra cosa que no sea un desgraciado accidente.

Por supuesto, no se preocupe: tramitaremos la confirmación del fallecimiento cuanto antes.

Sabemos que hay un seguro de vida y, por nuestra parte, no vamos a poner ninguna traba para que pueda cobrarlo.

Elena, con la mirada fija en la puerta tras la que se había cerrado la camilla, susurró con la voz quebrada:

—Ahora mismo lo que menos me importa es el dinero... Lo único que necesitaba era esta tranquilidad. La tranquilidad de saber qué ocurrió por fin y poder cerrar esta pesadilla.

Mario y Mark la acompañaron en silencio fuera de la morgue, subiendo en el ascensor hasta guiarla hacia la puerta principal de la comisaría. Una vez en el vestíbulo, al aire libre de la entrada, Mark la miró con preocupación.

—Elena... ¿quieres que te pida un taxi para volver a casa? Yo te lo pago.

—No —respondió ella, negando despacio con la cabeza—. Volveré dando un paseo. Necesito que me dé el aire.

Mark suspiró, la miró a los ojos con la pesadez de quien lleva una espina clavada demasiado tiempo y volvió a darle el pésame.

—Lo siento muchísimo, Elena. Y también... siento todo lo que te hice pasar durante la investigación.

Elena lo sostuvo con la mirada unos segundos, sintiendo el peso acumulado de tres años de sospechas injustas y dolor.

—El día del interrogatorio fuiste un cabrón —le dijo sin rodeos, pero sin rabia, solo con la aplastante sinceridad de la verdad.

—Lo sé —admitió Mark, agachando levemente la cabeza.

Elena no dijo nada más. Se dio la vuelta y empezó a caminar en soledad por las calles frías de Nueva York en ese 8 de enero.

Mario miró a Mark, sorprendido por la respuesta de Elena.

Mark, sin llegar a mirarle, dijo:

En todos estos años, todos los novatos que entran por la puerta de la comisaría se fijan en los veteranos; aprenden de nuestras andanzas y de todo lo que nos ha enseñado la experiencia.

Pero al final te das cuenta de que lo único que sé, es que aún no sé nada.

El problema de luchar tanto tiempo contra la oscuridad es que te acostumbras a no ver la luz, y terminas pensando que todo lo que te rodea es oscuridad…

..      Intenta no cometer mi mismo error, Mario.

Los dos se quedaron en silencio, mirando hacia la lejanía y contemplando cómo la figura de Elena se iba alejando despacio por aquella calle.

A su paso, mientras avanzaba  entre la multitud, vio a los operarios del Ayuntamiento subidos a sus grúas, desmontando lentamente el último alumbrado navideño de la ciudad, respiró hondo el aire helado.

Sintió que, por fin, la Navidad que se detuvo hacía dos años —aquella en la que se había quedado atrapada sin poder escapar— empezaba a dar paso al tiempo.

La pesadilla se desmontaba junto a los adornos, y el reloj de su vida volvía a avanzar.

FIN