El punto de no retorno
El momento más difícil no fue el inicio de la relación.
Tampoco el embarazo.
Ni siquiera el matrimonio.
Fue la decisión de cerrar una vida para poder abrir otra.
Salir de Colombia no fue un movimiento logístico.
Fue un proceso de despedida.
Empecé vendiendo mis cosas.
Luego organizando mi apartamento.
Después reduciendo mi vida a lo esencial.
Durante ese tiempo viví dos semanas en la casa de mi hermana con mis dos hijos. Era un espacio pequeño, transitorio, mientras todo lo demás se desarmaba.
Ahí entendí lo que significa realmente migrar.
No es cambiar de país.
Es desarmar una estructura de vida construida durante años.
El día que salimos de Colombia viajábamos con mis dos hijos.
Dos maletas.
Y lo necesario para empezar otra vida.
Mis hermanos me acompañaron al aeropuerto.
Recuerdo el silencio.
No el drama.
El silencio.
Ese tipo de silencio que aparece cuando ya no hay marcha atrás.
Era septiembre de 2013.
Ese fue el punto de partida.
Y también el punto de no retorno.
No porque no pudiera volver físicamente.
Sino porque algo dentro de mí ya había cambiado de lugar para siempre.