La mujer en mi casa 13
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—Tu madre ha salido. Voy a ayudarlas con los deberes.

Mi hermana y yo nos miramos sorprendidas. Veo mi miedo reflejado en sus ojos, su ceño fruncido el espejo del mío. ¿Adónde ha ido mamá? ¿Nos ha abandonado?

—De acuerdo —digo con cautela. Mi hermana va a buscar los libros a las mochilas y los trae a la mesa. Esta semana tenemos deberes de vocabulario. Una lista de diez palabras que aprender y que nos preguntarán al final de la semana.

—Palabras y sus significados —lee papá en el papel, despacio.

Se ríe, de repente.

—Mira esta. «¡Error!» ¿Saben lo que significa?

Mi hermana y yo nos miramos, desconcertadas por su sonrisa y la risa en su voz.

—Es cuando haces algo mal —dice mi hermana con cautela.

—Sí —dice. —Exacto. Es una equivocación. Algo que nunca tendría que haber ocurrido. ¿Se les ocurre algún ejemplo de error?

Cierro los ojos con fuerza y me concentro todo lo que puedo, esperando dar con una respuesta. Cuando nos pega, estoy segura de que eso está mal. Pero no es un error.

Pienso en otra cosa.

—Cuando tracé una raya en lugar de un círculo y tuve que borrarlo —digo triunfante.

Me mira.

—Sí, tú harías algo así de estúpido, ¿verdad? Eres una niña muy tonta.

Me quedo mirando mis pies.

—¿Y cuando mamá no fregó bien los platos? —dice mi hermana.

La miro, desconcertada. ¿Por qué mencionaría a mamá? Le estuvo gritando a mamá durante horas por aquello. No entiendo por qué quiere recordárselo.

—¡Sí! —dice. —Muy bien. —Le revuelve el pelo a mi hermana con brusquedad. Ella se encoge, pero por suerte él no se da cuenta. En cambio la levanta de la silla de golpe y la hace girar. Veo el miedo en sus ojos. Cree que la va a tirar al otro lado de la habitación.

Pero no lo hace. La deja en el suelo con suavidad. Ella está temblando.

—Su madre comete muchos errores. Todos los días. Cosas sencillas que ya debería saber hacer. Los platos. Lavar la ropa. El planchado. No es capaz de hacer nada bien. ¿Qué haría sin mí para corregirla? Me paso la vida intentando controlar a esa mujer tan estúpida.

Quiero defender a mamá. Decirle que si le parece tan horrible, que se vaya. Abro la boca y mi hermana me da una patada por debajo de la mesa. Fuerte.

—Pero ¿saben cuál fue el mayor error de su madre? —Está en racha, encantado del sonido de su propia voz.

—No —dice mi hermana. —¿Cuál fue?

—Tenerlas a ustedes dos, claro. —Papá se ríe a carcajadas.

Lo fulmino con la mirada. Mamá siempre decía que éramos sus pequeños milagros, no sus errores. Decía que fuimos una grata sorpresa, un regalo de Dios.

—Queríamos un hijo —continúa. —Pero en cambio tuvimos dos hijas. La vida no es justa, ¿verdad?