La mujer alfa: Una historia f/f en el omegaverso
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I
Estupendo.
◆◆◆
—Debe de ser porque yo no soy un hombre.
—¿Lo haces a menudo?
—De vez en cuando.
—¿Y las omegas lo aceptan?
—Siempre pregunto antes de empezar la sesión —contestó ella con calma. Janet entendió que ella la había silenciado antes de que pudiese pedir permiso—. Pero contigo no hizo falta. Tienes ese tatuaje justo debajo del trasero. Creí que sería una buena señal.
Janet enrojeció. Sí, aquella pequeña bandera lésbica había sido el resultado de una apuesta universitaria. Jamás pensó que acabaría sirviendo de señal para algo así.
Los brazos de la alfa la apretaron con fuerza contra su cuerpo, acomodándola hasta casi sentarla encima de ella.
—Puedo oler tu celo —murmuró con voz grave—. Está volviendo. Cabálgame.
Las mejillas de Janet ardieron, pero la venda en sus ojos le dio el valor que necesitaba. Con la guía firme de la alfa, pronto volvió a sentir aquella dureza penetrándola, llenándola por completo.
El ángulo era extraño, diferente a cuando usaba un strap con otras omegas, pero el instinto tomó las riendas. Sus caderas encontraron el ritmo, mientras las manos firmes de la alfa le ofrecían todo el apoyo que necesitaba.
—Debo decir que esta vista te favorece —jadeó la alfa con un deje febril—. No es que tu trasero en pompa fuese mala vista… pero tus tetas rebotando así… Dios, es hipnótico.
Las palabras encendieron aún más a Janet. En un impulso, buscó los pechos de la alfa con las manos, fingiendo que necesitaba apoyo. Ambas rieron ante lo absurdo de la excusa, pero la risa pronto se convirtió en gemidos cuando Janet aceleró el ritmo.
El cansancio empezaba a notarse, pero el celo le daba una resistencia que parecía infinita. Le gustaba esa posición, esa inversión de los papeles. Dejó que las feromonas de la alfa nublaran su mente y que sus halagos descarados la guiasen.
El orgasmo tardó en llegar, pero cuando finalmente lo hizo, fue acompañado de un nuevo anudamiento que la dejó rendida sobre el pecho de su alfa.
Tenían toda la noche por delante para saciar aquel fuego.
Sí, pensó Janet mientras el sueño empezaba a arrastrarla, haber ido al Club había sido una buena idea.