CAPÍTULO 18 El regreso a Vitoria #3
El Diputado General de Álava tomó la palabra para evocar los orígenes de la Hermandad de Álava, constituida en 1476 en las campas de Rivabellosa como una federación civil de municipios armados para proteger sus fueros y mercados frente a los desmanes de la nobleza feudal y los recaudadores reales.
«Nuestros antepasados aprendieron hace más de quinientos años que la única defensa contra la arbitrariedad de los grandes señores era la unión inquebrantable de la comunidad y el imperio de la ley propia», recordó el mandatario alavés firmando el protocolo con su estilográfica.
«Hoy este acuerdo firmado en Ajuria Enea renueva ese compromiso fundacional para el siglo veintiuno, sustituyendo las lanzas de los ballesteros por el rigor de la contabilidad forense».
—La Ley de Relaciones entre las Instituciones Comunes de la Comunidad Autónoma y los Órganos Forales de sus Territorios Históricos, nuestra veterana ley de 1983 —argumentó Ainara con aplomo indiscutible—, diseñó un sistema de pesos y contrapesos que ha demostrado su fortaleza histórica, pero que fue concebido en una época en la que el dinero se movía en maletines y pagarés de papel.
Hoy las transferencias ilícitas viajan a través de canales de liquidación instantánea respaldados por contratos inteligentes.
Si nuestras tres haciendas no armonizan sus protocolos informáticos con la Fiscalía Anticorrupción, seremos siempre el eslabón débil frente a los depredadores internacionales.
El Consejero de Economía y Hacienda intervino con cautela técnica, señalando la complejidad de armonizar las modificaciones con la normativa de armonización fiscal del Estado español. Sin embargo, el Lehendakari levantó la mano cortando cualquier objeción de gabinete:
—No hay nada que discutir ni dilatar, consejero.
La fiscal Zubiaga no solo ha salvado a las cooperativas de Mondragón y al Concierto de una catástrofe irreversible; nos ha señalado con clarividencia dónde estaban nuestros puntos ciegos.
Si queremos exigir respeto en Madrid y en Bruselas, debemos ser los más estrictos en nuestra propia casa. Asumimos el pacto en su integridad.
El Lehendakari contempló el retrato histórico de los comisionados forales que colgaba de la pared este del salón y compartió una confidencia íntima con los presentes.
Recordó las conversaciones que mantuvo en su juventud con Josu Zubiaga en los comités de empresa de las cooperativas del Alto Deba, cuando la reconversión industrial amenazaba con desmantelar los talleres mecánicos y la solidaridad comunitaria fue el único baluarte que mantuvo en pie a miles de familias trabajadoras.
«Josu entendía como nadie que el Concierto no era una cuestión de banqueros ni de letrados de postín, sino el pan de los hijos de los fundidores», murmuró el mandatario mirando a Ainara con un brillo húmedo en los ojos.
«Hoy su hija ha demostrado que aquella forja de dignidad sigue viva en cada palabra de nuestra fiscalía».
Los tres Diputados Generales asintieron con solemnidad unánime.
Uno tras otro, plasmaron su firma en el protocolo vinculante de transparencia foral que Ainara había redactado de su propio puño y letra en Donibane Garazi.
Aquel acto no era una simple declaración de intenciones; era el nuevo marco normativo que blindaría la soberanía tributaria vasca frente a los embates de la globalización financiera más rapaz.
Al término de la firma, el Lehendakari tomó a Ainara del brazo y la condujo hacia la galería acristalada que daba a los jardines traseros de la residencia oficial:
—Ainara... hay una última cuestión que debemos abordar.
El Consejo Fiscal General del Estado y el Gobierno Vasco han acordado proponerte formalmente para asumir la Jefatura Superior de la Fiscalía Anticorrupción de la Comunidad Autónoma, con sede en Bilbao y competencias especiales de coordinación tributaria transfronteriza con las fiscalías de Pau y Bayona.
Queremos que seas tú quien dirija esta nueva era de blindaje institucional.
Ainara contempló las ramas desnudas de los castaños meciéndose bajo el viento de Vitoria.
Pensó en su padre Josu, en las noches de estudio en la buhardilla de Bilbao y en los días de exilio en la muga pirenaica.
Sabía que aquel nombramiento conllevaba una responsabilidad colosal, pero también la certeza de que solo desde el corazón de la fiscalía podría garantizar que el sacrificio de tantas personas honestas no fuera dilapidado.
—Acepto la propuesta, señor Lehendakari —respondió ella con una sonrisa serena—. Con una sola condición: que la Fiscalía mantenga su independencia absoluta frente a cualquier intento de injerencia política, venga de donde venga. Mi único compromiso es con la verdad y con la ley.
Una copia autorizada del protocolo de transparencia fue rubricada por el secretario general de la Presidencia para ser remitida a los fondos del Archivo Histórico de Euskadi en Bilbao y al Parlamento Vasco, garantizando que el acuerdo foral quedara fijado en la memoria documental de las instituciones autonómicas para las generaciones venideras.
—Así será, Ainara —concluyó el Lehendakari con una leve inclinación de cabeza—. Mientras tú estés al frente de esa fiscalía, este país dormirá tranquilo.
♦ ♦ ♦
A las dos y media de la tarde, tras abandonar el recinto blindado de Ajuria Enea, Ainara Zubiaga caminaba en solitario por el Paseo de la Senda.
El sol de invierno comenzaba a descender hacia el oeste, proyectando sombras alargadas sobre la grava limpia del parque de la Florida.
A cincuenta metros de distancia, un vehículo camuflado de la escolta de la Ertzaintza mantenía un seguimiento discreto a velocidad de peatón, respetando la necesidad de la fiscal de tomar aire y ordenar sus pensamientos tras las tensiones de la mañana.
Bajo la marquesina de hierro forjado del quiosco de música de la Florida, la figura corpulenta y abrigada del inspector jefe Gorka Atxaga emergió de la penumbra.
El policía vasco vestía una gabardina impermeable de color tabaco y una bufanda de lana oscura, con las manos hundidas en los bolsillos y un cigarrillo apagado entre los labios.
Al ver aproximarse a Ainara, Atxaga esbozó una media sonrisa cansada pero afectuosa, arrojando el cigarrillo a una papelera de forja.
—Menuda ovación te han dedicado en el Parlamento, Ainara —dijo Atxaga con su voz ronca de fumador empedernido, estrechándole la mano con afecto fraternal—. Los escoltas de la puerta decían que no se escuchaban unos aplausos tan largos desde el debate de investidura del noventa.
—El Parlamento aplaude con facilidad cuando se siente aliviado de una pesadilla, Gorka —respondió Ainara, iniciando la marcha a su lado bajo los plátanos de sombra—.
Lo importante es lo que hemos firmado en Ajuria Enea.
El Lehendakari y los tres Diputados Generales han asumido el blindaje penal del Concierto sin pestañear.
Caminaron a paso lento hacia el centro histórico, alejándose del rumor del tráfico. Atxaga extrajo de su bolsillo interior una carpeta azul con el membrete de la División de Investigación Criminal de la Ertzaintza, entregándosela a Ainara mientras cruzaban el puente sobre las vías del ferrocarril:
—Aquí tienes el atestado final sobre la red de colaboradores locales en territorio vasco.
Tal como sospechábamos, Sylvain Deschamps y Kepa Arostegui no eran más que la punta del iceberg.
Hemos tomado declaración a catorce ejecutivos de consultoras financieras intermedias en Bilbao, Donostia y Vitoria que cobraban comisiones fiduciarias mensuales abonadas por Albion Capital a través de cuentas en Nicosia y Vaduz.
Ainara abrió la carpeta examinando las órdenes de procesamiento y las transcripciones de las declaraciones periciales.
Los documentos acreditaban que la trama había penetrado en despachos de asesoría fiscal de prestigio en la Gran Vía bilbaína, utilizando informes apócrifos para aconsejar a empresas medianas deslocalizar su sede fiscal a Cantabria o La Rioja bajo la falsa alarma de una inminente intervención comunitaria.
Mientras avanzaban bajo los tilos del paseo hacia los jardines del Obispo, Atxaga detalló el meticuloso trabajo de vaciado forense que los peritos de la Unidad Central de Inteligencia de la Ertzaintza estaban ejecutando sobre los discos duros incautados en la venta de Dantxarinea.
En las memorias de almacenamiento de los ordenadores portátiles de Patricia Hagen habían aparecido carpetas enteras con borradores de artículos de opinión y falsos informes de coyuntura macroeconómica listos para ser distribuidos a corresponsales de prensa económica en Fráncfort y Londres.
El plan contemplaba inundar los mercados financieros con titulares alarmistas que provocaran la retirada masiva de depósitos bancarios de las entidades financieras vascas y forzaran al Banco Central Europeo a suspender las líneas de liquidez a las cooperativas industriales.
El análisis pericial de los dispositivos de telecomunicación intervenidos en la casa de seguridad de Biarritz había revelado una red de enrutadores VPN cifrados y terminales de telefonía satelital conectadas a un centro de datos en Fráncfort.
Los técnicos de la Ertzaintza habían logrado reconstruir la cadena de comandos que coordinaba los ataques informáticos de denegación de servicio contra los servidores de la Hacienda Foral de Gipuzkoa, confirmando que los ciberataques no procedían de piratas informáticos aislados, sino de una unidad de guerra psicológica comercial financiada por Sorokin para simular una vulnerabilidad crítica en los sistemas tributarios del país.