CAPÍTULO 16 La vista en Luxemburgo #5
—No he sido yo sola, Mathieu —respondió ella con voz suave, envolviendo el vaso caliente con sus manos enguantadas—.
Eran las palabras de mi padre en la cocina de Durango; eran las horas que Miren Uriarte pasó revisando balances contables antes de que la asesinaran en Usategui; era el sacrificio de Isabelle en los muelles de Zeebrugge.
Si este tribunal hiciera añicos esa memoria para complacer a las cancillerías centrales, el proyecto europeo no tendría ningún futuro moral.
La ley debe servir para proteger a quienes trabajan y sostienen la comunidad, no para amparar el pillaje de los oligarcas que compran voluntades en los despachos.
A unos metros de distancia, Jan van der Berg hablaba por un teléfono satelital cifrado con el cuartel general de Europol en La Haya y con el inspector jefe Gorka Atxaga en Bilbao.
La pantalla de su tableta parpadeaba con confirmaciones operativas procedentes de las unidades de delitos económicos de media docena de países.
El veterano analista neerlandés se acercó a ellos con el ceño fruncido y una sonrisa satisfecha en la comisura de los labios: «El Lehendakari y el diputado general de Bizkaia están siguiendo la sesión en directo desde la sede de Lehendakaritza en Vitoria.
En las plantas de Fagor Ederlan en Eskoriatza y Arrasate han parado las líneas de mecanizado durante veinte minutos para escuchar por megafonía la retransmisión jurídica.
La gente en los valles sabe lo que nos estamos jugando aquí arriba».
Aquella conexión invisible entre las forjas del Deba y las moquetas de Luxemburgo erizó la piel de Ainara.
Mathieu guardó silencio unos instantes, mirando a través de la cristalera hacia las colinas nevadas del valle de Alzette.
Por primera vez en dos años, el peso asfixiante de la culpa que lo había torturado desde la muerte de Isabelle Laurent en el muelle petrolífero de Zeebrugge comenzaba a ceder en su pecho.
Isabelle no había muerto en vano; la trama de corrupción que ella había empezado a desenredar en los almacenes aduaneros del Mar del Norte estaba siendo desmantelada ante el tribunal supremo del continente.
Al mirar a Ainara, Mathieu comprendió que su viaje a través de la muga no era solo una misión policial de rescate institucional, sino la restitución de su propia fe en la decencia humana.
A las doce y veinticinco de la mañana, la campanilla del ujier mayor resonó con tres toques enérgicos que convocaron a las partes de regreso al estrado.
Las puertas de bronce se abrieron y la comitiva judicial volvió a ocupar sus posiciones bajo el dosel dorado.
Los quince magistrados mostraban semblantes impenetrables, pero la atmósfera procesal había cambiado de forma irreversible: la frialdad distante de la apertura había dejado paso a una gravedad solemne y concluyente.
El presidente Marc van der Meersch tomó asiento, colocó sobre la mesa el pliego encuadernado de la providencia judicial firmado por los quince jueces y carraspeó antes de dar lectura al fallo en francés oficial:
—La Gran Sala del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, reunida en audiencia extraordinaria en el asunto C-914/26, habiendo oído a las partes y a la Abogada General, y a la vista de las evidencias periciales aportadas por el Equipo Conjunto de Investigación Eurojust-OLAF que acreditan la manipulación fraudulenta de los antecedentes de hecho de la causa, declara:
El silencio en la sala era tan absoluto que se escuchaba el leve crujido de las togas de los letrados conteniendo la respiración:
—Primero: Se desestima íntegramente la solicitud de medidas cautelares de suspensión de fondos de cohesión deducida contra la Comunidad Autónoma del País Vasco y los Territorios Históricos de Bizkaia, Gipuzkoa y Álava, por carecer de base fáctica legítima y constituir una pretensión manifiestamente infundada.
—Segundo: Esta Corte ratifica de forma plena y vinculante la vigencia de la doctrina sentada en las sentencias de 11 de septiembre de 2008 (asuntos acumulados C-428/06 a C-434/06), confirmando que las normas forales tributarias dictadas por las Juntas Generales vascas en ejercicio de sus competencias históricas cumplen escrupulosamente con los requisitos de autonomía institucional, procedimental y económica, operando bajo el principio de riesgo unilateral exclusivo sin que quepa imputarles la condición de ayuda de Estado selectiva bajo el artículo 107. 1 del Tratado.
—Tercero: Se condena a las partes recurrentes al abono íntegro de las costas procesales causadas por temeridad y abuso de derecho, ordenándose la deducción de testimonio de particulares a la Fiscalía Europea (EPPO) y a las autoridades judiciales competentes para la depuración de las responsabilidades penales dimanantes del intento de falsificación procesal ante esta sede.
—Cuarto: Queda levantada la sesión.
El sonido seco del mazo del presidente sobre la madera noble retumbó en la Gran Sala como un trueno liberador.
Durante tres segundos, nadie se movió; luego, un estallido contenido de murmullos, abrazos y carreras de corresponsales hacia las cabinas de retransmisión rompió la disciplina del hemiciclo.
Los asesores jurídicos de las Diputaciones Forales rompieron el protocolo procesal con apretones de manos emocionados y lágrimas contenidas en los ojos.
La batalla jurídica que había amenazado con asfixiar la economía vasca quedaba resuelta con una victoria judicial inapelable que pasaría a los repertorios de jurisprudencia comunitaria.
En la tribuna opuesta, Von Schirach y los enviados de la DG COMP recogieron sus carpetas a toda prisa, abandonando la sala por la puerta lateral de servicio sin atreverse a cruzar la mirada con la bancada vencedora.
El colapso diplomático de la conjura contra el Concierto era total, público y definitivo en el corazón de la Unión Europea.
Ainara permaneció inmóvil ante su atril durante unos instantes, contemplando el estrado vacío de los jueces.
A través de los auriculares de la consola escuchó el eco lejano de la retransmisión radiofónica de Radio Euskadi: en las cuatro capitales forales —Bilbao, San Sebastián, Vitoria y Pamplona—, las radios anunciaban en edición especial el fallo favorable del Tribunal de Justicia.
En la sede del Gobierno Vasco en Lakua y en los tres palacios forales de las Diputaciones, los responsables de Hacienda descorchaban botellas de txakoli en los pasillos tras semanas de asedio presupuestario.
Pero para Ainara, la victoria no se medía en titulares de prensa ni en festejos oficiales; se medía en la certeza de que las escuelas públicas, los ambulatorios de Osakidetza y las pensiones de miles de trabajadores no quedarían a merced de fondos fiduciarios opacos.
Respiró hondo, desabrochó el cierre de plata de su toga y sintió cómo el peso abrumador de meses de asedio, calumnias y persecución clandestina se desprendía de sus hombros como un manto de plomo.
A su lado, Mathieu le tendió la mano con una sonrisa luminosa que borraba todas las sombras de su rostro:
—Se acabó la pesadilla de Bruselas, Ainara. Lo hemos ganado todo. En el terreno de la ley, con la verdad en la mano y sin doblar la rodilla.
Ainara no le estrechó la mano; dio un paso al frente y rodeó el cuello de Mathieu con sus brazos, hundiendo el rostro en su pecho en un abrazo hondo, cálido y liberador que desafiaba la frialdad arquitectónica de Luxemburgo.
Mathieu la abrazó con fuerza, protegiéndola contra su cuerpo mientras las campanas de la catedral de Nuestra Señora resonaban a lo lejos a través de la niebla de la meseta.
En aquel contacto físico, despojado de las armaduras institucionales, ambos supieron que habían cruzado juntos el umbral más peligroso de sus vidas y que el vínculo que los unía era ya indestructible.
Al salir al monumental atrio acristalado de la Galería de Cristal, los flashes de las cámaras de televisión iluminaron las sonrisas de la delegación vasca.
Periodistas de media Europa se agolpaban ante los micrófonos, solicitando declaraciones de la fiscal foral.
Ainara se detuvo ante los medios y pronunció unas breves palabras en euskera, francés y castellano: «Hoy la justicia europea ha demostrado que la soberanía compartida no se construye anulando la diversidad de los pueblos, sino respetando su capacidad de autogobierno responsable.
El Concierto Económico no es un privilegio del pasado; es un modelo ético de futuro».
Jan van der Berg, con su abrigo de lana abierto y una taza de té en la mano, se acercó a ellos con un pulgar en alto y un teletipo recién impreso de Europol:
—Mathieu, Ainara... Eurojust acaba de activar las órdenes de embargo y detención internacional en Londres, Ginebra y Dubái. La jueza británica ha firmado el precinto de los activos fiduciarios de Sorokin hace diez minutos. El cerco judicial se cierra sobre la araña.
Mathieu miró a Ainara, cuyas pupilas brillaban con una determinación serena y victoriosa:
—La justicia comunitaria ha blindado el Concierto en Luxemburgo, Jan... Ahora nos toca viajar a La Haya para derribar al oligarca.