CAPÍTULO 11 El búnker de Berlaymont #2
—No vamos a entrar por los tornos ordinarios como si fuéramos turistas pidiendo una acreditación de prensa —replicó Ainara con una serenidad pasmosa mientras consultaba la hora—.
Hace exactamente veinte minutos hablé por la línea segura de Lehendakaritza con los portavoces de la delegación vasca en el Parlamento Europeo.
Dos eurodiputados de la Comisión de Libertades Civiles, Justicia y Asuntos de Interior nos están esperando en la pasarela acristalada que conecta la estación de tren de Schuman con el atrio del Berlaymont.
Al amparo del Protocolo número siete sobre los Privilegios y las Inmunidades de la Unión Europea, los miembros del Parlamento tienen derecho inalienable a acceder a cualquier dependencia de la Comisión acompañados de sus asesores jurídicos y peritos en investigaciones oficiales.
La seguridad de la Comisión no tiene potestad legal para registrar ni impedir el paso a una delegación parlamentaria en funciones de fiscalización.
Mathieu contempló el perfil concentrado de Ainara y sintió una admiración profunda por la templanza de la mujer que tenía a su lado.
Atrás quedaban las noches de angustia en la buhardilla de Donibane Garazi y el barro helado de los hitos fronterizos.
El asedio a Europa había dejado de ser una metáfora jurídica para convertirse en una incursión quirúrgica en el mismo corazón de la burocracia comunitaria.
El recorrido a través de la circunvalación de Bruselas hacia el nudo viario de Schuman obligaba al Volvo a sortear retenciones intermitentes de camiones de transporte internacional y furgones de reparto.
En el habitáculo, el aire acondicionado filtraba el olor a gasóleo quemado y a humedad que subía del canal de Willebroek.
Mathieu mantenía abiertos dos canales de comunicación simultáneos en su terminal: en el primero, el inspector jefe Jan van der Berg desde La Haya transmitía en tiempo real las coordenadas de los equipos de la policía federal judicial belga; en el segundo, los registros de auditoría de los servidores de la Comisión Europea mostraban la frenética actividad que se desarrollaba en la décima planta del Berlaymont.
—Hagen no solo ha convocado a la prensa —comentó Mathieu tras analizar una ráfaga de metadatos—.
Ha enviado un cable interno de máxima urgencia a los gabinetes de los comisarios de Asuntos Económicos y de Mercado Interior, solicitando una reunión extraordinaria del Colegio de Comisarios para las dos de la tarde.
Quiere presentar el dosier falsificado como una comunicación oficial de la Comisión antes de que el departamento jurídico pueda emitir un dictamen de admisibilidad.
Está forzando los plazos administrativos para que el Consejo Europeo del próximo jueves no tenga más remedio que incluir el Concierto Económico en el orden del día bajo el epígrafe de riesgos sistémicos de estabilidad presupuestaria.
Ainara asintió con gravedad, repasando mentalmente los fundamentos jurídicos del alegato que pensaba sostener si era necesario ante el propio presidente de la Comisión.
—Es el manual clásico de la guerra jurídica interestatal, Mathieu —explicó la fiscal con un tono reflexivo—.
No buscan ganar un juicio en Luxemburgo dentro de cuatro años; saben perfectamente que la doctrina de la autonomía foral es inexpugnable desde el punto de vista del derecho originario de la Unión.
Lo que buscan es crear una crisis de confianza financiera inmediata.
Si logran que las agencias de calificación crediticia pongan en perspectiva negativa la deuda pública del Gobierno Vasco y de las tres Diputaciones Forales, los tipos de interés de la financiación industrial se encarecerán de tal manera que las cooperativas y las pequeñas empresas no podrán renovar sus líneas de crédito en los mercados internacionales.
Es una asfixia silenciosa, diseñada para que el autogobierno se desangre económicamente sin necesidad de disparar un solo tiro.
Gorka Atxaga carraspeó desde el asiento delantero, observando por el retrovisor exterior cómo un todoterreno oscuro con matrícula diplomática alemana los adelantaba por el carril rápido hacia la salida de Reyers.
—Conozco bien ese tipo de asfixia, Ainara —dijo el veterano agente foral con voz sombría—.
En los años ochenta y noventa intentaron ahogar la industria del hierro y la maquinaria pesada diciendo que éramos un territorio ingobernable y peligroso para la inversión exterior.
Ahora ya no usan tanquetas en las carreteras; usan consultoras de comunicación en Biarritz y analistas de cuentas en Múnich pagados con fondos rusos.
Pero el objetivo sigue siendo exactamente el mismo: arrebatar a las instituciones forales la capacidad de decidir sobre sus propios recursos.
Lo que no calculan estos señores de traje impecable es que la sociedad vasca no se rinde ante un papel timbrado en Bruselas.
El coche descendió finalmente por la rampa del túnel de Kortenberg, emergiendo en la rotonda Robert Schuman justo cuando el reloj de la estación de tren marcaba las diez y diez minutos de la mañana.
Frente a ellos se alzaba la silueta imponente del Berlaymont, con su estructura en cruz de hierro y cristal extendiéndose sobre el corazón del barrio europeo como una fortaleza inexpugnable.
Pero en el interior del Volvo, ninguno de los tres sentía miedo; sentían la calma helada de quienes saben que la verdad material es la única fuerza capaz de doblegar al poder burocrático.
♦ ♦ ♦
A las diez y veinticinco de la mañana, la atmósfera en el Auditorio de Prensa principal del edificio Berlaymont resultaba irrespirable.
Una marea humana compuesta por más de setenta periodistas económicos, analistas financieros y corresponsales de los principales medios de comunicación de Europa abarrotaba las bancadas tapizadas de azul cobalto que descendían en anfiteatro hacia el gran estrado de conferencias.
El zumbido continuo de las conversaciones cruzadas en media docena de idiomas competía con el chasquido rítmico de los teclados de los ordenadores portátiles y las órdenes apresuradas de los operadores de cámara que terminaban de alinear sus teleobjetivos sobre las plataformas metálicas traseras.
Bajo la iluminación intensa y blanca de los focos halógenos suspendidos del techo abovedado, la temperatura de la sala no dejaba de aumentar.
En la inmensa pantalla de proyección de alta definición que presidía la cabecera del escenario, permanecía proyectada la carátula estática de la convocatoria oficial de prensa con un encabezado en letras mayúsculas de tono institucional sobrio: «INFORME EXTRAORDINARIO DE LA UNIDAD DE COORDINACIÓN DE LA DG COMP: PROCEDIMIENTO DE SUPERVISIÓN FINANCIERA SObrE AYUDAS DE ESTADO E INCENTIVOS FISCALES EN EL MARCO DEL CONCIERTO ECONÓMICO VASCO» .
En la esquina inferior derecha de la diapositiva destacaban dos logotipos combinados: el emblema oficial de doce estrellas doradas de la Comisión Europea y el escudo estilizado de la OLAF, utilizado de forma flagrantemente fraudulenta para otorgar un barniz de legitimidad pericial a un documento que jamás había sido debatido ni aprobado por el comité de supervisión del organismo antifraude.
A lo largo de los pasillos laterales, jóvenes técnicos y asistentes de la Dirección General de Competencia ataviados con trajes oscuros y escarapelas magnéticas de identificación se apresuraban a repartir pesados cuadernillos impresos en papel verjurado de trescientos gramos con cubiertas negras.
Eran los resúmenes ejecutivos del dosier prefabricado en Biarritz y Múnich.
En las primeras filas, los veteranos redactores económicos de publicaciones de referencia como The Financial Monitor , Frankfurter Allgemeine Zeitung , Le Monde , El País , Corriere della Sera y el semanario económico alemán Wirtschaftswoche hojeaban las páginas con una voracidad casi febril, subrayando párrafos con rotuladores fluorescentes y marcando números de teléfono en sus auriculares inalámbricos para advertir a sus mesas centrales de redacción.
—Fíjate en las cifras de la página catorce —le susurraba en inglés un analista de la agencia Reuters a su compañero de mesa mientras tecleaba una alerta urgente en su terminal portátil—.
La Comisión sostiene que el Gobierno de Vitoria utilizó las deducciones fiscales de I+D del Impuesto de Sociedades para transferir más de setecientos millones de euros a través de estructuras fiduciarias no declaradas en Bayona y los valles navarros.
Afirman que los fondos de innovación terminaron financiando operaciones de exportación de doble uso vinculadas a redes offshore del este de Europa.
Si esto se confirma en la rueda de prensa, la prima de riesgo española se va a disparar en la apertura de los mercados de Nueva York.
En efecto, en las pantallas auxiliares instaladas en los laterales de la sala donde se monitorizaba la cotización de los mercados financieros en tiempo real, el impacto del rumor comenzaba a dibujarse con trazos implacables.
Los bonos autonómicos vascos emitidos para la financiación de proyectos sostenibles e industriales experimentaban un incremento repentino de quince puntos básicos en su diferencial de rendimiento, mientras los operadores bursátiles de la Bolsa de Bilbao y Madrid registraban ventas nerviosas en los valores corporativos vinculados al tejido cooperativo del Alto Deba y a las empresas auxiliares del sector de automoción.
La intoxicación mediática estaba surtiendo exactamente el efecto devastador que Patricia Hagen y sus patrocinadores financieros habían programado: sembrar la sospecha de insolvencia y corrupción institucional para forzar una intervención cautelar por parte del Eurogrupo.