CAPÍTULO 4 La memoria de Seaska #5
—Ya sabemos dónde está el taller donde se armó el artefacto —dijo Mathieu con calma pétrea—.
Ahora tenemos que volver a la buhardilla de Seaska y cruzar esta sociedad con los extractos de transferencias que rescaté de Bruselas.
Si logramos demostrar que el dinero que financió la redacción de ese informe procede de las mismas cuentas alemanas y rusas que intentaron liquidar las cooperativas de Mondragón, no necesitaremos defendernos de las acusaciones de la OLAF: podremos sentar a Patricia Hagen y a sus cómplices en el banquillo de los acusados ante la justicia europea.
Peio Heguy colocó con cuidado las páginas examinadas dentro del dosier, cerró las cubiertas de guaflex negro y envolvió de nuevo el volumen en la funda impermeable de lona engomada antes de entregárselo a Ainara con solemnidad gremial.
—Llevaos el muerto, muchachos —dijo el impresor, apagando las lámparas halógenas y guiándolos hacia la escalera de piedra que conducía al exterior—.
Y tened cuidado al pisar las aceras de Biarritz: los tiburones de esa costa no nadan en el agua; llevan corbatas de seda y tienen a jueces y ministros comiendo de su mano.
♦ ♦ ♦
Eran las cuatro y media de la madrugada cuando Mathieu y Ainara regresaron al edificio de Seaska en la Rue Pannecau.
La lluvia había cesado al filo de las cuatro, sustituida por una niebla densa y fría que ascendía desde el estuario del Adur y se arremolinaba contra las fachadas del Petit Bayonne, difuminando el perfil de las cornisas y apagando el eco de sus pisadas sobre los adoquines húmedos.
Subieron en silencio por la escalera de caracol de roble, dejando atrás la primera planta donde Maider descansaba, y continuaron ascendiendo hasta la buhardilla del tercer piso.
Aquella estancia abuhardillada, con vigas maestras de madera de castaño vistas y contraventanas rojas que daban a un patio interior silencioso, albergaba el antiguo despacho del fondo editorial de la federación: dos paredes forradas de estanterías con volúmenes encuadernados de gramática vasca, actas históricas de los batzarres de Iparralde y publicaciones mimeografiadas de la década de 1970.
En el centro de la habitación, sobre una mesa maciza de nogal iluminada por una lámpara flexo de brazo metálico, Maider había dejado un termo de acero inoxidable con infusión caliente de tila y menta poleo, dos tazas de cerámica artesanal y un plato cubierto con un paño de lino donde aguardaban varias galletas de mantequilla.
Junto al termo, una nota manuscrita con la caligrafía firme de la anciana rezaba en euskera: «Atseden hartu behar duzue... goizean goiz bidea luzea izango da» .
Mathieu apartó la bandeja hacia un rincón del tablero y abrió su mochila. Conectó la fuente de alimentación del Panasonic Toughbook a un enchufe de pared con toma de tierra protegida y enchufó la unidad de almacenamiento de estado sólido IronKey a uno de los puertos USB 3.2 con cifrado de hardware.
Ainara tomó asiento en la silla de anea situada a su lado.
Se despojó de la chaqueta impermeable, la dejó sobre el respaldo y se subió las mangas de su jersey de cuello cisne gris marengo.
Sobre la mesa desplegó su propio ordenador portátil desprovisto de tarjetas inalámbricas, donde conservaba las copias forenses de las auditorías fiscales de Bizkaia y los asientos contables de la quiebra inducida de la fundición de Eskoriatza.
—Peio nos ha dado la coordenada física: L'Étoile Atlantique Conseil , Boulevard du Prince de Galles 14, Biarritz —dijo Ainara, abriendo una hoja de cálculo estructurada con la relación de transferencias internacionales del caso Mondragón—.
La sociedad se constituyó en agosto de 2024 con un capital de medio millón de euros totalmente desembolsado en la Banque Privée de l'Adour , en el Quai Chaho de Bayona.
Una consultora unipersonal recién creada no desembolsa medio millón de euros de capital social a tocateja a menos que esté respaldada por una estructura financiera nodriza que necesita cobertura inmediata para operar con solvencia patrimonial ante bancos y registros públicos.
Mathieu tecleó en la consola del terminal seguro. La partición cifrada del disco IronKey se montó como un volumen virtual de solo lectura bajo el sistema de archivos forense EnCase E01.
—Este es el volcado íntegro de la memoria volátil del servidor central de análisis de la OLAF que extraje antes de salir de la Rue Joseph II bajo el protocolo ISO/IEC 27037 —explicó Mathieu, señalando las líneas de código hexadecimal que desfilaban por la pantalla—.
Contiene los registros de peticiones de archivo cruzadas entre la OLAF, la Dirección General de Competencia y la unidad de enlace financiero EFECC de Europol durante los últimos seis meses.
Si la cuenta de L'Étoile Atlantique en Bayona recibió fondos procedentes de las redes que investigábamos en Bruselas, las trazas de compensación bancaria SWIFT tienen que estar registradas en los metadatos de los expedientes clasificados de ayudas de Estado.
Durante más de media hora, el único sonido en la buhardilla fue el zumbido suave del ventilador del ordenador portátil, el tecleo metódico de Mathieu y el chasquido del ratón bajo los dedos de Ainara.
En el exterior, el tañido distante de la campana de la iglesia de Saint-André marcó las cinco de la madrugada con cinco campanadas graves que flotaron sobre la niebla del río.
Mathieu ejecutó un algoritmo de búsqueda por concordancia de códigos IBAN y números de identificación fiscal empresarial.
Filtró las transferencias internacionales tramitadas a través del sistema de pagos TARGET2 que tuvieran como beneficiario el código de cuenta de la Banque Privée de l'Adour correspondiente a la consultora de Biarritz: `FR76 1380 7000 1200 4567 8901 234`.
A las cinco y dieciocho minutos, la pantalla del Toughbook emitió un doble pitido sordo y dos registros maestros se resaltaron en color ámbar sobre fondo negro.
Mathieu detuvo los dedos sobre el teclado. Se inclinó hacia la pantalla, leyendo los campos estructurados del mensaje SWIFT MT103 con una concentración milimétrica.
—Aquí está —dijo Mathieu con una voz que había perdido toda traza de fatiga, sustituida por una frialdad matemática—.
La primera orden de transferencia internacional entró el diecinueve de noviembre del año pasado por un importe de un millón setecientos cincuenta mil euros, complementada con una segunda remesa de setecientos cincuenta mil euros liquidada el catorce de enero.
Total: dos millones y medio de euros transferidos en dos meses.
Ainara acercó su rostro a la pantalla, revisando los campos del emisor:
—Banco emisor: Bayerische Landesbank , Múnich.
Cuenta ordenante: Stiftung Europäische Zukunft e.V.
, con domicilio en la Maximilianstraße de la capital bávara.
¿La Fundación para el Futuro Europeo? —preguntó Ainara, frunciendo el ceño con ironía amarga—.
¿Una fundación académica privada de Baviera transfiere dos millones y medio de euros a una consultora recién creada en Biarritz bajo el concepto de «Honorarios por estudio prospectivo sobre gobernanza fiscal comunitaria»?
—No es una fundación académica —respondió Mathieu, abriendo una ventana secundaria con un informe de inteligencia económica de la OLAF clasificado como EU RESTRICTED fechado en 2023—.
La Stiftung Europäische Zukunft es una tapadera legal de financiación paralela operada por la división económica del BND.
La utilizan para sufragar campañas de desinformación, pagar a periodistas afines en Bruselas y contratar gabinetes de asuntos públicos para redactar informes a la medida que después son filtrados a los gabinetes de los comisarios europeos.
Y mira el código de validación interna de la transferencia en el campo 72 del mensaje SWIFT: `REF-BND-ECO-HAG-0814`.
Las siglas finales corresponden a Patricia Hagen.
Ainara dejó escapar un suspiro hondo, apoyando la espalda en el respaldo de la silla.
—La Comisaria... —dijo ella, con los ojos clavados en la cadena alfanumérica—.
Hagen autorizó personalmente el pago de dos millones y medio de euros de los fondos reservados de la inteligencia alemana a la sociedad pantalla de Biarritz para financiar la fabricación material del dosier contra el Concierto Económico.
—Pero hay algo más —añadió Mathieu, señalando con el cursor el segundo registro que parpadeaba en la parte inferior de la pantalla—.
La segunda transferencia no vino de Múnich ni de ningún banco de la Unión Europea.
Entró el dieciocho de diciembre por un millón de euros exactos.
Banco emisor: Al-Ain International Bank , sucursal central de Dubái.
Cuenta ordenante: Horizon Trust Ltd. , registrada en la zona franca de Ras Al Khaimah en los Emiratos Árabes Unidos.
Ainara se quedó petrificada. El nombre de Horizon Trust resonó en la buhardilla con la contundencia de un disparo.
—Viktor Sorokin —sentenció la fiscal, mientras una sombra de indignación pura endurecía sus facciones—.
La misma mercantil fiduciaria que intentó comprar la deuda secundaria de Fagor Ederlan a través de Atalante Capital en el caso de la fundición de Mondragón.
El oligarca ruso puso un millón de euros en efectivo para rematar el presupuesto de la operación en Biarritz.