Epílogo
Zaid suspiró afectado.
Él no había sido un mero espectador, uno privilegiado, de aquella intrincada historia, había sido uno de los protagonistas.
Y una vez más, el destino lo había elegido para desenmascarar a un asesino, a un custodio sacrílego, a una nueva víctima de la codicia, como si su alma estuviera condenada a ello, a proteger aquel secreto.
Amsu lo observaba con gravedad, aguardando su reacción.
Alison, en cambio, parecía absorta en su propio limbo, sumida en sus propias cavilaciones. Quizá intentando asimilar aquella surrealista historia, o simplemente buscando en la evasión un modo de huir de aquella situación.
Y eso lo preocupaba.
—¿Qué haremos con ella? —preguntó.
Señaló el cuerpo inerte de lady Evelyn.
—Nada, ya está en una tumba.
—Su muerte será fagocitada por la maldición.
—Así es, y gracias a la maldición, Tut conseguirá convertirse en el faraón más famoso de todos.
Digamos que es una especie de compensación a su trágica y corta vida.
Nació siendo una víctima de los errores de su padre, de los desmanes de la naturaleza, de las ansias de poder de sus rivales.
Y ahora, el faraón maldito es el verdadero custodio de un secreto inmortal.
Al final, el destino tiene una paradójica manera de hacer justicia.
—¿Cuándo crees que la humanidad estará preparada para recibir el legado?
Amsu inspiró hondo y lo observó con fijeza, la enormidad de la sapiencia que refulgía en ellos amedrentaba.
—Todavía queda mucho, para mi desgracia.
Nada ansío más que el abrazo de la muerte, para que estos viejos huesos descansen por fin en paz.
La inmortalidad que arrastro como un pesado fardo desaparecerá cuando la tablilla salga a la luz.
—Hizo una pausa y fijó la vista en Alison—.
La humanidad avanzará tecnológicamente, pero a un coste elevado: irá perdiendo valores morales, se irá deshumanizando e individualizando, y entonces llegará una edad oscura.
Guerras, hambrunas, sequía. Los poderosos abocarán a la sociedad al odio y al enfrentamiento.
Mujeres contra hombres, hijos contra padres, unas formas de vida contra otras, todo insuflado por políticos miserables.
Y la sociedad como tal se dividirá en bandos y se despedazarán.
La intolerancia, la falta de respeto, de empatía, la animadversión más absurda asolará la Tierra.
Y en esa aterradora oscuridad, la humanidad regresará a sus orígenes, cuando haya comprendido adónde lleva la codicia, la envidia, el odio y el rencor, cuando sufran las consecuencias de todo ello, el hombre cambiará.
Y entonces abrazará la luz y descubrirá que sólo el amor por el prójimo le permitirá amarse de verdad.
Entenderá que todos son uno, y uno son todos.
Que da igual qué comamos, a quién amemos, qué ideas tengamos, en qué lugar vivamos, somos partes de un todo.
Se frotó la frente y resopló.
—Ellos están observándonos. Aguardando ese cambio para regresar a nosotros. La tablilla no es más que la señal de que se ha producido. Cuando el elegido llegue a ella, el mundo ya habrá cambiado y ellos volverán.
—Supongo que yo regresaré cada tanto para aportar mi grano de arena.
—Mientras ella regrese, tú lo harás. Vuestras almas están selladas.
Ambos miraron a Alison, que a su vez los contemplaba con gesto sobrecogido.
—¿Yo soy ella? No tengo la marca.
—Tu deseo te fue concedido —explicó Amsu—. Naciste libre de esa carga para poder disfrutar de una vida tranquila en otro mundo. Uno donde puedes elegir tu propio destino.
Alison cerró los ojos y contrajo el rictus.
—De momento, lo único que ahora deseo es salir de aquí, olvidar todo esto y seguir con mi vida.
Amsu se puso en pie y les sonrió con ternura.
—Ambos sois libres de elegir, ésa es vuestra recompensa esta vez.
Posó una mano sobre el hombro de Zaid y otra sobre el de Alison.
—Id en paz.
Luego dio media vuelta y salió de la cámara funeraria con paso cansado.
—¿Y ahora qué? —murmuró ella.
—Ahora, a seguir con nuestras vidas, las que elijamos.
—¿Y qué eliges tú?
—Alejarme de aquí una temporada.
—¿Regresar a Inglaterra?
—Sí, necesito un cambio de aires, éstos...
—Éstos huelen a tumba.
Zaid sonrió y asintió. En realidad lo que deseaba era compartir la vida con ella, pero sabía que se sentía agobiada y confusa y que necesitaría tiempo y espacio.
—¿Y qué harás tú?
—Bueno, ya que la investigación sobre mi artículo se ha ido al garete, puesto que la culpable yace a mis pies, y no me apetece dar explicaciones sobrenaturales a la policía, creo que regresaré a casa a seguir buscando historias truculentas que contar.
—Quizá esto pueda inspirarte para una novela.
Alison arqueó las cejas y lo miró interesada.
—No es mala idea. Además, me ayudará a convertir algo que no puedo racionalizar en una historia de ficción; sería más llevadero así. Pero necesitaré un colaborador de excepción.
Era ella quien le ofrecía la oportunidad de permanecer juntos. Su corazón se solazó y su elección se reafirmó.
—Bueno, bien pensado, estoy cansado de excavar tumbas, seguro que es más divertido escribir sobre ellas.
Señaló su pecho y en ese instante recordó que llevaba una bala de pequeño calibre alojada en una costilla.
El dolor regresó como si al reparar en él buscase el protagonismo que le habían arrebatado momentáneamente.
—Más seguro sí será —apuntó ella.
—Eso espero —respondió socarrón—. Y ahora, vayamos a que algún matasanos sin licencia me quite la bala.
—Ahora lamento no recordar...
Zaid tomó su barbilla y la miró con dulzura.
—Es el corazón el que debe hacerlo. Pero, ¿sabes?, soy un hombre paciente.