La Mestiza (Academia Darkblood 1) Capítulo 20
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Capítulo 20

Después de recoger algunas cosas de mi habitación y darle a Cinder una explicación muy vaga de lo que estaba pasando, las chicas me acompañaron a la séptima planta.

Tuve que prometerle a mi compañera de habitación que mañana le contaría exactamente lo que estaba pasando.

Y lo haría. Aunque técnicamente le había prometido a Cillian mantener en secreto lo de Los Siete.

Pero Cinder era diferente. Era mi compañera de habitación y mi mejor amiga, y si se lo pedía, ella también guardaría el secreto.

Los Siete vivían en la séptima planta: el territorio feérico. Al parecer, entrenar y vivir juntos formaba parte de la estrategia para fortalecer vínculos entre ellos.

Aunque, después de pasar apenas veinte minutos con las chicas, era bastante evidente que Scarlett no estaba precisamente encantada con esa dinámica.

No podía culparla. Raine y Aeria prácticamente fingían que la vampira no existía.

Durante todo el trayecto por el pasillo, apenas le dirigieron una mirada.

Cuando llegamos al séptimo piso, Raine se detuvo frente a una puerta decorada con dos placas doradas.

—Esta es nuestra habitación, y la de Scarlett está justo al lado. Compartimos el baño, así que puedes entrar por ahí si lo necesitas.

—Entendido.

Raine se volvió hacia Scarlett, con su bonita nariz de duendecilla.

—Tú haces el primer turno, total ya te ibas a quedar encerrada en tu habitación como siempre. Despierta a Aeria a las dos y yo haré el último turno a las cuatro —echó un vistazo a su reloj y suspiró—. Al menos dormiré seis horas.

—Gracias —murmuré mientras Aeria y Raine se metían en su habitación.

Luego seguí a Scarlett por el pasillo. No estaba completamente convencida de dormir al lado de una vampira, pero entre las tres opciones femeninas… definitivamente ella parecía la menos probable de asesinarme mientras dormía.

—Lo siento —dijo Scarlett tras abrir la puerta, sin mirarme—. A veces Raine se comporta como una auténtica zorra.

Solté una risa apenas nada más entrar a oscuras.

—Lo siento por ti. Tú eres la que tiene que lidiar con ella todo el tiempo.

Scarlett encendió la luz y señaló el colchón vacío.

—Debería haber sábanas de repuesto en el armario, así que ponte cómoda.

—Gracias.

Eché un vistazo a la habitación, fijándome en todos los pósteres de grupos de rock que colgaban del lado de Scarlett.

Estas habitaciones eran sin duda más grandes que las nuestras: en lugar de camas individuales, tenían camas matrimoniales; sus armarios eran el doble de grandes que los nuestros y había una chimenea.

Los seres feéricos recibían un trato de reyes en esta escuela.

Cogí unas sábanas del armario y empecé a hacer la cama.

—¿Qué le pasó a tu antigua compañera de habitación?

—Nunca tuve. Como solo hay tres chicas en el equipo, tuve suerte —dijo Scarlett estirándose en su cama, con el cabello negro y largo sobre la almohada.

—¿Cuánto tiempo llevas en el escuadrón de cazadores sobrenaturales?

El mullido colchón se hundió cuando me senté.

Ella soltó una risita, un sonido extrañamente femenino, delicado y suave; muy distinto a la imagen fría y gótica que daba normalmente.

—Me gusta eso. Tendré que decirle a Ryder que haga oficial el nombre —dijo Scarlett—.

El escuadrón se formó hace poco menos de un año.

Este es mi segundo año en la escuela, pero todo cambió cuando Cillian asumió el cargo de director.

De repente, el enfoque cambió y, ¡bum!, nació el escuadrón de cazadores sobrenaturales.

Ash es la última incorporación al equipo y a la escuela, mientras que Drake es el que lleva más tiempo aquí.

Es su tercer año. Darkblood no funciona igual que las universidades humanas.

La mayoría se gradúa en tres años… algunos incluso antes. El sistema es bastante flexible.

—¿Y cómo acabaste metida en esto de luchar contra los malos?

Por lo que había aprendido en clase, los vampiros también eran demonios, así que no quería ofenderla.

Una sonrisa se dibujó en las comisuras de sus labios.

—Es que siempre he sido un poco rebelde.

—Eso ya me lo imaginaba.

Jugó distraídamente con el piercing de su lengua y la pequeña esfera negra brilló bajo la luz tenue de la habitación.

—No, pero hablando en serio… mi creadora es la reina de los Vampiros Reales. Así que las expectativas sobre mí siempre fueron bastante altas.

Recordé haber oído hablar de los Vampiros Reales en Hitched . Un hijo de la reina, Luciano, era uno de los solteros. Muy atractivo, por supuesto.

—Espera, ¿y cuántos años tienes?

—Diecinueve. Aunque, como inmortal, siempre parecerá que tengo diecisiete —dijo Scarlett, y se encogió de hombros—. Podría ser peor, supongo. Podría estar muerta.

—¿Qué pasó? —pregunté, y me arrepentí justo después. Ya era demasiado tarde— Bueno, a menos que no quieras hablar de ello.

—No, ya lo he superado. En realidad, yo también era una mestiza.

Mi padre es humano y mi madre una duendecilla, es decir, una esclava de la reina madre de los seres feéricos…

eh, quiero decir, asistente personal. En fin, un día estaba haciendo un encargo para la reina de Nocturnis cuando me atacaron.

—¿Un vampiro?

Ella negó con la cabeza mientras se mordía el labio, y sus colmillos aparecieron por un instante. Apreté la mandíbula de los nervios, y se me escapó un pequeño chillido.

—No, fue un demonio —respondió Scarlett, una vez escondió sus colmillos—.

Carmen Rosa me salvó la vida... o me dio una nueva, como quieras verlo.

Los feéricos no me dejaron quedarme en la Corte de Invierno después de volverme una vampiresa —y añadió, poniendo los ojos en blanco—: y controlar los impulsos lleva tiempo.

Mucho tiempo. Así que Carmen Rosa me acogió y después me envió aquí.

Y cuando Ryder vio que era especialmente buena usando mis poderes… me reclutó para el equipo.

—¿Cuál es tu habilidad especial?

Ya la había visto en combate y era increíblemente rápida y fuerte, por no hablar de lo letal que era con las armas, pero nunca la había visto usar magia.

—Necromancia.

No pude evitar quedarme con la boca abierta.

—¿Qué?

—Suena peor de lo que es. En general, puedo controlar cosas muertas y me dedico un poco a algunas de las artes más oscuras. Pero aquí en Darkhen no nos gusta hablar de estas cosas. Irónico, ¿no te parece?

—Madre mía, qué locura. Pero espera, ¿eso quiere decir que puedes controlar a todos los vampiros? Porque técnicamente todos están muertos.

—Sí —asintió.

Debía de haber como cientos de vampiros aquí en la escuela, sin contar a los que vivían en Azar. Su habilidad era increíblemente poderosa; era lógico que la quisieran en el equipo.

Scarlett alzó la vista hacia el reloj con forma de guitarra que había sobre la puerta e hizo una mueca.

—Creo que deberías dormir un poco. Yo me quedaré de guardia las próximas horas y luego le pasaré el relevo a Aeria.

Debí de poner cara de asco, porque ella se rio entre dientes.

—No te preocupes. Aeria no es tan terrible, sobre todo si su mejor amiga no está por ahí —confesó Scarlett—. A veces pienso que Raine tiene más de cambiaformas que de bruja. Es tan territorial que, si tuviera polla, estoy bastante segura de que nos mearía encima para marcar territorio.

Ahora era yo quien se reía a carcajadas. La imagen de Raine con partes masculinas sonaba interesante. Apagué la lámpara junto a la cama y me acomodé bajo el enorme edredón.

—Gracias por este rato, Scarlett.

—No hay de qué, mestiza —dijo. Me guiñó un ojo antes de acomodarse contra la cabecera—. Buenas noches.

—¡Luna, corre!

El grito agudo me arrancó del sueño de golpe. Me incorporé sobresaltada, tanteando a ciegas entre las sombras mientras mis ojos intentaban acostumbrarse a la oscuridad del dormitorio desconocido.

Entonces escuché el cristal romperse. El estruendo hizo que el corazón se me subiera a la garganta.

Cientos de fragmentos tintinearon sobre el piso cuando mi vista finalmente logró enfocarse en la criatura encajada en la ventana destrozada de Scarlett.

Unas enormes alas negras batían violentamente el aire.

Su hocico alargado, parecido al de un cocodrilo, atravesaba el marco roto mientras unas garras monstruosas arrancaban pedazos de madera astillada.

Scarlett se lanzó contra la criatura con una espada plateada en las manos. Se movía rápido, de forma elegante y mortal. Giró la cabeza por encima del hombro y se encontró con mi mirada llena de pánico.

—¡Luna, vete!

Pero no pude. Mis pies estaban clavados al suelo, como si unas raíces ancestrales los mantuvieran allí. La marca roja y furiosa de mi pecho palpitaba.

Scarlett gruñó y volvió a arremeter contra la bestia, que había logrado meter una pata delantera dentro de la habitación. La abertura de la ventana era demasiado pequeña para semejante monstruo… pero no tardaría en abrirse paso.

Tenía que hacer algo. Si no podía moverme, al menos podía gritar. Sin duda era la última persona a la que jamás pensé que pediría ayuda, pero en momentos de desesperación…

—¡Raine, ayuda! ¡Aeria!

El demonio lanzó un chillido sobrenatural que me heló la sangre.

Aquel sonido vibró en cada hueso de mi cuerpo.

Con un movimiento brutal de sus garras, golpeó a Scarlett y la lanzó por los aires.

Se estrelló contra la pared del fondo y, antes de desplomarse al suelo, su cuello se torció en un ángulo extraño.

Un gemido ahogado se escapó de mis labios cuando el demonio fijó sus brillantes ojos carmesí en mí. ¿Dónde estaban Raine y Aeria?

—¡Raine, Aeria, me vendría bien un poco de ayuda aquí! —grité otra vez mientras retrocedía torpemente.

El monstruo me acechaba cada vez más. Todos los hechizos defensivos que había memorizado comenzaron a mezclarse dentro de mi cabeza.

— Protectum ad armorae —solté desesperadamente.

Mi burbuja azul no aparecía; no tenía esa suerte.

A todo esto, el demonio avanzó lentamente, gruñiendo y mostrando tres filas de colmillos, afilados como dagas.

—Eres mía, pequeña humana.