La mensajera Apuntes históricos #3
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Apuntes históricos #3

Varsovia quedó arrasada de una manera que escapa a cualquier comprensión.

La población de la capital polaca pasó de 1.

300.000 habitantes en 1939 a 900.000 a comienzos de agosto de 1944, y 153.

000 en enero de 1945. Más de doscientas mil personas murieron durante el Levantamiento y, tras la rendición, unos seiscientos mil supervivientes fueron deportados al tambaleante Reich.

Al final, numerosos civiles fueron liberados en zonas rurales para que se buscaran la vida, pero, antes de la rendición, el miedo a que los enviaran a los campos hizo que muchos decidieran abandonar la ciudad como soldados del AK , con la esperanza de que los trataran como prisioneros de guerra según las convenciones.

Una vez la población se marchó, los alemanes barrieron Varsovia.

Tal como se menciona en la novela, Hitler envió tropas para que arrasaran las zonas que no habían quedado en ruinas debido a las bombas y dedicó una cantidad significativa de recursos a tal efecto en la segunda mitad de 1944, una época en la que esos soldados hacían mucha más falta en otras partes para cubrir la retirada de los nazis.

Hitler odiaba Varsovia con toda su alma.

El Plan Pabst de 1940 es un documento real que muestra la intención de los nazis de convertir la espléndida ciudad en un mero hito en la ruta hacia el este (completado con verdaderos chalets alpinos para los ciudadanos alemanes) e, incluso cuando su derrota se acercaba, Hitler siguió obsesionado con borrar la ciudad del mapa. No lo logró.

Los polacos tomaron la atrevida decisión de conservar Varsovia como la capital del país después de la guerra y dedicaron una inmensa cantidad de recursos a su reconstrucción.

También se llevó a cabo una modernización a lo largo de la autovía este-oeste mencionada en la novela, pero enormes zonas de la ciudad, principalmente en el histórico barrio de Stare Miasto, se recrearon en base a planos, fotografías, cuadros y la memoria de los ciudadanos.

Stanis ł aw Jankowski fue un arquitecto real (así como un líder del AK real y muy exitoso, cuyo nombre en clave era Agaton) y un elemento esencial de la restauración, por lo que fue un placer convertir a Hana en su ayudante en la ficción.

Si visitas Varsovia en la actualidad, algo que recomiendo encarecidamente, te será difícil detectar que las casas de la ciudad no son del periodo renacentista, sino recreaciones del siglo XX .

La plaza del mercado es, a todos los efectos, un decorado, pero perfecto y creado con mucho amor para dar fe tanto de la herencia ancestral de la ciudad como de su más reciente resiliencia y determinación.

El Alzamiento del Gueto

En Varsovia hubo dos levantamientos, el segundo de los cuales fue el Levantamiento de Varsovia.

El primero, mencionado varias veces en la novela, tuvo lugar en 1943 y fue, me temo, igual de trágico.

Se trata del Alzamiento del Gueto, durante el cual los últimos judíos que quedaban en el atroz gueto ubicado en el centro de la ciudad se sublevaron contra sus guardas nazis para evitar que los enviaran a una muerte segura en Treblinka.

Los nazis se afanaron en perseguir a los judíos de Varsovia tanto como en todas partes, y los obligaron a llevar brazaletes con la estrella de David a las pocas semanas de la ocupación, aunque en Varsovia eran blancas y azules, y no amarillas.

El gueto se creó en noviembre de 1939 y se convertiría en el mayor de los aproximadamente ochocientos de Europa, con casi cuatrocientos mil habitantes en su momento álgido.

A partir de 1942, sin embargo, los nazis empezaron a enviar a los judíos del gueto a Treblinka, un campo de exterminio construido con el único propósito de matarlos.

Como se refleja en la novela, los espías del AK no tardaron en darse cuenta de que muchas personas entraban en él y ninguna salía, y ataron cabos.

A pesar de que el mensaje se trasladó a Varsovia, poco se podía hacer para interrumpir los inhumanos traslados.

En abril de 1943 la población del gueto se había reducido a unos cuantos miles de habitantes y, conscientes de su inminente liquidación, dos grupos de luchadores clandestinos se sublevaron el 19 de abril con la ayuda de armas que en su mayor parte les había proporcionado en secreto el AK de Varsovia.

El brutal enfrentamiento se alargó hasta el 8 de mayo, mientras los que vivían fuera de las paredes del gueto escuchaban continuos disparos y explosiones, y veían a los judíos saltar de los pisos superiores para evitar las llamas.

Los nazis mataron a casi todos los judíos del gueto, pero unos cuantos lograron escapar y ocultarse en los rincones más secretos de Varsovia, entre ellos la familia Ancel, que es fruto de mi imaginación y cuya historia conté en La huérfana de Auschwitz .

Aunque el Alzamiento del Gueto fue una tragedia que acabó en una destrucción inevitable, el heroísmo de los luchadores judíos impresionó a todos los que lo presenciaron, asombrados de que un grupo tan pequeño y con tan escaso armamento pudiera mantener a raya a los alemanes durante tanto tiempo.

En parte, fue la inspiración para el Levantamiento de Varsovia que tuvo lugar poco más de un año después.

Los grilletes en la pared

Los grilletes y las cadenas que Babcia Kamilla tiene colgados en la pared se inspiran en una historia real: la de la condesa Maria Tarnowska, una mujer fuerte e intrépida que llevó una vida distinguida en varias partes del mundo como esposa de un importante diplomático polaco, antes de convertirse en una figura esencial de la Cruz Roja polaca que encabezó los recursos médicos durante el Levantamiento de Varsovia.

En la novela aparece brevemente —es la hermana Maria de Orla—, pero no disponía de espacio suficiente para hacerle justicia tal como se merece.

No obstante, no me pude resistir a incluir un detalle sobresaliente que aparece en sus memorias.

Fue al padre de la condesa Maria a quien los rusos apresaron en 1883 y sentenciaron a ocho años de trabajos forzados en las minas siberianas.

Tras escapar y recibir el indulto del zar, regresó a Varsovia, donde conservó en la pared los grilletes de su época en Siberia como símbolo de la determinación de los polacos a no ser esclavizados.

He decidido dárselos, junto con parte de la dignidad y la fiereza de su dueño, a Babcia Kamilla, pero los que queráis saber más sobre la condesa María debéis leer sus fascinantes memorias: The Future Will Tell .

Fragmentos de documentos reales

El juramento del AK , la carta de Stalin al primer ministro polaco, la carta de Churchill y Roosevelt a Stalin y el último comunicado del Consejo Nacional de Ministros a la nación polaca son todos fragmentos o paráfrasis traducidas de documentos reales.

He decidido incluirlos para realzar la historia con un atisbo de parte de los tejemanejes políticos que tienen lugar entre bambalinas.

La «letanía por el pueblo polaco» también es una traducción directa y muestra, en mi opinión, el espíritu de lucha que se encuentra en el corazón incluso de las oraciones nacionales.

Las órdenes de Bór no sobrevivieron, de modo que no se pueden citar de manera literal, pero espero que mi versión de ellas se acerque a la realidad.

El llamamiento del Consejo Nacional a salvaguardar la «sustancia biológica de la nación» es una frase real que ha pasado a formar parte de la historia polaca.

Los habitantes de Varsovia, con su valentía, su osadía y su resiliencia, fueron el alma del Levantamiento, y su espíritu sobrevivió y los llevó a regresar en tropel a la ciudad en ruinas en 1945 para emprender su asombroso renacimiento.

Las rutas de salida de los prisioneros de guerra

La mayoría de los prisioneros de guerra salió de Varsovia desde la estación de tren occidental, ubicada en el sur de la ciudad, pero había una segunda ruta a través de la estación de Gdansk, en el norte, entre Ż oliborz y Stare Miasto.

Es muy posible que algunos fueran subidos a los trenes desde allí para evitar aglomeraciones, y he decidido enviar a los D ą browska por ese camino para hacerlos pasar por Stare Miasto, escenario de gran parte de su sufrimiento y lugar de sepultura de Babcia Kamilla.

Me parecía adecuado que mis personajes lo vieran por última vez antes de verse obligados a abandonar la ciudad.

El Levantamiento de Varsovia es un relato de increíble fortaleza y espíritu colectivo.

Por supuesto, no todo transcurrió en perfecta armonía y he tratado de reflejar las reservas que tenía parte de la población, obligada a sufrir un sitio brutal que duró mucho más de lo que debería.

Dadas las duras condiciones de vida, sin embargo, y la desgarradora ausencia de apoyo exterior, me parece que esta historia tan poco conocida de la Segunda Guerra Mundial refleja un enorme coraje por parte de gente normal y corriente, y espero que los lectores la hayan disfrutado.