La mascarada del carnicero (Carl el Mazmorrero 5) Capítulo 21 #3
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Capítulo 21 #3

Dónut la examinó. Ya sabía que iba a ser algo así, pero vi cómo la cola caía sobre la encimera cuando terminó de leer la descripción. Miró a Mordecai.

—¿Yo también puedo ir?

—Lo siento, chica. Parece que solo han invitado a Carl.

D ÓNUT : ZEV, ¡YO TAMBIÉN QUIERO IR!

Z EV : Lo siento, Dónut. No depende de mí. Solo lo permiten con cuatro mazmorreros y ya los han elegido.

D ÓNUT : ¿QUIÉNES SON?

C ARL : Repito que yo estaré encantado de darle mi puesto a Dónut.

Z EV : Yo no tomo esas decisiones. Hablamos luego.

Dónut gruñó algo en voz muy baja.

—Venga, Dónut —dijo Katia—. Nosotras nos iremos de compras.

Dónut la miró con gesto de sospecha.

—Al final vas a dejar el grupo de verdad, ¿no?

—Sí. Tenemos que hacerlo, Dónut. Cada vez que os dan una misión, yo también la recibo. Y pronto empezaré a recibir las mías.

—¿Podré visitarte de igual manera?

—Claro que sí —aseguró Katia—. Estaremos puerta con puerta. Será como mudarnos a una ciudad más grande.

—Vale —dijo Dónut al fin.

Katia extendió el brazo y le rascó la cabeza.

—Muy bien. Esperad, voy a decirle a Imani que os envíe la invitación.

Mientras nos poníamos a ello, me coloqué a un lado de la encimera y empecé a prepararme un sándwich en el sintetizador de comida.

Me senté junto al Mazo, quien estaba por allí contemplando el infinito.

Los monstruos de roca se habían cansado al fin de la recreativa de Frogger .

Yo necesitaba ponerme manos a la obra. Tenía que construir algunas cosas para el asalto al castillo de las náyades.

Y también teníamos que pasar algo de tiempo con los PNJ locales antes de dirigirnos hacia el sur y hacernos con el siguiente gran asentamiento.

Además, necesitaba visitar el club Desperado y el club Vencedor.

Este último lo estaba retrasando, porque sabía que iba a suponerme algunos problemas para los que no tenía tiempo aún.

El séquito de la Princesa Dónut ha pasado a formar parte del gremio Hogar Seguro de Yolanda.

El grupo que controla el gremio es el Equipo Meadow Lark.

La maestra gremial es la mazmorrera Imani C.

El gremio tiene nivel 7.

Hay seis grupos unidos a este gremio, con un total de 63 mazmorreros.

El nombre hizo que se me formase un nudo en el estómago. A pesar de la diferencia de edad, Yolanda había sido una de las mejores amigas de Imani.

A la izquierda de la puerta que daba al exterior, apareció de repente una nueva. Tenía el nombre ZONA COMÚN DEL GREMIO .

Tienes varias mejoras disponibles para tu zona personal.

—No coloquéis nada hasta que Katia salga del grupo —advirtió Mordecai.

—Mongo —gritó Dónut—. ¡Hay un establo para mascotas!

Un par de puertas de granero aparecieron a la izquierda de la nueva salida.

Tus camas han mejorado a Instacatre 60.

—¿Qué acabo de decir? —preguntó Mordecai.

—Cagondiós —gruñí. El «Instacatre» era la segunda mejor cama del mercado.

Nos dejaba descansados con solo sesenta segundos de «sueño».

También cambiaba la mejora Buen descanso a Descanso reparador y proporcionaba una bonificación del 15 % a nuestras estadísticas durante el resto del día.

Aun así, lo odiaba. Lo odiaba con toda mi alma.

Una explosión distante hizo temblar el espacio personal en ese momento.

—¿Qué ha sido eso? —pregunté—. ¿Tenéis alguna zona de entrenamiento o algo así ahí fuera?

—No creo que eso haya sido en la zona común —comentó Katia.

Algo golpeó la puerta con fuerza. Se oyó la voz amortiguada de Clint al otro lado.

—Será mejor que mováis el culo hasta aquí. ¡Nos atacan!

—Ni siquiera me ha dado tiempo de ir de compras —gruñó Dónut mientras atravesábamos la puerta a toda velocidad para salir a Villa Mongo.

Salté al pasillo. El bar estaba lleno de osunos que no paraban de gritar.

—¿Quién? —chillé—. ¿Quién nos ataca? ¿Son los dinosaurios o…?

Me quedé en silencio cuando al fin vi a Clint esperándonos junto a la puerta.

—Vamos, vamos —dijo al tiempo que hacía un ademán con su mano, ahora palmeada.

Había cambiado. Tenía la misma altura, pero el tipo, que ya era ancho, se había vuelto más corpulento aún. Estaba cubierto por un pelaje marrón de aspecto aceitoso, incluso en su cabeza antes calva.

Se había transformado en un puñetero castor.

Un par de paletas le sobresalía de su boca de roedor y ahora ceceaba al hablar. Iba sin ropa. Me fijé en su cola alargada y plana, que parecía una lengua muy ancha.

—Carl —susurró Dónut—. Se ha transformado en un castor de verdad. Es asqueroso.

—Sí que lo es, sí.

—¿Os vais a quedar mirándome el culo o vais a ayudarnos a matar algunos elfos?

Esos idiotas han fabricado una especie de fundíbulo o catapulta mágica que han apostado en mitad del bosque y están usando para lanzarnos bombas de veneno.

—Negó con su cabeza de castor—. Bombas de veneno a campanas funerarias.

Es como intentar atacar mongoliensis tirándoles salchichas. Inútiles.

Otra explosión hizo temblar el asentamiento, esta a varias calles de distancia.

—¿Cuántos son? —pregunté.

—Pues ni idea. Están disparando desde muy lejos.

—Hum… —dije. De repente, se me ocurrió algo. Era una idea ridícula—. Espera. Voy a buscar una cosa.