13. Yogur helado
—¡Campeona!,
¡CAMPEONA!,
¡CAMPEONA!, ¡OE, OE, OE!
Sara abre los brazos en el aire como si dirigiera su propia orquesta y Noa y yo cantamos con ella, entre risas.
No soy campeona AÚN . Solo me he clasificado para poder competir en el torneo de mis sueños. Pero me siento como una, la verdad.
Sara da un salto y se pone de pie en el banco de la terraza de la heladería.
— ¡OE, OEEEEEE!
Noa y yo la miramos desde abajo.
—Anda, bájate —le digo riendo.
El de seguridad nos está mirando como si fuera a echarnos.
—Baja, que te matas —insiste Noa.
Sara no protesta. Desciende de un salto, se sienta y deja sus bolsas en el suelo.
En cuanto han terminado las clasificaciones, como celebración mi madre nos ha traído al centro comercial. Y aquí estamos, a punto de merendar un yogur helado gigantesco.
El mío tiene nubes, sirope de fresa y un poco de dulce de caramelo. El de Noa, kiwi, fresas y chips de chocolate de color verde. Y el de Sara, sirope de chocolate, trocitos de chocolate y galleta.
Cuando ya están las tarrinas casi vacías, y después de la emoción del día, Noa estira las manos para coger las mías a través de la mesa.