La Martuky – Es mi momento 12. Escucha
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12. Escucha

La plaza vuelve a estar llena hasta los topes. Veo a mucha gente a la que reconozco, pero también gente a la que no. Algunas personas hablan por teléfono y otras se hacen fotos.

Lo más impactante es que…

— Oye, eres Martuky, ¿verdad?

Cuando me giro, veo a una chica que debe tener más o menos mi edad. Lleva el móvil en la mano y parece que le da algo de vergüenza hablar más alto, aunque estemos rodeadas de un montón de gente.

—¿Nos podemos hacer una foto contigo?

Alucino.

— ¿Conmigo?

—¡Sí!

—Hombre, pues claro.

Cuando ella y su amiga se van hacia la gradería, sigo alucinada.

—Te dije que eras famosa —suelta Dani, que aparece de la nada. Siempre consigue pillarme por sorpresa—. ¡Y ya verás cuando te clasifiques!

Abro los brazos y grito, emocionada. Estoy más motivada que nunca, en esta clasificación. Él también está muy contento. Ninguno de los dos imaginaba que la cosa iría así, pero… ¡qué ilusión!

Estoy tan ilusionada que no estoy ni nerviosa, ni siquiera cuando me acuerdo del abrazo que le di ayer en el ring .

Cuando me despido de Dani, oigo que alguien me llama desde las escaleras del ring :

—¡Martuky!

Es mi entrenador; mi turno debe ser pronto. Me acerco para las últimas indicaciones y es entonces cuando los veo.

Entre el público, me fijo en Anabel y su hermano Juanjo. Se me encoge el corazón. Luego me da rabia. Me enfado. Resoplo. ¿Qué hacen ahí?

¡QUÉ MANÍA! ¿Por qué no me dejan en paz?

—¿Pasa algo? —me pregunta el profe.

Encima, Anabel tiene el móvil encendido.

—¿Es por lo que me contó David de la cuenta que te molesta? —insiste mientras pone una mano en mi hombro—. Martuky, eh.

Miro al profe con un nudo en la garganta.

—Escúchame —dice el profe—. Mira por ahí, ¿ves?

Cuando señala, sigo su dedo. Al otro lado del ring están Dani, Laura y el resto de los compañeros del gimnasio. Laura alza los brazos para mandarme ánimos.

Más allá, en las gradas, está mi madre. Y con ella están Noa y Sara, que llevan un par de carteles con mi nombre. ¡No me lo puedo creer!

—¿Oyes eso?

Empieza muy bajito, pero pronto se entiende: la gente ha empezado a corear mi nombre. Quizá se han dado cuenta de que tengo dudas. Sí, puede que Noa y Sara, que lo empiezan todo, estén intentando recordarme algo.

—Presta atención a lo importante —sigue mi profe—, y disfruta del combate, ¿vale?

Y, dicho eso, me ayuda a saltar al ring .

Pongo un pie en el cuadrilátero y lleno el pecho de aire.

Tienen razón.

Mis amigos, mi madre, mi profesor.

Me acerco a mi contrincante, que se llama Noelia, y le deseo lo mejor. Chocamos los guantes de boxeo: los míos son rosas y los suyos, negros. Ella también está nerviosa. Le digo que no se preocupe, que todo es empezar.