4. Los nervios
La plaza que hay delante del gimnasio está llena hasta los topes. Creo que nunca había visto a tanta gente antes. Ahora el boxeo se ha vuelto un poco más popular que hace un par de años.
Cuando empecé no lo era, y a veces tiene super mala fama.
La gente cree que es un deporte muy violento, y siempre ponen mala cara cuando les digo que hago boxeo. Por eso tampoco se lo cuento a mucha gente.
Pero no es así para nada.
El boxeo es tan chulo… A veces es como bailar, y a veces es más que eso: te sientes fuerte, te sientes poderosa. Te sientes capaz, y presente. No es como leer un libro, que necesita de tu imaginación.
Eres tus manos, tus pies en el suelo del ring .
Por suerte, la gran mayoría de los espectadores de hoy son amigos o familia de alguien. No hay nadie que venga a poner mala cara o a santiguarse.
Levanto una mano para devolver el saludo a mi madre, que se encuentra en las gradas que han montado los profes. Me enseña los pulgares con la intención de animarme.
Le hago el mismo gesto con una sonrisa tensa.
Tiago y Lucas están luchando en el ring por un puesto en el torneo. Pero, a juzgar por lo rápido que me va el corazón, yo llevo dentro mi propio combate.
Reviso que tengo la botella de agua, que tengo los guantes. Repaso la información del torneo : mi primera contrincante es Laura. Apenas lleva unos meses apuntada a las clases, pero…
No puedo parar de mover la pierna.
—Martuky, tía. —Dani me pone una mano en la rodilla—. ¿Estás bien? Vas a hacer un agujero en el suelo.
Estamos sentados en uno de los bancos alrededor del ring , con el resto de los alumnos de boxeo. Él compite en otra categoría, pero siempre entrenamos juntos porque sabe que me gusta exigirme el máximo. Además, siempre me hace reír entre golpe y golpe.
—Pfff, pues claro que estoy bien.
—Ya lo veo, ya… —se burla.
Le saco la lengua.
—Bueno, vale, estoy MUY nerviosa, sí, y… ¿qué pasa?