La Martuky – Es mi momento 1. El incidente del vestuario
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La Martuky – Es mi momento

La Martuky – Es mi momento

Por La Martuky

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1. El incidente del vestuario

No puedo perder.

No pienso permitirlo.

Atrapo el balón que me lanza Miguel contra el estómago para asegurarme de que no tocará el suelo jamás. No pienso quedar eliminada.

—¡Vamos, Martuky! —gritan mis compañeros—. ¡No dejes que se escape! ¡Dale, dale!

Al otro lado de la línea, Miguel chasquea la lengua y se prepara para el contraataque. Aunque le tiro la pelota todo lo fuerte que puedo, la esquiva con agilidad. ¡Es tan rápido!

—Uy…

—¡Casi!

El resto de mis compañeros de clase están desperdigados por el exterior del campo de balón prisionero: algunos a mi favor y otros en mi contra .

Hay solo tres balones en circulación, porque el resto han salido de la zona de juego.

Los últimos en pie somos Miguel Velasco, el chico más rápido de la clase, y yo.

— ¡Anabel, tía…! —me quejo.

Anabel está hoy en mi equipo, pero la eliminaron hace un rato. Se ha sentado en la esquina del campo contrario sin ninguna intención de ayudar al equipo a ganar.

—¡El balón! —insisto, cuando le pasa uno por al lado sin que haga ningún gesto para cogerlo.

Me fusila con la mirada y me pone esa cara de asco suya… Y yo resoplo y lo dejo pasar.

No me quiero cabrear.

En nuestra versión del balón prisionero, cuando te golpean con el balón, te toca quedarte de pie alrededor del límite del campo de juego.

Una vez que estás «muerto», te encargas de mantener los balones en circulación.

Si un balón se escapa más allá de la línea externa, no puedes ir a buscarlo, así que… ¡ya solo quedan dos en circulación!

¡Muchas gracias, Anabel!

Oigo una voz que llama mi nombre y no llego a ver quién me pasa uno de los balones. Sea como sea, salto y lo atrapo. ¡Menos mal!

Escucho el ruido de las zapatillas de mi contrincante. Cuando vuelvo a tocar el suelo, sé que esta es la definitiva.

Vamos a ganar. Voy a ganar.