La Marea de tu Memoria CAPÍTULO 5 - HORIZONTE #3
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CAPÍTULO 5 - HORIZONTE #3

—Ven aquí —murmuró.

Me acerqué lo suficiente para que pudiera sujetarme del neopreno y atraerme hacia ella. Nos besamos despacio en mitad del mar, con el agua balanceándonos alrededor y el sol calentándonos la piel mojada. Cuando nos separamos, Lauren apoyó la frente contra la mía.

—Creo que me gustas un poco.

Solté una pequeña risa.

—¿Solo un poco?

—No te emociones.

La miré directamente a los ojos y pensé algo que no dije en voz alta.

Que quizá el amor verdadero no se parecía a los de las películas. Quizá se parecía más a esto: una mañana cualquiera, las risas y  alguien mirándote como si volver a ti siempre fuera su hogar.

La lluvia golpeaba suavemente las ventanas del salón mientras la película avanzaba hacia su final.

Lauren estaba tumbada sobre mí, con las piernas enredadas entre las mías y una manta cubriéndonos a medias.

La luz azulada de la televisión iluminaba intermitentemente el salón, proyectando sombras suaves sobre las paredes.

No estaba prestando demasiada atención a la película o al menos no hasta aquella escena.

El protagonista aparecía en una estación de tren, con una maleta en una mano y esa expresión típica de quien cree estar tomando una decisión noble mientras destroza algo importante.

Frente a él, la mujer que amaba intentaba contener las lágrimas mientras le preguntaba si de verdad valía la pena marcharse.

Él hablaba de oportunidades, de crecer, de avanzar, ...

Ella hablaba de quedarse y defender la vida que habían construido como quien protege una llama del viento.

Lauren levantó ligeramente la cabeza para mirar la pantalla.

—Yo creo que él tiene razón.

Giré apenas el rostro hacia ella.

—¿En abandonar a la persona que quiere?

—No la abandona —respondió—. Está intentando construir algo mejor para ambos.

Fruncí ligeramente el ceño.

—O es lo que dice para no sentirse culpable.

Lauren soltó una pequeña risa.

—Qué dramático eres.

—No, pero en serio —continué—. Si algo funciona… ¿por qué cambiarlo?

Ella me observó unos segundos antes de responder.

—Porque quedarse quieto también puede romper las cosas.

La lluvia siguió golpeando el cristal detrás de nosotros. En la pantalla, la protagonista lloraba mientras el tren empezaba a marcharse.

Lauren apoyó el mentón sobre mi pecho.

—A veces avanzar da miedo —dijo—. Pero eso no significa que esté mal.

Me quedé callado un instante.

—Supongo que depende de lo que tengas que dejar atrás —murmuré.

Lauren me observó con atención.

—¿Tú nunca te irías?

La pregunta quedó suspendida entre nosotros y el ruido de fondo de la televisión.

Bajé la mirada hacia ella. A su pelo cayendo sobre mi brazo, a sus dedos jugando distraídamente con la tela de mi camiseta y a la tranquilidad con la que estaba ahí, encima de mí, como si aquel lugar le perteneciera.

—No lo sé —admití al principio.

Lauren no apartó la mirada, simplemente esperó como siempre hacía cuando intuía que había algo más debajo de mis palabras.

Tragué saliva lentamente.

—Supongo que… si fuese él… —empecé.

La frase salió más baja de lo que pretendía.

—Si fuese él, no podría pensar cuánto tiempo duraría nuestra relación. Solo en que, si terminara, no sabría volver a ser quien era antes.

Lauren dejó de mover la mano.

La miré directamente.

No hubo respuesta inmediata y el salón pareció quedarse todavía más silencioso. Ese silencio extraño que aparece cuando alguien toca una verdad demasiado grande.

Lauren bajó la mirada un instante y luego volvió a levantarla hacia mí, más despacio esta vez.

Había algo vulnerable en sus ojos, algo que casi nunca enseñaba.

Se incorporó apenas lo suficiente para acercarse más y apoyar el cuerpo completamente contra el mío.

Entonces la abracé, con fuerza. Lauren escondió la cara en mi cuello y sentí su respiración cálida contra la piel.

—Aday… —murmuró.

Pero no terminó la frase.

Deslicé una mano por su espalda lentamente, sintiendo cómo se relajaba poco a poco entre mis brazos.

La película seguía avanzando en la televisión: los personajes discutían, lloraban y se despedían. Pero nosotros ya no la estábamos viendo.

Lauren levantó apenas la cabeza.

—A veces pienso demasiado en el futuro —admitió en voz baja—. En todo lo que podría pasar, en todo lo que podría cambiar.

La observé en silencio porque yo también pensaba en eso… más de lo que debería.

—Y eso te asusta —dije.

Ella asintió apenas.

—Sí.

Deslicé los dedos entre su pelo húmedo todavía por la ducha de antes.

—A mí me asusta más perder lo que ya tengo.

Lauren cerró los ojos un instante y después sonrió levemente contra mi piel.

—Somos un desastre.

—Un poco.

—Tú quieres congelar el tiempo.

—Y tú correr hacia delante.

—¿Y cómo funciona eso?

Pensé unos segundos y luego besé suavemente su frente.

—Supongo que porque, al final… siempre terminamos encontrándonos a mitad de camino.

Lauren soltó una pequeña risa cansada.

Luego volvió a acomodarse encima de mí mientras el sonido de la lluvia llenaba el salón y durante un largo rato nos quedamos así: abrazados, en silencio.