CAPÍTULO 2 - RECUERDOS #2
nunca había visto algo así. ¿Cómo surgió la idea?
Lau: Menuda frase más cutre hahaha.
Yo si que quiero saber como te surgió esa idea.
Con el paso de las semanas, nuestras conversaciones se volvieron una rutina natural.
Hablábamos de todo: del mar, de libros, de nuestros lugares favoritos en la isla, etc.
Incluso a veces, en el silencio de la noche, sonreía frente a la pantalla, sintiendo que aquella chica que había conocido por casualidad en la playa se estaba convirtiendo en algo más que un simple recuerdo del verano.
No sabía exactamente qué era lo que más me atraía de ella —quizás su forma de vivir, o la calma que transmitía cuando hablaba del mar—, pero lo cierto es que, sin darme cuenta, me volví un adicto a intentar desvelar quién era realmente.
Y poco a poco, termine esperando cada mensaje suyo como si con él el día cobrara un nuevo sentido.
Iriome, que llevaba un rato observando cómo miraba de reojo el teléfono, soltó una carcajada.
—Definitivamente estás en las nubes, Aday —dijo subiendo el volumen de la radio.
Conducía de camino a la universidad mientras escuchaba un mix de música totalmente variada a todo volumen. A mi lado, Iriome movía la cabeza al ritmo de la música. Siempre ha sido una persona alegre, de esas que consiguen que te encuentres a gusto a pesar de las adversidades.
Estacioné mi coche en el aparcamiento de la universidad que estaba a rebosar de estudiantes entre encuentros tras el verano, alumnos nuevos y pequeños grupos de los clubes.
Este año había un ambiente más alegre y sociable en la universidad; o quizás, solo era mi percepción porque sabía que Lauren estudiaría aquí y podríamos coincidir en algún pasillo.
Durante una de nuestras conversaciones, me contó que iba a comenzar a estudiar gestión y negocios internacionales en la Universidad Guanarame.
Podría haberle dicho en aquel momento que yo estudiaba la misma carrera en esa universidad pero decidí reservarme.
La idea de darle una sorpresa me gustaba todavía más.
—Oye, Aday,... —dijo Iriome, haciendo señas frente a mis ojos—. Tierra llamando a Aday, ¿hola?
—Perdón… estaba pensando.
—¿En la chica de la playa? ¿Cómo se llamaba…? ¿Lauren?
—Si. D-digo, no… Simplemente ahora que empezó el curso tengo muchas cosas en la cabeza.
Me miró de arriba a abajo.
—Ya veo... Bueno, esta es mi clase. Nos vemos luego, ¿no?
– Claro. Hasta después.
Iriome tenía una reunión con el consejo de estudiantes, del que era portavoz.
Yo me dirigí a la clase 1-103-3 y, tras dar una vuelta por la sala, me senté en mi sitio favorito, última fila y al lado de la ventana, y me acosté reposando mi cabeza sobre la mesa.
Al poco tiempo empezaron a llegar varios alumnos, entre ellos Asier quien se sentó a mi derecha.
Llevaba unos pantalones negros, una camiseta blanca y una chaqueta vaquera oscura desabrochada.
—Hey, Asier, cuanto tiempo. ¿Qué tal por Alemania?
Sus ojos verdes se depositaron en mí
—Hola, Aday. Pues estuvo bastante meh.
—Meh… eh.
Se tocó su pelo corto despeinandose todavía más y sacó su bloc de dibujo para hacer un sketching antes de que empezaran las clases.
Aunque no lo pareciera, éramos amigos. La cuestión es que Asier era de pocas palabras.
Un poco más tarde llegó Noa, mi mejor amiga, vestida con unos pantalones largos verdes, algo holgados, y una camiseta negra bastante ajustada.
La conocía desde que tenía memoria, nuestros padres trabajaban juntos y se llevaban bastante bien.
—Aday, ¡No sabes cuanto te he echado de menos!
Me levanté de la silla y le di un abrazo.
—Yo también, Noa. ¿Te gustó trabajar en un crucero?
—Fue una experiencia inolvidable, ojalá hubieras venido.
Regresé a mi sitio y ella se acomodó en el de enfrente, girando la silla para quedar cara a cara.
Continuamos la charla entre anécdotas de su trabajo de verano y lo que yo había hecho durante las vacaciones.
Estuvimos saltando de un tema a otro hasta que el timbre dio inicio a la clase.
Entonces, apareció el profesor. Un hombre de apariencia relajada que tenía el pelo recogido con una coleta, unas gafas circulares y ropa holgada.
No parecía muy mayor, yo diría que estaba en su adultez.
Cerró la puerta de la clase y todos los alumnos se sentaron correctamente en su sitio. Algunos empezaron a prestar atención y otros siguieron a lo suyo, en los que me incluyo, me distraje mirando el paisaje hasta que llamaron a la puerta y una chica entró con prisas.
—Siento llegar tarde, no encontraba la clase —dijo.
Era ella, Lauren.
Al principio no la reconocí cuando la vi con el pelo suelto pero, esa voz…, ese tono…, se me había grabado en el alma desde aquel encuentro nocturno en la playa.
CAPÍTULO 2 - RECUERDOS
El recuerdo cambia.
Un aire fresco envolvió el interior de la librería cuando Lauren entró.
Estaba vestida con una chaqueta vaquera y un vestido blanco que le quedaba precioso.
Desde que habían empezado las clases venía casi todos los días.
Durante esas dos semanas, me quedaba mirando por la ventana cada turno y preguntándome si vendría.
Ella se dedicaba a echar un vistazo por la tienda mientras yo atendía a los clientes o reponía las estanterías.
No sé si lo hacía porque buscaba algo en particular o si simplemente le gustaban las librerías. Tal vez… venía a verme a mí.
Moví un libro de la estantería y, entonces, pillé el brillo de sus ojos verdes a través del hueco, mirándome fijamente desde el otro lado. Nos quedamos callados. Entonces, ella sonrió y, justo cuando creí que estaba a punto de decirme algo, la oculté de mi vista colocando el libro de nuevo.
Agarré una caja con más libros que tenía al lado y me dirigí a la trastienda rápidamente. Cerré la puerta y me apoyé en ella.
¿Qué me pasaba?, ¿Por qué no le había sonreído ni nada?
En los últimos días, cada vez que me sonreía, los nervios recorrían todo mi cuerpo y las mejillas se me sonrojaban. Pero, tenerla cerca me alegraba y, verdaderamente, era lo que más disfrutaba por aquel entonces.
Tras pensar en ello, me armé de valor para salir. Pero, cuando volví a la parte de fuera, noté que ya se había ido por lo que decidí dirigirme al mostrador donde encontré algo que no estaba ahí antes: una gerbera rosa de papel.
Le doy la vuelta entre mis dedos y admiro los pliegues.
¿Lauren lo ha dejado aquí?
Unos días más tarde, entré en una ruidosa cafetería de Arrecife, “Entre sorbos”.
Aunque servían un café bastante normal, solía pasarme de vez en cuando porque ella trabajaba allí.
Habían mesas redondas sobre un suelo de madera alrededor de las cuales se congregaban adolescentes sacándose fotos y bebiendo de tazas de cerámica.
Oí la voz de Lauren antes de verla al otro lado de la barra atendiendo a un cliente. Llevaba el pelo recogido con un moño.
Me dirigí a una mesa en la otra punta de la cafetería y deje las cosas encima.
Me tomé mi tiempo sacando mis cuadernos de dibujo mientras me animaba a acercarme a ella, aunque solo fuera para pedir algo de beber.
Pero, cuando alcé la vista de la mesa, la encontré ahí, a mi lado con una taza humeante en la mano.
– Eh…! —Me sobresalté al verla a mi lado. Olía levemente a canela —. Esto no es mío.
– Lo sé, pero fue lo que pediste la última vez —respondió Lauren, dejándolo sobre la mesa de todas formas —. Un chocolate caliente con sirope de fresa, ¿verdad?
Mire la taza, la barra a rebosar y después otra vez a ella.
– ¿Te pago aquí mismo?
Ella se río.
– No, este lo invita la casa, no te preocupes.
– Ah. —Nos quedamos callados. «¡Di algo, Aday!».
– Te puedo preparar otra cosa, si no te apetece.
– No, está bien... Es decir, gracias.
– De nada —responde con una sonrisa mientras se mete las manos en los bolsillos del delantal.
Tomé un sorbo del chocolate y me quemé la lengua, estaba ardiendo. Volví a dejar la taza en la mesa y alce la vista hacia Lauren deseando que no se hubiese dado cuenta. Pero ahí estaba, mirándome fijamente mientras sonreía.
– ¿Alguna vez te han dicho que eres muy mono?
– Con ese uniforme tu si que eres mona... —susurré.
Volvimos a quedarnos en silencio y ella seguía ahí. No sabíamos qué decir, así que pasee la mirada por la cafetería.
– ¿Estás en el descanso?
Lauren se quedó mirando la barra a la vez que se frotaba la cara.
– El gerente no ha venido hoy, así que supongo que sí —me contestó con una sonrisa pícara.
– Seguro que más que merecido.
– Sería el quinto que tomo en lo que va de turno, pero no los cuento ni nada.
Ambos nos echamos a reír y yo me relaje un poco.
– ¿Te importa si me siento contigo un rato? —me preguntó.
– Claro. —Aparté las cosas y ella tomó asiento en la silla junto a la mía.
Nos quedamos sentados hablando de la universidad, de las asignaturas que cursabamos y de pequeños detalles personales; ella tenía un hermano estudiando en Hawai, le gustaban los musicales y el surf.
Yo le comente antigua afición por el surf, ella se río y empezamos a hablar acerca de este hobbie. En ningún momento me pregunto porque ya no lo practicaba, cosa que agradecí.
Unas horas después, ambos nos reíamos y hablábamos como viejos amigos.
Fuera, el sol descendía, lo cual confería a su piel un tono dorado al contraste de la luz que se filtraba por la ventana.
Me resultaba complicado no fijarme en eso.
No nos dimos cuenta del tiempo que había pasado hasta que Noa entró por la puerta y me llamó.
El color anaranjado de su pelo contrastaba con el vestido negro que llevaba.
Entonces, pasó un brazo por mis hombros y me abrazó por detrás.
– ¿Y quién es tu amiga? —preguntó. Nos miramos y me dio la sensación de que estaba siendo borde.
– Lauren. Se acaba de mudar.
– Ah. ¿De dónde?
– Biarritz —respondió.
Lauren se me quedó mirando.