La marca del psicópata Capítulo 38
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Capítulo 38

Entró en la oscuridad, recorrió el lugar con el haz de la linterna para asegurarse de que no hubiera nadie y luego dirigió la atención al rincón sureste, donde divisó un altillo encajado entre las vigas.

Se apresuró hacia allí; a unos seis metros por encima de él, vio un descansillo, del que colgaba una escalera metálica; el último peldaño quedaba a la altura de los ojos.

Tiró de ella y cuando se convenció de que ese trasto desvencijado soportaría sus noventa kilos, trepó y empezó a subir.

Al llegar al descansillo, iluminó alrededor y vio un baúl metálico en un rincón. Terminó de encaramarse a la plataforma y se arrastró hasta allí.

Inspeccionó el baúl en busca de trampas o de cualquier señal de que abrirlo pudiera costarle caro, algo que jamás habría descartado tratándose de Francis Bernard. Por fin levantó la tapa y apuntó la luz al interior. Vio dos objetos en el fondo.

Cuando levantó el periódico para leer el artículo, una tarjeta grande cayó de entre las páginas.

Se deslizó entre la rejilla metálica y flotó hacia el suelo del almacén.

Con la foto de la mujer en la mano, Ethan se precipitó por la escalera, saltó los últimos peldaños y aterrizó con un golpe seco.

Encontró la tarjeta y enfocó la linterna para leer el mensaje escrito en letras mayúsculas, firmes y regulares:

Date prisa, agente especial Hall. Callie Jones está muerta y enterrada, pero el reloj corre para esta chica… tic, tac, tic, tac.