Todo #2
—Si acepto —dijo Airen—, ellos podrían quedar libres.
Logan no esquivó la pregunta.
—Durante un tiempo, quizá sí.
Kai la miró.
—Airen.
Ella no apartó la vista de Logan.
—Pero después no habría nada que lo detuviera.
—Exacto. Rael no quiere derrotarte. Quiere que seas tú quien cierre la única puerta que todavía no puede abrir.
Airen se alejó hacia el fondo del lugar antiguo. Nadie la siguió.
Se quedó de espaldas a todos, mirando la pared de piedra. Había grietas finas y sombras acumuladas en los bordes. El lugar había guardado demasiados secretos y demasiados intentos de contener lo que nadie sabía resolver.
Pensó en Logan creando algo hacía tanto tiempo que ya no encontraba una medida. Pensó en el precio: no morir, no vivir del todo, quedarse. Siglos de espera. Generaciones pasando delante de él. Personas que había protegido y perdido.
Pensó en su familia. En ella misma. En todas las veces que había creído que las manchas eran una condena privada, una rareza que la separaba del resto del mundo.
La primera deuda no era una condena. No del todo.
Era una decisión que había permanecido.
Pensó en Rael y en la oferta. Había utilizado a Kai, a Noa y a todos los demás para colocar delante de Airen una puerta que parecía sacrificio y en realidad era rendición.
La deuda seguía dentro de ella, agotada pero estable.
Se giró.
Logan la miraba desde el banco. Kai estaba de pie, a medio camino entre ella y los demás, como si hubiera tenido que obligarse a no acercarse. Noa había abierto los ojos del todo. Nico, Ethan y Liam también la miraban.
Todos esperaban algo que quizá ya sabían, pero necesitaban oír.
—No voy a ninguna parte con Rael —dijo Airen.
No hubo dramatismo en su voz. No hacía falta.
—Y no vamos a limitarnos a contenerlo ni a mantenerlo lejos unos años más. Vamos a encontrar la forma de detenerlo.
Ethan soltó aire despacio.
—No sabemos si eso es posible.
—Tampoco sabíamos si Airen podía obligarlo a retroceder —dijo Noa desde su rincón—. Y anoche lo hizo.
—Seis pasos —añadió Nico, casi sin levantar la cabeza.
Ethan lo miró.
—¿Los contaste?
—Me pareció importante.
Liam murmuró:
—Siempre tan poético.
Nico cerró los ojos otra vez.
—Me duele demasiado el hombro para responderte bien.
La pequeña grieta de normalidad no duró mucho, pero ayudó a que el aire volviera a entrar en el lugar.
Airen volvió hacia Logan y se sentó frente a él.
—Hay algo más —dijo Logan.
Sostuvo su mirada.
—¿Sobre la mujer?
—Sobre lo que descubrí mucho después. Sobre la línea que eligió la primera deuda y sobre por qué terminó llegando hasta ti.
Durante un instante, Airen quiso exigirle que continuara. Había esperado demasiado y Logan había callado demasiadas veces.
Pero Rael seguía fuera, aguardando una respuesta, y el amanecer estaba cerca.
—Me lo contarás cuando vuelva.
No fue una pregunta.
—Sí —dijo Logan—. Todo.
Cuando empezó a amanecer, Airen salió sola al exterior del lugar antiguo.
Esta vez nadie intentó detenerla.
Kai se levantó cuando ella pasó junto a él, pero Airen lo miró y negó despacio. No era una huida ni una entrega. Era una respuesta, y tenía que darla ella.
La puerta se abrió con su ruido bajo de piedra vieja y el aire frío de la mañana entró desde la calle.
Rael estaba allí. A la misma distancia que unas horas antes. Esperando, como había dicho que esperaría.
La luz empezaba a meterse entre los edificios. El cielo tenía el color gris claro de las horas en que la ciudad aún no había despertado del todo.
Airen salió y dejó que la puerta quedara abierta detrás de ella.
—No.
Rael la miró.
No hubo decepción ni sorpresa en su cara. Solo la confirmación de una posibilidad que ya había calculado.
—Sabía que existía esa respuesta.
—Entonces no hacía falta que esperaras.
—Sí hacía falta.
Airen sostuvo su mirada.
—Lo consideré.
Rael inclinó apenas la cabeza.
—Lo sé.
—Y después entendí qué me estabas pidiendo de verdad.
—También lo sé.
—Entonces sabes que la respuesta sigue siendo no.
Rael asintió una vez. No con resignación. Con aceptación.
—Entonces seguimos.
No sonó a amenaza, sino a una certeza fría.
Airen mantuvo la deuda dentro. No necesitaba extenderla.
Rael dio un paso, solo uno.
—Antes de que vuelvas dentro, quiero decirte algo.
—¿Otro intento de convencerme?
—No.
—Entonces dilo.
Rael la observó durante unos segundos. La luz del amanecer le marcaba un borde claro en la cara, pero no lo hacía más humano.
—La primera deuda se creó para que algún día alguien pudiera reparar lo que los Orath llevaban siglos alterando.
Airen no respondió.
—Logan esperaba que apareciera alguien capaz de hacer algo más que contenernos —continuó Rael—. Tú eres la primera que ha llegado tan lejos.
—¿Y me lo dices para asustarme?
—Te lo digo porque es verdad.
—Qué generoso.
—No confundas información con generosidad.
Airen apretó la mandíbula.
Rael siguió con la misma calma.
—No lo vas a conseguir.
—Anoche retrocediste.
—Sí.
—Entonces quizá no deberías estar tan seguro.
—Te falta demasiado. Llevas dentro la deuda más antigua que existe y todavía no sabes ni la mitad de lo que significa. Yo llevo siglos estudiando lo que tú acabas de empezar a comprender.
Airen no apartó la mirada.
—Y aun así viniste a pedirme que fuera contigo.
—Porque habría sido más sencillo.
—Para ti.
—Para todos, durante un tiempo.
—No me interesan tus tiempos.
Rael la observó con atención.
—El ciclo no se cierra solo porque hayas llegado tú. Se cerrará si encuentras la forma de hacerlo. Y todavía no la conoces.
Aquello sí la tocó. No porque sonara a amenaza, sino porque se acercaba demasiado a la verdad.
Rael se giró.
—Nos veremos pronto, Airen.
Empezó a caminar por el mismo camino por el que había llegado. La luz iba creciendo sobre los tejados, la calle húmeda y las fachadas oscuras que rodeaban el lugar antiguo.
Airen no se movió hasta que dejó de verlo.
Rael conocía el propósito de la primera deuda y sabía que Airen podía llegar más lejos que los portadores anteriores. Pero eso no significaba que su interpretación fuera completa ni que el ciclo dependiera de una única acción predestinada.
Todavía no sabía cómo detenerlos.
Logan le había contado de dónde venía la primera deuda, pero aún quedaba lo que había descubierto después sobre aquella mujer, la línea que la deuda había elegido y la razón por la que había terminado en Airen.
Y, más allá de todo eso, seguía faltando la forma de cerrar el ciclo.
Entró de nuevo en el lugar antiguo.
Todos la miraron.
Kai dio un paso hacia ella, pero se detuvo al ver su cara.
—¿Qué?
Airen miró a Logan. Después a Kai y al resto.
—Esto no ha terminado —dijo—. Y lo que viene ahora va a ser distinto a todo lo que hemos hecho hasta ahora.
Nadie preguntó por qué. Lo habían escuchado todo.
Kai se acercó y apoyó una mano en su hombro.
No fue consuelo. Fue presencia.
Airen cerró los ojos un momento.
La primera deuda seguía dentro de ella, estable.
La luz del amanecer entraba por la puerta y avanzaba poco a poco sobre el suelo de piedra.