Se acabó el tiempo
Pasaron seis días.
Desde fuera podían haber parecido tranquilos.
Dentro del lugar antiguo, los días se organizaron sin que nadie tuviera que repartir las tareas.
Ethan y Liam salían a vigilar, comprobar la nave y relevar a las personas de confianza que Logan había dejado atendiendo a los seis portadores.
Nadia y los otros cinco seguían vivos, pero no reaccionaban, y nadie se atrevía todavía a separar unas conexiones tras las que apenas quedaba rastro.
Nico rastreaba la ciudad cada tarde y Logan volvía una y otra vez a unos registros que ya conocía de memoria. No encontraron más cuerpos ni otro aviso, pero ninguno confundió aquel silencio con una tregua.
Rael les estaba concediendo tiempo. La única duda era cuánto.
Noa recuperaba poco a poco partes de sí misma, aunque todavía no terminaba de confiar en que todo lo suyo hubiera vuelto.
Airen entrenaba cada mañana en el fondo del lugar, unas veces con Kai delante y otras sola, cuando necesitaba probar algo que podía salir mal y no quería a nadie cerca si la presión regresaba hacia ella.
Kai no discutía siempre. Solo casi siempre.
Cada día Airen conseguía extender la deuda un poco más. Al principio apenas lograba sostenerla unos segundos fuera de sí misma; después empezó a mantenerla durante más tiempo, dirigirla y reconocer cuándo estaba a punto de replegarse.
No era cuestión de fuerza. Eso ya lo había entendido.
Era intención y precisión. Reconocer el espacio que los Orath habían alterado y devolvérselo a la persona antes de que ellos pudieran ocuparlo. No lanzar la deuda a ciegas ni utilizarla desde la rabia, sino llenar lo que habían vaciado y expulsar aquello que no pertenecía allí.
Todavía no estaba preparada del todo. Lo sabía. Pero estaba mucho más cerca que seis días antes.
Y, por primera vez desde que Rael había aparecido, Airen empezó a creer que quizá aquello podía bastar.
La rutina se rompió cuando empezaba a anochecer.
Nico estaba sentado cerca de la entrada, con una mano apoyada en la piedra y la mirada perdida en un punto que nadie más podía ver.
Rastreaba todos los días a la misma hora, siguiendo las conexiones que los Orath dejaban en la ciudad y cualquier concentración demasiado densa para pertenecer a un solo portador.
Aquella vez levantó la cabeza de golpe.
No hizo falta que dijera nada para que todos lo miraran. Kai se incorporó desde el banco en el que estaba sentado. Noa, que hablaba en voz baja con Logan junto a la mesa, se calló.
—Se están moviendo.
Ethan se apartó de la pared.
—¿Quiénes?
—Los cuatro.
El lugar quedó en silencio.
Logan dejó despacio el papel que tenía en la mano.
—¿Estás seguro?
Nico asintió.
—Rael, Seth, Mara y Axel. Juntos. El rastro es demasiado denso para confundirlo con otra cosa.
Liam se acercó a la entrada.
—¿Vienen hacia aquí?
Nico cerró los ojos de nuevo. La tensión le endureció la cara.
—No lo sé. Han cambiado de dirección varias veces, pero no intentan ocultarse. Puedo seguirlos con demasiada facilidad.
Ethan miró a Logan.
—Quieren que lo hagamos.
—Sí —dijo Logan.
Airen sintió que la deuda se movía dentro de ella, estable a pesar de lo que acababa de oír.
—Rael ha decidido que ya hemos tenido suficiente tiempo —añadió Logan.
Lo miró.
—No estoy preparada del todo.
No lo dijo como una excusa ni como una forma de pedir más tiempo. Era la verdad y necesitaban partir de ella, no de una mentira cómoda.
Logan sostuvo su mirada.
—Nadie lo está cuando llega el momento.
—Eso no ayuda mucho.
—No pretendía ayudarte. Pretendía ser sincero.
Kai soltó aire por la nariz.
—Vaya novedad. Justo hoy.
Logan ni siquiera lo miró.
Airen se volvió hacia Kai. Durante un segundo no necesitaron decir nada. Ambos sabían lo que significaba. Si Rael había reunido a los otros tres Orath, ya no habría más pruebas ni otro «mañana seguimos».
Lo que Airen supiera hacer tendría que bastar.
—Podemos elegir dónde enfrentarnos a ellos —dijo.
Ethan señaló la pared cerrada.
—Si vienen aquí, la entrada juega a nuestro favor. Esto no se abre como una puerta normal.
Noa negó despacio.
—Rael sabe utilizar los espacios cerrados.
Todos se giraron hacia ella.
Desde que había vuelto hablaba menos, pero, cuando lo hacía, nadie la interrumpía. Había cosas que no había aprendido porque se las contaran, sino porque había permanecido demasiado tiempo unida a la conexión de los Orath.
—Mientras estaba dentro, lo oí preparar más de un lugar —continuó—. Nunca entra sin saber cuántas salidas hay, quién puede bloquearlas y a quién puede colocar entre él y lo que quiere.
Kai cruzó los brazos.
—Entonces no lo esperamos aquí.
—Si salimos, perdemos la ventaja del lugar —dijo Liam.
—Y si nos quedamos, le damos paredes que controlar.
Airen miró a Nico.
—¿Puedes fijar dónde están?
—Necesito unos minutos.
—Hazlo.
Nico apoyó las dos manos en el suelo y volvió a cerrar los ojos. El esfuerzo se le notó enseguida en la cara y en la forma irregular de respirar mientras intentaba aislar un rastro que los demás no podían percibir.
El resto se preparó.
No había mucho que recoger. Llevaban días viviendo con lo mínimo y habían aprendido a no depender de nada que no cupiera en un bolsillo o en una mano.
Ethan revisó el móvil, las llaves y una navaja pequeña que llevaba desde hacía días y nunca mencionaba.
Liam comprobó la entrada y después volvió junto a él para hablar en voz baja de calles, accesos y puntos ciegos.
Noa se puso en pie.
Airen la observó.
Ya no era la Noa vacía del sofá, aunque tampoco había vuelto a ser exactamente la de antes. Había algo más duro en su quietud. Tal vez acabaría recuperándose por completo. Tal vez algunas consecuencias permanecerían. Pero seguía allí, y eso ya era mucho.
Kai se acercó a Airen.
—¿Cómo está?
Ella no necesitó preguntarle a qué se refería.
Cerró los ojos un instante y sintió la deuda. Estaba estable y más firme que nunca. No era perfecta, pero ya no parecía únicamente un peso.
Airen conocía mejor su dirección.
—Lista.
Kai la estudió.
—¿Y tú?
Airen abrió los ojos.
—También.
—Esa ha sonado menos convincente.
—Es la que hay.
Kai asintió. No tenían tiempo para otra respuesta.
Nico abrió los ojos.
—Los tengo.
El silencio se hizo de golpe.
—Están en la zona portuaria. Los cuatro juntos.
Liam frunció el ceño.
—¿Siguen moviéndose?
—No. Están quietos.
—Nos esperan —dijo Ethan.
Nico se puso en pie con dificultad.
—Y han dejado el rastro abierto hasta allí. Quieren que sepamos dónde encontrarlos.
Airen miró a Logan. Él no lo negó.
Rael había calculado cada paso: el portador muerto en la calle de Kai, los días de silencio y, ahora, los cuatro reunidos en un lugar hasta el que podían seguirlos.
Terreno abierto. Espacio suficiente para rodearlos y obligar a Airen a atender varias direcciones a la vez.
—Tendrán ventaja —dijo Liam.
—Casi toda —corrigió Noa.
Se levantó.
—No toda.
Kai la miró.
—Rael sabe que estoy aprendiendo a utilizarla —dijo Airen—, pero no sabe hasta dónde he llegado.
Logan caminó hacia la entrada y apoyó la mano en el punto de la pared que activaba el mecanismo. No lo presionó todavía.
—Esperará que ataques con ella.
—No voy a hacerlo.
—Por eso tienes algo que él no ha podido preparar. Los Orath saben vaciar, ocupar y resistir un golpe. No saben qué hacer ante algo que devuelve su espacio a la persona que están utilizando.
Airen sostuvo su mirada.
—Entonces con eso me vale.
Logan tardó un segundo en responder.
Había algo distinto en la forma en que la miraba, una mezcla de alivio y preocupación.
—No intentes abarcarlo todo a la vez —dijo—. Encuentra lo que no pertenece a cada persona y expúlsalo de su espacio.
Airen asintió.
Aquello sí podía hacerlo. O tendría que poder.
Nico se tambaleó al dar el primer paso y Liam lo sujetó del brazo sin hacer ningún comentario. Ethan ya estaba junto a la puerta. Noa se colocó cerca de Logan, pálida pero firme. Kai no se separó de Airen.
Logan presionó la pared.
El mecanismo respondió con un sonido bajo y antiguo.
La puerta se abrió y el aire de fuera entró frío.
La noche había terminado de caer mientras se preparaban. Más allá de la entrada, la calle estaba casi vacía, iluminada por las farolas y el reflejo húmedo del suelo.
Durante un segundo nadie se movió.
Airen dio el primer paso. Kai caminó a su lado. Después salieron Noa y Logan. Ethan, Liam y Nico fueron detrás.
La puerta del lugar antiguo se cerró a sus espaldas.
Si fallaban, tal vez no tuvieran ocasión de regresar.