5 La sorpresa
Mañana iba a pasar página para ser la novia ejemplar y fiel que debería haber sido toda mi vida.
Mariano no iba a saber nunca lo que había pasado en el pub ni en la habitación cutre de ese maldito hostal en el que había hecho cosas imposibles de contar, eso sería para siempre mi secreto, algo que iba a atormentarme cada día de mi vida hasta que me muriera.
Froté mi clítoris hinchado, deslicé los dedos por los gajos y llegué hasta el agujero de mi ano, noté que me escocía, que a pesar de la ducha debía tenerlo desgarrado o abierto y retiré el dedo de inmediato para centrarme en el placer, en correrme cuanto antes por si Mariano se despertaba que no me pillase en una situación tan incómoda y violenta.
Metí los dedos deprisa y una imagen apareció en mi cabeza, dos chicos me follaban, estaba tumbada en la cama y tenía uno entre las piernas mientras al otro le chupaba la verga.
El primero me llamaba “puta madrileña” embistiendo mi coño con su hermoso miembro, el otro follaba mi boca tirándome del pelo y dándome golpecitos en la mejilla con la punta del capullo.
Y yo disfrutaba como una perra, pero no era yo, era otra, era una mujer que no había conocido hasta ahora.
Sentía mucha vergüenza pero no podía evitar masturbarme en la cama metiéndome los dedos en el coño de forma violenta.
- Ummmmm. – gemí tumbada junto a mi novio -
Comencé a estremecerme, el placer me llegaba haciéndome temblar de la cabeza a los pies. Tuve un orgasmo maravilloso, pero al terminar solo me quedó la culpa, la imagen de la traición, de haber engañado a mi novio de la forma más inhumana y cruel.
Tenía que solucionarlo todo, no podía vivir sin Mariano, él era mi vida, el hombre al que amaba y por el que daría la vida, lo de esta maldita noche solo había sido un error que no se repetiría nunca.
Mis malditas amigas quizá habían influido en mí de alguna forma, me habían hecho pensar que debía follar con otro antes de casarme para apreciar mejor lo que tenía en casa con Mariano, pero todo había sido un error y ahora quería olvidarme de ellas, de sus malos consejos.
Lo medité unos minutos y lo tuve claro, a pesar de ser yo la culpable, iba a descargar parte de la culpa en mi novio, él era un amor y se haría responsable del error por haberme dejado sola con esos jóvenes de la despedida.
Por supuesto solo iba a reconocer el piquito que él vio que me daban en los labios, es lo único que había visto y por lo que podía culpabilizarme.
Sin darme cuenta me quedé dormida, y cuando por fin me desperté a las 11 de la mañana, miré a mi lado y la cama estaba vacía, Mariano ya se había levantado y no estaba tumbado a mi lado.
Me incorporé y fui a la cocina tan solo con las diminutas braguitas blancas que me había puesto ayer para dormir cuando llegué medio borracha.
Vi que Mariano estaba desayunando y me acerqué por detrás apoyando mis pechos en su cuello para darle un beso y provocarlo.
Mi novio retiró la cara de golpe dejándome asustada.
- ¿Qué pasa? Amor. – pregunté sorprendida –
Mariano dio un sorbo al café y me miró directamente a los ojos.
- Malena, tenemos que hablar. – dijo en tono serio –
Esa frase no me gustó nada y pensé que tenía que atacar, como ya dije antes, la mejor defensa siempre es un ataque, y más con un hombre que no conoce nuestras tretas.
- Ayer me dejaste sola. – exclamé fingiendo enfado – Me quedé tirada en el restaurante.
Mariano no respondió, solo levantó la vista esperando que continuase.
Eso me dejó descolocada, yo esperaba una disculpa, unas palabras pidiendo perdón por haberme dejado sola. Pero él volvió a beber de la taza.
- ¿No dices nada? – pregunté con tono alterado –
- ¿Debo decir algo? ¿Acaso debo disculparme? - respondió con tranquilidad –
- Hombre. – chillé subiendo el tono – Yo creo que es lo mínimo.
- Disculpa entonces. – dijo y continuó bebiendo tranquilamente de la taza de café que tenía en la mano –
La cosa iba mejor de lo que yo esperaba, si sabía manejarme bien, lo de ayer pasaría a la historia y nuestra relación se arreglaría para siempre, él seguiría siendo mi amor y yo me portaría como la mejor esposa y mujer durante todo nuestro matrimonio.
- ¿Y ya está? - pregunté poniéndome en el papel de ofendida – Me dejaste sola y te marchaste, te fuiste y no respondiste a mis mensajes.
- Ya. – contestó solamente –
Me puse nerviosa, su repuesta no eran lo que yo esperaba y deseaba matarle.
- Joder, Mariano. Te pedí que vinieses a buscarme.
Volvió a mirarme a los ojos, pero su frialdad me asustó, por primera vez creí que se guardaba un as en la manga y sentí verdadero terror de lo que pudiera responderme.
- Malena. – dijo y se quedó callado –
Esperé unos segundos y volví a preguntarle.
- ¿Por qué no viniste? ¿Por qué me dejaste sola en el pub tantas horas?
- Malena. – repitió de nuevo muy despacio – Fui al pub a buscarte.
Me quedé pálida de golpe. ¿De verdad había ido y yo no le había visto? ¿O acaso me estaba mintiendo?
Tenía que atacar otra vez para desarmarle.
- Eso es falso. - afirmé echándole un órdago – No estuviste allí, no te vi por ningún lado.
Volvió a mirarme con una frialdad que asustaba.
- Eso es porque estabas muy ocupada.
- ¿Có…cómo? - pregunté titubeante –
- Lo que has oído, Malena, estabas la mar de ocupada.
- No. – negué esperando que lo que iba a decir no fuese lo que yo pensaba –
Me miró con sonrisa irónica y continuó la frase.
- Pregúntale al que te estaba follando en el baño. – dijo y me dejó temblando – A él o a su amigo, los que salieron después a la calle a buscarme porque me vieron y estaban preocupados.
- No, mi amor. – dije con lágrimas inundando mis ojos – No puede ser, yo no… yo no.
- Shhh. – chistó para hacerme callar – No te preocupes, mi amor, se que tenías ganas de verme, oí como le pedias a ese cabrón que se diese prisa en correrse para venir a buscarme.
- Nooo, noooo. – negué llorando –
- Si, cariño. Fui yo quien aporreé la puerta del baño y no quisiste abrirme, fui yo quien quería salvar la relación aunque sabía que me habías traicionado. Pero en vez de salir de allí y pedirme disculpas, le pediste que te follase rápido.
- Ha… ha…ha sido…. ha sido un error, te juro que yo no quería.
- Claro, Malena. – soltó de golpe – Lo hizo él a la fuerza, te obligó.
- No… no… no es eso, es que..
- Malena, mi amor. – dijo muy despacio – El perro no entra en misa si la puerta no está abierta.
- No, cariño, yo solo te amo a ti, eres el hombre de mi vida, vamos a casarnos, yo no quería que pasase. – contesté sintiendo que me ahogaba -
- Claro que no querías, cariño. – respondió con sorna - Por eso te fuiste al hostal a seguir follando.
- ¿Có….. có….cómo lo sabes? – contesté pálida y a punto de desmayarme –
- Porque estuve toda la noche esperándote, tanto en el pub como en la puerta del hostal metido en el coche.
Me agarré a la encimera para no caerme, las palabras de mi novio eran una losa que me hundía en el barro irremediablemente.
Ya no tenía excusa, no podía defenderme de ninguna forma, la había cagado de la peor manera posible y solo me quedaba apelar a su amor, a los seis años de relación y a la boda que íbamos celebrar en pocos meses.
- Yo te amo con locura, eres el hombre de mi vida, al único que quise, quiero y querré siempre, perdóname cariño, te juro que esto no volverá a suceder.
Me miró y en sus ojos solo vi puro hielo, una sensación de frialdad que Mariano no había demostrado nunca.
Esperaba lo peor, que me dijese que no, pero aún mantenía la ligera esperanza de obtener su perdón por tantos años de relación, por tanto amor compartido y por el bien de nuestras familias que nos amaban a los dos con locura.
- Malena. Tienes toda la razón, no va a volver a pasar nunca.
– dijo y tomó aire – Nunca he querido a otra mujer, tú has sido mi norte, la que me ha acompañado a lo largo de estos seis maravillosos años como pareja cariñosa y fiel, a la que amo con todas mis fuerzas y por la que daría mi vida si fuera necesario.
- Gracias, mi amor. – contesté esperanzada – Yo te amo solo a ti, eres el amor de mi vida.
- Shhh. Déjame terminar. – pidió con tranquilidad –
- Si, si claro, disculpa. – contesté nerviosa -
- Pero hoy has rebasado una línea infranqueable, una línea que no admite el perdón porque no lo merece, me has engañado, me has traicionado, me has humillado y me has mentido intentando culpabilizarme.
- No, no, mi amor, yo… yo.... lo siento, de verdad, te quiero… te quiero tanto que no quería perderte.
Negó con la cabeza y me dijo lo que me dolió en el alma.
- No Malena. – dijo con parsimonia – Los dos vamos a perder.
- ¿Los… los dos?
- Si, tú vas a perderme a mí y yo he perdido seis años, seis años en los que podría haber conocido a una mujer que me mereciese, alguien que no me rompiese le corazón en pedazos como acabas de hacer tú ahora.
- Pero, Mariano. Yo te amo, solo ha sido un error que podemos olvidar con el tiempo, yo haré todo para que lo olvides para merecerte de nuevo y que me ames como antes.
Dejó la taza, se levantó de la mesa y me dijo al salir por la puerta.
- Esta casa es mía, la heredé de mis abuelos, tienes dos horas para recoger todas tus cosas y marcharte.
- NOOO, no me dejes, mi amor, sin ti no puedo vivir.
- Haberlo pensado antes.
- Pero… pero no me da tiempo de recoger, y ¿Dónde voy ahora?
- Puedes pedir a tu amigo del baño que te ayude, ese que te estaba follando y te gustaba tanto que volviste con él al hostal para que volviese a follarte. Dentro de dos horas vuelvo y no quiero verte. Y por favor, deja las llaves en el buzón cuando te marches.
- ¿Y la boda? ¿Los invitados? ¿El restaurante?
- Ya está todo anulado, solo falta que se lo cuentes a tus padres, los míos ya lo saben.
- No, mi amor, no me dejes, haré lo que tú quieras, todo lo que pidas te lo entregaré, pero no me eches de tu lado.
- Tienes dos horas. – dijo y salió por la puerta sin mirarme –
Estuve llorando un buen rato, había echado por la borda seis años de relación y había perdido al mejor hombre del mundo por un maldito capricho, por algo que ni deseaba ni necesitaba, por algo que no merecía la pena.
Fui a mi cuarto y llené la maleta y varias bolsas con toda mi ropa, después llamé a mi padre para que viniera a buscarme.
No le conté todo, no podía decirle que su hija era una cualquiera que se había follado a cuatro desconocidos en una noche, tan solo dije que habíamos discutido y me volvía con ellos a casa.
- Ya verás. - dijo mi padre – Mariano es muy bueno y te quiere, dentro de dos días, todo solucionado.
Eso me dio esperanzas, creí que mi padre tenía razón y mi novio me perdonaría y me pediría que volviese a casa con él.