Capítulo 95 — LO QUE VIENE DESPUÉS
LO QUE VIENE DESPUÉS
Apartamento de Sara Bermúdez, Madrid
—¿Qué vas a hacer ahora? —preguntó Sara, durante la comida, observando a Rubén con una curiosidad genuina sobre cómo pensaba reconstruir una vida que durante veinticuatro años había estado completamente organizada alrededor de un único objetivo, ya cumplido.
Rubén masticó despacio antes de responder, como si la pregunta, formulada con tanta simplicidad, requiriera en realidad una consideración mucho más profunda de la que su formato directo sugería.
—He pensado en terminar formalmente mis estudios de Derecho.
No para ejercer como abogado necesariamente, aunque podría considerarlo.
Más bien porque quiero entender si la disciplina que desarrollé dentro de prisión, estudiando casos ajenos durante tantos años, puede convertirse en algo útil para ayudar a otras personas en situaciones similares a la mía.
—¿Como una especie de defensor de causas de revisión penal?
—Algo así. Hay tantos casos como el mío, Sara.
Personas condenadas por sistemas que decidieron, por conveniencia o por presión política, cerrar una investigación demasiado rápido.
Si puedo usar lo que aprendí, lo que sufrí, para ayudar a que algunas de esas personas consigan lo que yo tardé veinticuatro años en conseguir, sentiría que todo este tiempo, por terrible que fuera, sirvió para algo más que mi propia supervivencia personal.
Sara sonrió. Aquella respuesta, ofrecida con una sinceridad que no necesitaba ningún adorno adicional, confirmaba exactamente el tipo de hombre que ella siempre había creído que Rubén era, debajo de toda la rabia acumulada de las últimas semanas.
—Me encantaría ayudarte con eso, si quieres. Tengo contactos, conocimiento del sistema, años de experiencia investigando casos similares.
—Me encantaría que lo hicieras. Aunque esta vez, espero, sin la urgencia desesperada de las últimas semanas organizando cada decisión que tomemos juntos.
—¿Y nosotros? —preguntó Sara, después de un momento, formulando la pregunta que llevaba días considerando sin atreverse del todo a plantearla directamente—. ¿Qué va a pasar con nosotros, ahora que ya no tenemos un caso compartido organizando cada minuto de nuestra relación?
Rubén la miró con una ternura que no había mostrado con tanta claridad en ninguna conversación anterior, tomándole la mano por encima de la mesa.
—Espero que sigamos exactamente donde estamos. Juntos, sin ningún caso pendiente entre nosotros, simplemente descubriendo qué se siente al construir algo nuevo, sin la sombra de mi pasado organizando cada aspecto de nuestra vida compartida.
Sara sonrió, sintiendo que aquella respuesta, sencilla pero genuina, representaba exactamente lo que necesitaba escuchar después de casi dos décadas dedicadas, en mayor o menor medida, a este caso que finalmente empezaba a transformarse en historia pasada.
—Hay algo que quiero proponerte —dijo ella, después de un momento—.
Quiero que escribamos un libro juntos. No un artículo más, ni una serie de reportajes.
Algo más completo, que cuente toda la historia con el detalle y la complejidad que merece, incluyendo las partes que decidiste no usar, como aquel documento que terminaste destruyendo.
Rubén consideró la propuesta en silencio, con una seriedad que reflejaba cuánto había cambiado su relación con su propia historia en las últimas semanas.
—¿Crees que la gente necesita conocer también esa parte? ¿La parte donde estuve a punto de convertirme en algo que no quería ser?
—Creo que esa parte es, quizás, la más importante de toda la historia. Porque demuestra que la justicia genuina requiere, a veces, resistir la tentación de la venganza fácil, incluso cuando esa venganza parecería completamente justificada desde cualquier perspectiva moral razonable.
—Entonces sí. Escribámoslo juntos. Toda la verdad, incluyendo las partes que no me hacen quedar como un héroe perfecto.
Terminaron de comer hablando de cómo estructurarían el libro, qué capítulos necesitarían más desarrollo, qué fuentes adicionales podrían consultar, sintiendo los dos que aquel proyecto compartido representaba exactamente el tipo de futuro que necesitaban construir juntos: no organizado alrededor de la venganza ni del dolor pasado, sino alrededor de la posibilidad de convertir esa experiencia en algo útil para otros que pudieran encontrarse, algún día, en circunstancias similares.
—¿Cuándo empezamos? —preguntó Rubén, recogiendo los platos vacíos de la mesa.
—Esta misma tarde, si quieres. No hay ninguna razón para esperar, ahora que finalmente tenemos tiempo de sobra para dedicarle a algo que de verdad importa, sin la presión de ningún plazo artificial pendiente sobre nuestras cabezas.
Rubén asintió, sintiendo una emoción extraña ante la perspectiva de convertir su propia historia, con toda su complejidad y sus contradicciones, en algo que pudiera servir de guía o de advertencia para otras personas atrapadas en circunstancias similares a las que él había tardado tanto tiempo en superar.