La luna que él no quería Capítulo cincuenta
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Capítulo cincuenta

Al cabo de un rato, alcé la mirada hacia Kaylo. No parecía feliz. Tal vez estaba triste por mí, pero tuve la impresión de que había algo más que lo inquietaba. Esperaba que no tuviera que ver con que yo hubiera besado a su hermano. En aquel entonces ni siquiera conocía a Kaylo.

—¿Quién es Ash? —preguntó.

—¿Por qué quieres saberlo? —respondí, confundida.

—Dijiste que el alfa Thomas estuvo a punto de matarlo la noche en que ibas a casarte con el hijo del beta Alden. También lo llamabas mientras estabas inconsciente —explicó.

Había algo en sus ojos que lo hacía parecer triste.

—Ash es el hijo del beta Alden. Crecimos juntos y su hermana gemela es mi mejor amiga —dije, como si eso lo aclarara todo.

—Ahora entiendo por qué querías marcharte con el beta Alden —murmuró.

Entonces comprendí cómo debía de ver él todo aquello. ¿Estaba celoso mi apuesto y engreído general?

—No es lo que piensas —dije.

Enseguida me di cuenta de que eso era exactamente lo que decía la gente cuando sí era lo que el otro pensaba.

Kaylo se rio, pero aún había tristeza en su risa, y sentí una punzada en el corazón.

—Ash es solo un amigo. Siempre ha estado a mi lado y nunca lo he besado. Eso solo pasó una vez, con Teddy —añadí, levantando las manos como para defenderme.

De algún modo, conseguí empeorar las cosas. Tal vez lo mejor sería callarme. Nada de lo que decía estaba ayudando.

—¿Estás celoso? —pregunté, incapaz de soportar el silencio.

—¿Sientes algo por mi hermano?

No sabía qué responder. Ni siquiera recordaba bien lo que había sentido por Teddy. Me había hecho sentir calor y sonrojarme. Quizá había despertado en mí sensaciones que jamás pensé que pudiera experimentar. Pero todo cambió cuando descubrí quién era en realidad y, después, cuando estuve con Kaylo.

Entonces advertí que seguía sin responder. Imaginé cómo debía de interpretar él mi silencio.

—Puede que sintiera algo por Teddy, aunque ni yo misma lo entendía.

Pero no tienes que preocuparte por eso. Me gustaba cómo me trataba y de verdad creí que yo también le gustaba.

Ahora sé que solo fingía. Durante un tiempo incluso llegué a convencerme de que quizá era mi compañero, aunque creía que mi compañero era el alfa Thomas —dije, haciendo que Kaylo me mirara.

—¿Y si no estaba fingiendo? ¿Y si lo que sentía era real? ¿Qué pasaría entonces? —preguntó.

—Nada cambiaría. Estoy esperando un hijo tuyo. Aquella visión me dejó traumatizada. No sabía qué era real ni qué sentía. Ni siquiera sé si esto es real —dije.

La voz se me quebró y rompí a llorar.

Kaylo me acarició el pelo y después el vientre. Al sentir su mano sobre mí, algo cambió. Comprendí que, aunque no estuviera segura de mis sentimientos, el bebé sí era real. Todavía era muy pequeño; mi vientre ni siquiera había empezado a crecer.

—Es real —susurró.

Me besó el vientre y apoyó allí la mejilla con cuidado. Extendí una mano para acariciarlo y sentí cómo se relajaba bajo mis dedos. Aquello que lo había atormentado parecía haberse desvanecido. Nos quedamos así un rato, hasta que nos atrevimos a hablar de nuevo.

—¿Por qué pensabas que el alfa Thomas era tu compañero? —preguntó, todavía algo desconcertado.

—Cuando desperté de la visión, tenía algo escrito en el brazo, pero no pude leerlo.

Desapareció antes de que la chamana pudiera traducirlo.

Ella dijo que era el nombre de mi compañero y que empezaba por «TH».

Pensé que se refería al alfa Thomas. Después de todo lo que había visto, tenía sentido —expliqué.

Kaylo pareció comprender algo de repente. Su sorpresa me llegó a través del vínculo y fue tan intensa que me dejó sin aliento. Entonces volvieron las náuseas y corrí al baño.

Vomité otra vez. Ya no sabía de dónde salía todo aquello. Me encontraba mal y podía sentir el miedo de Kaylo.

—Iré a buscar a la sanadora —susurró.

—No —dije, atrayéndolo hacia mí.

Parecía preocupado, pero yo sabía que la sanadora no podría hacer gran cosa. Ya había vivido aquello en mi visión. Estar embarazada no era fácil, y menos después de todo lo que habían sufrido mi cuerpo y mi alma.

—Quiero quedarme contigo —dije, acurrucándome contra su pecho—. Se me pasará.

Kaylo me llevó en brazos a la cama, me arropó con una manta y me mantuvo junto a él. Apoyé la cabeza sobre su pecho. Bajo mis dedos sentí los músculos de su abdomen y dejé que la mano bajara un poco más.

—Para que lo sepas, eres el único hombre al que he tocado ahí —dije, posando la mano donde lo había rozado por accidente la primera vez.

Esta vez lo hice a propósito.

Kaylo soltó un gemido y después se rio. Seguí acariciándolo, descubriendo cada parte de su cuerpo. Sentía crecer su deseo y los sonidos que hacía eran música para mis oídos.

—¿Está mal que vuelva a desearte? —susurré, alzando la vista hacia él.

Ya podía sentir que él también me deseaba. Lo veía en sus ojos, que habían empezado a brillar de nuevo.

—Por mucho que esté disfrutando de esto, creo que deberías descansar. Este embarazo te está afectando mucho —dijo.

Me apartó la mano con delicadeza. No pude evitar sentirme triste, aunque sabía que tenía razón. El agotamiento empezaba a vencerme.

—Prométeme que seguiremos cuando te encuentres mejor. Yo tampoco me canso de ti —susurró mientras me acariciaba el pelo.

Podía sentir su deseo. Algo volvió a florecer dentro de mí y sentí aquella fuerza que me atraía hacia él.

—¿Podemos quedarnos así? —pregunté, acomodándome sobre Kaylo con la cabeza apoyada en su pecho.

Él se rio y me acarició el cabello.

—Por supuesto, mi dulce esposa —respondió, divertido.

A través del vínculo sentí cuánto le gustaba llamarme así. Tiró de la manta para cubrirme y me quedé dormida entre sus brazos. Me sentía a salvo, protegida… y sentía algo más. No sabía qué era. Quizá aún era demasiado pronto.