CAPÍTULO XVII — El valor de un nombre #3
Un banco organizó una cena privada.
No.
Un foro en Nueva York.
No.
Laura preguntó:
—¿Por qué?
—No tengo tiempo.
Mentira.
• • •
No quería entrar en habitaciones donde alguien hubiera leído los artículos.
Ese era el verdadero motivo.
El hombre que durante años había medido su valor por la facilidad con la que podía dominar una sala ahora analizaba cada mirada.
¿Me reconoce?
¿Leyó?
¿Qué piensa?
• • •
Una noche estaba en un restaurante con Elena.
Dos hombres en otra mesa miraron hacia él.
Uno susurró algo.
Adrián dejó de escuchar a Elena.
Miró.
Los hombres continuaron hablando.
Uno volvió a mirar.
• • •
—Adrián.
Nada.
—Adrián.
Él giró.
—¿Qué?
—Te fuiste.
La frase.
No físicamente.
Otra vez.
• • •
—Esos tipos.
dijo.
—¿Qué?
—Me están mirando.
Elena observó discretamente.
—Puede ser.
—Hablaron.
—La gente habla.
—Uno miró dos veces.
Elena tomó agua.
—¿Querés irte?
—No.
Tres minutos después pidió la cuenta.
• • •
En el automóvil Elena permaneció callada.
Adrián condujo.
—Decilo.
dijo.
—¿Qué?
—Lo que estás pensando.
—No sé qué estoy pensando.
—Sí sabés.
Elena giró hacia él.
—Creo que estás sufriendo mucho.
Adrián apretó el volante.
—Estoy cansado.
—No.
—Sí estoy cansado.
—También.
—Pero no es lo que quise decir.
Adrián miró la carretera.
—No quiero hablar.
—Está bien.
Aquello lo irritó.
—¿Eso es todo?
—Me acabás de decir que no querés hablar.
—Podés insistir.
Elena lo observó.
—¿Por qué tendría que obligarte a decirme algo que vos sabés que necesitás decir?
Adrián no respondió.
• • •
Llegaron.
Elena se quitó los zapatos.
Adrián dejó las llaves.
—Me avergüenza.
dijo.
Ella se detuvo.
Adrián estaba de espaldas.
La palabra salió antes de poder revisarla.
—¿Qué?
preguntó Elena.
Adrián respiró.
—Que haya pasado.
—Que mi nombre esté ahí.
—Que la gente piense...
Se detuvo.
—¿Qué pensás que creen?
Adrián giró.
—Que soy un fraude.
• • •
Silencio.
Elena se acercó.
—¿Vos lo sos?
—No.
—¿Hiciste esas cosas?
—No.
—¿Las conocías?
—No.
—Entonces.
Adrián rio sin humor.
—No funciona así.
—¿Por qué?
—Porque yo era responsable.
—Sí.
—Entonces.
—Responsable no significa culpable de todo.
Adrián negó.
—No entendés.
—Probablemente no.
—Entonces explicame.
La frase.
La misma que Valeria había usado años atrás.
Adrián cerró los ojos.
• • •
—Toda mi carrera está construida sobre una cosa.
dijo.
Elena esperó.
—Que cuando entro en una habitación, la gente confía en que sé lo que estoy haciendo.
La voz bajó.
—Ese es mi valor.
Elena quedó inmóvil.
—No.
dijo finalmente.
Adrián levantó la mirada.
—¿No qué?
—Eso es parte de tu valor.
Él sonrió con tristeza.
—Para el mundo que importa profesionalmente, es prácticamente todo.
—Entonces ese mundo tiene una definición bastante pobre de vos.
Adrián sintió irritación.
—Es fácil decir eso cuando no vivís en él.
—Tenés razón.
—No sé lo que significa que tu reputación sea parte de un negocio.
—No sé lo que significa dirigir capital ajeno.
—No sé lo que significa tener tu apellido en una empresa.
Elena se acercó más.
—Pero sí sé una cosa.
Adrián esperó.
—Daniel no te llamó para preguntarte cuánto bajó la valoración.
—Te preguntó si habías hecho algo.
—Dijiste que no.
—Y te creyó.
Adrián bajó los ojos.
Elena continuó:
—Tal vez necesitás decidir quién tiene autoridad para definirte.
• • •
Aquella noche no durmió.
A las dos diecisiete estaba despierto.
No abrió la computadora.
Eso habría parecido progreso.
No lo era.
Abrió el teléfono.
Escribió:
Adrián Salvatierra
en el buscador.
Resultados.
Su antigua carrera.
Entrevistas.
Salvatierra Capital.
Orbis.
Novaris.
Regulador.
Irregularidades.
Aclaración.
Fotografías.
Adrián siguió bajando.
Más.
Más.
Buscaba una versión de sí mismo que existiera antes de Novaris.
Internet no se la devolvió.
• • •
A las tres cuarenta cerró el teléfono.
Se acostó.
Elena dormía a su lado.
Podía despertarla.
No lo hizo.
No quería preocuparla.
La frase regresó.
Vieja.
Familiar.
Peligrosa.
No preocupés a nadie.
• • •
Al día siguiente, Laura encontró un sobre sobre el escritorio de Adrián.
Dentro había una invitación.
Foro financiero en Nueva York.
Adrián había escrito:
DECLINAR.
Laura tomó un bolígrafo.
Debajo escribió:
¿POR QUÉ?
Lo dejó.
• • •
Adrián llegó más tarde.
Vio.
Sonrió apenas.
Escribió:
AGENDA.
Laura devolvió:
MENTIRA.
Adrián leyó.
Por primera vez no sintió enojo.
Solo cansancio.
• • •
Abrió el calendario.
Viernes.
3:00 p. m.
Vacío.
Llevaba meses evitando algo.
Claudia.
Había hablado de ella con Elena tiempo atrás.
Había buscado el contacto.
Había pensado varias veces en llamar.
Nunca lo hizo.
Porque mientras hubiera una crisis empresarial concreta podía convencerse de que su malestar era una reacción temporal.
Novaris ya estaba estabilizada.
Los abogados seguían trabajando.
Los controles estaban corregidos.
La empresa sobrevivía.
Y Adrián seguía igual.
Eso empezaba a quitarle excusas.
• • •
Tomó el teléfono.
Buscó el número.
Lo miró durante casi un minuto.
Después llamó.
—Buenas tardes. Consultorio de la licenciada Claudia...
Adrián cerró los ojos.
Podía cortar.
No lo hizo.
—Quiero sacar una cita.
• • •