La loba de Auran (Corazones y reinos nº 1) Capítulo 1
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La loba de Auran (Corazones y reinos nº 1)

La loba de Auran (Corazones y reinos nº 1)

Por Alma Vinter

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Capítulo 1

La Llamada de las Montañas

Escocia, las Tierras Altas, Dunarraidh, a orillas del río Auran, meses antes

La carta de su padre llegó con la nieve.

Era breve, casi cortante.

Necesito verte. Esta noche. En casa de Ewan Falkner.

Nada más.

Ninguna explicación.

Ninguna despedida.

Era tan típico de Eamon MacLeith que Liathen sonrió al leerla.

Durante meses, nadie había sabido dónde se escondía. Los ingleses llevaban años persiguiéndolo, pero su padre parecía pertenecer a las montañas tanto como la piedra o el viento. Mientras otros hombres se ocultaban, Eamon desaparecía.

Y reaparecía cuando le convenía.

Aquella noche, mientras cabalgaba junto a Tavish MacRory, Liathen se dio cuenta de que no solo iba a ver a su padre.

También estaba a punto de enfrentarse a una parte de sí misma.

Las Tierras Altas dormían bajo la oscuridad, y el barro dificultaba el camino, pero el paisaje ocupaba poco espacio en sus pensamientos.

Su mente había viajado muchos años atrás.

Al día en que conoció a Alastair Rosswyn.

Durante su juventud, había considerado el matrimonio una forma elegante de cautiverio. Había aprendido a montar, disparar y luchar antes de aprender a bordar. Su padre la había criado como si el mundo fuera algo a lo que había que enfrentarse de pie, no algo de lo que esconderse tras una ventana.

Sin embargo, los acuerdos entre clanes pesaban más que los deseos de una joven.

Y entonces llegó Alastair.

Recordaba su enfado a la perfección.

También recordaba su sorpresa.

Ninguno de los dos quería aquel matrimonio.

Eso era lo único que tenían en común.

Al menos al principio.

Alastair había llegado decidido a oponerse al acuerdo entre sus familias. Ella había querido que tuviera éxito. Había escuchado la conversación a distancia, esperando que alguien pronunciara las palabras que le devolverían la libertad.

Nunca llegaron.

Al día siguiente estaban ante el altar.

Y entonces sucedió algo que ninguno de los dos había previsto.

Se miraron.

A veces el destino no necesita nada más.

No fue amor.

Ni felicidad.

Ni siquiera esperanza.

Fue el extraño reconocimiento de dos personas que comprendieron, en el mismo instante, que sus vidas acababan de cambiar para siempre.

—¿Qué ocurre, Liathen? —preguntó Tavish, sacándola de sus pensamientos.

Ella miró el camino embarrado.

—Nada. Solo estoy cansada de este invierno.

Tavish soltó una risa breve.

—No sabía que te hubieras vuelto tan delicada desde que te casaste.

Liathen le dirigió una mirada que habría silenciado a cualquiera.

A cualquiera excepto a Tavish.

Continuaron cabalgando en la oscuridad hasta que una figura emergió de entre los árboles.

Ya empuñaban las pistolas antes siquiera de reconocer al jinete.

Finlay.

El alivio llegó con una sonrisa.

—El viejo estaba convencido de que encontrarías una excusa para no venir —anunció.

—La paciencia nunca fue una de sus virtudes.

—Tampoco la prudencia.

Eso los hizo reír a los tres.

Durante unos momentos, se sintieron como cuando eran jóvenes y el mundo parecía más simple.

Pero la sensación se desvaneció tan rápido como había llegado.

Cuando la gran casa de Ewan Falkner emergió por fin de la oscuridad, a Liathen se le encogió el corazón.

Había venido a ver a su padre.

Eso era lo que seguía diciéndose.

Sin embargo, en el fondo, sabía que no era toda la verdad.

Ewan también estaba allí.

Y algunas heridas nunca sanan del todo.