La madre
Se había quedado viuda de golpe, el primer día de la razzia, cuando los lobos mataron a su marido en el fango defendiendo la barca, y con un hijo malherido en el monte y dos críos pequeños y una hija moza que servía a los lobos.
Y aun así no se derrumbó, no se permitió derrumbarse, porque sabía que si ella caía caía la casa entera, y que una madre no tiene derecho a hundirse mientras le quede un hijo que dar de comer.
Así que enterró a su marido, y cuidó a Paio en el monte hasta que sanó, y crió a los pequeños en aquel invierno de hambre estirando la nada, y aguantó, día a día, con una entereza de piedra que por dentro, Mariña lo sabía, era pura herida.