La llama no escrita (Lux Mortem 1) Prólogo
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La llama no escrita (Lux Mortem 1)

La llama no escrita (Lux Mortem 1)

Por Antonella Grandinetti

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Prólogo

La llama que no fue escrita

E l frío la envolvió sin aviso.

No era el aire. No era la piedra.

Era algo debajo. Dentro.

Como si la grieta no estuviera allá fuera, sino en su pecho.

No sabía si dormía. Si respiraba.

Solo que algo la llamaba.

No con voz. Con ausencia.

Cerró los ojos.

Y entonces lo vio.

Tres llamas suspendidas en la nada.

Una, negra como el vacío.

Otra, roja como la sangre recién derramada.

Y una tercera, blanca.

No ardía. Palpitaba.

Las primeras dos se empujaban, se devoraban, giraban en torno a la tercera.

Y esta… no huía. No respondía.

Solo latía.

No pedía ser vista. Solo recordada.

Y entonces, desde un lugar que no era voz ni pensamiento, sino eco, sintió el susurro:

«Solo una vez ardimos sin rompernos.»

«Tú eres la llama que no fue escrita.»

Serenya abrió los ojos con un grito.

Sudaba. Pero la habitación estaba helada.

Y en su pecho…

algo se había roto.

O despertado.