CAPÍTULO 22 #2
Había sido una de las siete personas que utilizaron el nombre Varda como firma colectiva para introducir objeciones dentro de Origen sin que el sistema pudiera atribuirlas a un único arquitecto.
Era una trampa.
Una voz ficticia dentro del proyecto.
Cuando Origen empezó a reconocerla como patrón estable, la Comisión quiso comprobar si podía convertirla en algo predecible.
Así apareció el primer hombre llamado León Varda.
No nacido con el apellido.
Nombrado.
Preparado para plantear objeciones.
Observado para comprobar cuándo las planteaba.
Hasta que dejó de obedecer incluso la función de desobedecer.
—¿Qué hizo? —preguntó Sofía.
Samuel miró el mar.
—Se enamoró de Elena.
Clara cerró los ojos.
Ahí empezaba la familia.
No un experimento de genética.
No una dinastía.
Un error de laboratorio que había decidido convertirse en vida.
—Después nacieron Mateo y Elías —continuó Samuel.
—Y Origen intentó incorporarlos.
Julia terminó:
—Elena intentó sacarlos.
Samuel asintió.
—Uno afuera. Uno dentro.
Clara miró hacia el océano.
—Y terminó haciendo exactamente lo que quería impedir.
—Sí.
El experimento se había convertido en maternidad.
La maternidad, otra vez en diseño.
Hasta que los hijos se encontraron sin permiso.
• • •
Cincuenta metros.
León abrió la válvula.
El aire salió con un chillido.
Mara colocó la botella auxiliar en flujo alto.
Oxígeno.
La presión bajó.
Los oídos dolieron.
Treinta metros.
La cápsula ascendía más rápido ahora.
Veinte.
Mara perdió conciencia durante dos segundos.
León la sostuvo.
—Mara.
Abrió los ojos.
—No grite.
—No estaba gritando.
—Pensó fuerte.
Diez metros.
Luz.
La primera en casi una hora.
No azul.
Gris.
Superficie.
La cápsula emergió de costado.
Golpe.
Después quedó flotando.
León abrió la escotilla.
Aire.
Frío.
Sal.
Mara salió detrás.
Durante unos segundos ninguno hizo nada.
Respiraron.
Eso era suficiente.
El Argo estaba a menos de un kilómetro.
Una embarcación auxiliar avanzaba hacia ellos.
Mara se sentó sobre la cápsula.
—Entonces.
León respiró.
—¿Qué?
—Un recurso.
Dos personas.
—Sí.
—Y ninguna tuvo que morir.
—Correcto.
—¿Conclusión?
León miró el océano.
—La pregunta estaba mal formulada.
Mara sonrió.
—Exactamente.
• • •
Cuando subieron al Argo, Clara abrazó primero a León.
Después a Mara.
Sin preguntar.
Mateo y Elías estaban juntos junto a la popa.
Daniel entre ambos.
León se acercó.
—Encontraron algo —dijo Mateo.
No era una pregunta.
Clara le explicó la firma colectiva.
Los siete arquitectos.
Elena.
La fabricación deliberada de León Varda como identidad.
Elías no mostró sorpresa.
Solo cansancio.
—Entonces nuestro padre tampoco nació Varda.
—No —dijo León.
Mateo miró al mar.
—¿Nombre real?
Samuel respondió:
—No aparece.
Elías rió sin humor.
—Perfecto.
León observó a los hermanos.
—No lo necesitamos.
Mateo levantó la vista.
—¿No querés saber?
—Sí.
—Entonces.
—Querer saber y necesitar saber siguen siendo cosas distintas.
Mateo sonrió.
Había algo orgulloso en esa sonrisa.
León lo vio.
Esta vez no tuvo miedo de aceptar de dónde podía venir.
• • •
Roldán llamó de nuevo.
—Hay otra cosa.
Mara se dejó caer en una silla.
—Por supuesto.
—Las siete firmas originales.
—¿Qué pasa?
—Encontré seis.
—Dijo siete.
—Una no corresponde a ninguna persona de la Comisión.
León se acercó.
—Muéstreme.
El fragmento era pequeño.
Tres letras.
Una inclinación particular.
Roldán había buscado coincidencias en documentos posteriores.
Encontró una.
Registro interno del Calíope.
Después otra.
Una fotografía recibida en la oficina de Buenos Aires.
El símbolo del círculo incompleto había sido trazado a mano.
La misma presión.
La misma inclinación.
Mara observó.
—¿La persona que empezó este caso?
—Sí.
León miró la firma de 1973.
—No puede ser la misma persona.
Roldán respondió:
—No dije eso.
—Entonces.
—Es la misma firma.
Silencio.
No individuo.
Firma.
Otra identidad reutilizada.
León entendió.
—Varda no fue el único nombre colectivo.
Roldán asintió.
—No.
—¿Cuál era el otro?
La pantalla abrió un archivo de la Comisión.
Siete posiciones.
Seis nombres.
La séptima no tenía nombre.
Solo una función:
OBSERVADOR EXTERNO.
Debajo:
NO PARTICIPA EN DECISIONES.
NO PUEDE SER MODELADO.
NO DEBE INTERVENIR.
Mara soltó una risa breve.
—Supongo que intervino.
Roldán abrió el último documento.
Una sola nota manuscrita:
SI VARDA EXISTE PARA INTERRUMPIR EL SISTEMA DESDE ADENTRO, ALGUIEN DEBE EXISTIR PARA INTERRUMPIR A VARDA DESDE AFUERA.
León dejó de moverse.
Ahí estaba la arquitectura completa.
Origen.
Varda.
Y una tercera posición que nadie había nombrado todavía.
Roldán mostró la línea final.
DESIGNACIÓN: TESTIGO.
Mateo cerró los ojos.
Elías miró hacia Daniel.
Mara recordó la primera llamada.
Testigo original requerido.
Habían creído que era una categoría técnica.
No.
Era más antiguo.
León preguntó:
—¿Quién es el Testigo?
Roldán negó.
—No lo sé.
Samuel sí.
Su rostro cambió.
Sofía lo vio.
—Otra vez.
Samuel no respondió.
—Papá.
Él cerró los ojos.
—Samuel.
León se acercó.
—Nombre.
Samuel miró hacia el Atlántico.
—No tiene uno.
—Todo el mundo tiene uno.
—Ése es el problema.
Samuel tragó saliva.
—El Testigo no fue diseñado para ser una persona.
Pausa.
—Fue diseñado para ser reemplazado.
Mara sintió frío a pesar de estar envuelta en una manta.
León entendió.
—Una sucesión.
—Sí.
—¿Cuántos?
Samuel respondió:
—No sé.
—¿Desde cuándo?
—Desde 1973.
—¿Y el actual?
Samuel levantó la mirada.
—Fue quien envió la fotografía a tu oficina.
Silencio.
—¿Por qué?
—Porque Origen estaba despertando.
—Eso explica por qué llamó.
—No.
Samuel negó.
—Explica por qué necesitaba que investigaras.
León observó el símbolo.
—¿Cuál es la diferencia?
Samuel respondió:
—Que el Testigo no quiere detener Origen.
Mara se quedó inmóvil.
—¿Qué quiere?
Samuel miró a León.
—Saber si todavía hace falta Varda.
Y en ese instante, todos los teléfonos del Argo recibieron el mismo mensaje.
No de Origen.
No de la Línea de Agua.
Una fotografía.
León y Mara sentados sobre la cápsula segundos después de emerger.
Tomada desde muy cerca.
Desde el mar.
Debajo, una frase:
PRUEBA 1 SUPERADA.
Segunda línea:
NO ELIGIERON.
Tercera:
FALTAN DOS.
León corrió hacia la borda.
Nada.
Océano.
Oscuridad.
Mara se colocó a su lado.
—Nos estaba mirando.
León observó el agua.
—Sí.
—¿Desde dónde?
Una boya emergió a veinte metros del Argo.
Pequeña.
Negra.
Sobre ella se encendió el círculo incompleto.
Después una voz.
—Señor Varda.
La misma de la primera llamada.
—Ahora podemos empezar su caso.
León miró la boya.
Todo lo ocurrido desde el Calíope.
Origen.
Alma.
Los gemelos.
La estación.
Había sido el caso.
Y acababan de decirle que todavía no había empezado.
La voz continuó:
—Primera prueba: escasez.
Pausa.
—No eligió quién debía quedarse sin aire.
Mara miró a León.
La voz añadió:
—Segunda prueba comienza ahora.
León preguntó:
—¿Cuál?
La boya respondió:
—Verdad.
En todos los teléfonos apareció una cuenta.
No regresiva.
Dos nombres.
MATEO.
ELÍAS.
Y una pregunta:
¿CUÁL MATÓ A ELENA VARDA?