La ley del rock Capítulo 17 - Un segundo de más #6
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Capítulo 17 - Un segundo de más #6

Aparentemente   · Yo

Marc · Cabeza?

Me quedé pensando.

Sigue unida al cuerpo   · Yo

Marc · Bien

Mucho mejor   · Yo

Marc · Bien

Miré el plato.

Me has hecho un sandwich?   · Yo

Marc · No

Ha aparecido solo   · Yo

Marc · Sí

En mi cocina   · Yo

Marc · Fenómeno paranormal

Y has cotilleado mi nevera   · Yo

Marc · No había mucho que cotillear

Oye   · Yo

Marc · Compra comida

Tengo comida   · Yo

Marc · Tenías queso

Jamón

Medio tomate

Leche de avena

Y ColaCao

DESAYUNO COMPLETO   · Yo

Marc · A las 11 de la noche?

No juzgues mis decisiones   · Yo

Marc · Imposible

Cogí el sándwich. Le di un mordisco.

Gracias   · Yo

Marc · De nada

Escribí otra cosa. La borré. Volví a escribir.

Por venir también   · Yo

Esta vez tardó algo más.

Marc · Ya

Me quedé mirando el mensaje. Ya. Una palabra. Sonreí ligeramente. Dejé el teléfono sobre la mesa. Y entonces recordé sus manos. No el masaje. Sus manos. El pulgar pasando justo debajo de mi oreja. Abrí los ojos.

—Ah, no.

Cogí otro trozo de sándwich. Mastiqué. No. No íbamos a hacer eso. Me dolía la cabeza. Marc sabía dar masajes. Fin de la investigación. Cogí el móvil otra vez. Había otro mensaje.

Marc · Y no te tomes café ahora

No eres mi padre   · Yo

Marc · Tu padre seguramente tiene razón más veces que tú

Vete a la mierda   · Yo

Marc · Ya estás mejor

Me reí. Y me dolió.

—Hijo de puta.

***

Al día siguiente le devolví el gel. Bueno. Intenté devolvérselo.

—Quédatelo.

—Es tuyo.

—Tengo otro.

Lo miré.

—Ayer dijiste que te comprara uno.

—Ayer estabas insoportable.

—Tenía migraña.

—Precisamente.

Estábamos delante de mi portal. Marc había pasado al salir de trabajar. Turno de mañana aquella semana. Llevaba el pelo húmedo. No miré. Mentira. Miré. Pero poco.

—Pues gracias —dije.

—De nada.

Le tendí la bolsa igualmente. No la cogió.

—Marc.

—Jenn.

—Cógela.

—No.

—Es tuya.

—Ahora es tuya.

—No quiero robarte cosas.

—Tienes una púa mía.

—Me la diste.

—Pues ya tienes dos cosas.

Bajé la mirada hacia la bolsa.

—Qué generoso.

—Muchísimo.

—Algún día venderé todo esto.

—Te vas a hacer rica.

—Con tus pertenencias no creo.

—Qué borde.

Sonreí.

—Gracias por el masaje.

Lo dije sin pensar. Marc me miró. Y ahí estuvo. Un segundo. Uno de esos segundos que últimamente parecían durar más de lo normal.

—De nada —dijo.

Me llevé una mano a la nuca. Error. Porque lo recordé otra vez. Y por la forma en que Marc miró mi mano... Quizá él también. La bajé.

—Bueno.

—Bueno.

—Me voy.

—Estás en tu portal.

Miré detrás de mí.

—Pues subo.

Marc sonrió.

—Haz eso.

—Adiós.

—Bona nit.

—Bona nit.

Entré. Cerré la puerta. Esperé. No sabía por qué. Dos segundos después escuché sus pasos alejándose. Subí.

Carlos vino el jueves. Traía cena.

—Te he comprado una cosa.

—¿Por qué?

—Porque la he visto.

—Eso nunca termina bien.

—Confía en mí.

—No.

—Jenn.

—Vale.

Me dio una bolsa pequeña. La abrí. Dentro había una funda nueva para el portátil. Negra. Sencilla. Con un pequeño bolsillo exterior. La miré.

—La tuya está destrozada.

—No está destrozada.

Carlos levantó una ceja.

—Tiene cinta adhesiva.

—Refuerzo estructural.

—Tiene cinta adhesiva.

—Dos trozos.

—Tres.

Miré la funda.

—Es bonita.

—Y cabe el cargador.

—Eso es tecnología punta.

—Lo sé.

Sonreí.

—Gracias.

Lo abracé. Carlos me rodeó con los brazos. Me besó en el pelo.

—De nada.

Me quedé un momento contra él. Era fácil querer a Carlos.

Quizá ese era precisamente el problema. Lo quería.

Mucho. Me gustaba estar con él. Me gustaba que apareciera.

Me gustaba cómo me tocaba. Cómo me hacía reír.

Cómo había aprendido a no intentar llevarme hacia lugares en los que yo todavía no quería entrar.

Había frenado. Exactamente como necesitaba. Y aun así...

—Qué piensas.

Levanté la cabeza.

—Nada.

—Otra vez.

—Qué.

—Nada.

—No sé de qué hablas.

Carlos me observó.

—Últimamente piensas mucho para no estar pensando en nada.

—Soy escritora.

—Excusa.

—Buena excusa.

—Regular.

Le di un beso.

—Cállate.

Carlos me lo devolvió. Su mano encontró mi cintura. La conocía. Mi cuerpo también. Todo estaba bien. No faltaba nada. Y quizá por eso me molestó tanto no saber qué era exactamente lo que no terminaba de encajar.

***

El sábado acabamos en el local de Adrián. Otra vez. Había decidido que algún día empezaría a cobrar entrada.

—Cinco euros por cabeza —dijo.

—Tú nos invitas —respondió Gabriel.

—Pues diez.

—Buen modelo de negocio.

Yo estaba sentada en el suelo junto al sofá con Raven sobre las piernas. Llevaba varios minutos intentando repetir uno de los ejercicios que Marc me había enseñado. Intentando.

—No.

Levanté la cabeza. Marc estaba mirándome.

—Qué.

—Así no.

—Sí.

—No.

—Me sale.

—Te sale mal.

—Eso sigue siendo salir.

Marc me miró.

—No funciona así.

—Para mí sí.

Volví a colocar los dedos. Toqué. Marc hizo una mueca.

—No pongas esa cara.

—Me está doliendo verlo.

—Pues no mires.

Volví a intentarlo. Silencio. Cinco segundos.

—Jenn.

—Qué.

—Estás haciendo exactamente lo mismo.

—Porque está bien.

—No.

—Adrián.

Desde el otro lado de la habitación Adrián levantó la cabeza.

—No me metas.

—Tú me enseñaste también.

—Y precisamente por eso no pienso meterme entre vosotros.

—Cobarde.

—Quiero vivir.

Marc se levantó.

—Dame.

Abracé a Raven.

—No.

—Jenn.

—Sé hacerlo.

—Claramente.

—Pesado.

Marc se sentó en el suelo frente a mí. Extendió la mano.

—Dame la púa.

—Tengo una.

—Ya veo que tienes una.

—Entonces para qué quieres la mía.

—Para enseñarte cómo la estás cogiendo.

Miré mi mano.

—Bien.

—Mal.

—Bien.

—Jenn.

—Marc.

Extendió la mano otra vez.

—Ven.

Resoplé. Le di la púa. Nuestros dedos se rozaron. Nada. Absolutamente nada. Excepto que los dos miramos nuestras manos. A la vez. Marc cogió la púa. Yo retiré la mía.

—Mira —dijo.

—Estoy mirando.

—La mano.

—Estoy mirando la mano.

Marc levantó los ojos hacia mí.

—Vale.

—Qué.

—Nada.

—No empieces.

Sonrió. Colocó la púa entre sus dedos.

—La estás apretando demasiado.

—No.

—Sí.

—No.

—Por eso te tensas.

—No estoy tensa.

Marc miró mi mano.

—Parece que quieras asesinar a alguien con una púa.

—Depende de cuánto sigas tocándome los cojones.

Se rio.

—Dame la mano.

Se la tendí. Marc colocó la púa entre mis dedos. Movió ligeramente mi índice. Después el pulgar.

—Así.

Me quedé mirando nuestras manos. Sus dedos seguían sobre los míos. Marc también bajó la vista. Un segundo. Retiró la mano.

—Prueba.

Toqué. Salió mejor. Mierda.

—No digas nada.

Marc sonrió.

—No he dicho nada.

—Pero vas a hacerlo.

—Tenía razón.

—Que no digas nada.

—Mucho mejor.

—Te odio.

—Ya.

Volví a tocar. Esta vez salió otra vez. Levanté la vista. Marc seguía sonriendo.

—¿Ves?

—No.

—Jenn.

—Ha sido casualidad.

—Otra.

Lo hice. Salió. Marc levantó las cejas.

—Casualidad otra vez.

—Exacto.

—Qué suerte tienes.

—Muchísima.

Le quité la púa de los dedos.

—Es mía.

—Nunca he dicho que no.

—Por si acaso.

Marc me empujó ligeramente con el hombro.

—Pesada.

Le devolví el empujón.

—Mandón.

Desde el sofá, Gabriel nos observaba. Adrián apareció a su lado con una cerveza. No dijo nada. Se quedó de pie. Gabriel levantó la vista.

—Qué.

—Nada.

—Pues deja de mirarme.

—Estoy comprobando una cosa.

Gabriel sonrió.

—¿Qué cosa?

Adrián miró hacia nosotros. Yo estaba inclinada sobre Raven mientras Marc me señalaba algo.

—Eso quiero saber.

Gabriel bebió.

—Suerte.

—¿Sabes algo?

—No.

—Mentira.

—No sé nada.

—Pero sospechas.

Gabriel no respondió. Adrián volvió a mirarnos. Marc me quitó la púa de los dedos.

—Así.

—La estaba cogiendo así.

—No.

—Sí.

—No.

—Marc, tengo ojos.

—Y yo.

—Pues úsalos.

Marc empezó a reírse. Adrián frunció el ceño.

—¿Desde cuándo?

Gabriel giró ligeramente la cabeza.

—¿Desde cuándo qué?

—Haces esto.

—¿Qué hago?

—Mirarlos.

Gabriel tardó un momento.

—Desde que me llamó la atención.

—¿Qué?

—Eso.

—¿Eso qué es?

Gabriel sonrió.

—No lo sé.

Adrián lo miró.

—Eres desesperante.

—Gracias.

—¿Carlos lo sabe?

La sonrisa de Gabriel desapareció.

—No hay nada que saber.

—No te he preguntado eso.

—Pues es la respuesta.

Adrián volvió a mirar. Carlos acababa de llegar. Se acercó a mí por detrás. Me besó en la cabeza. Yo levanté la cara y sonreí. Marc siguió con la guitarra. Nada cambió. Gabriel bebió.

—No hagas nada —dijo.

Adrián lo miró.

—No iba a hacer nada.

—Bien.

—Pero ahora quiero hacerlo.

—Pues no.

—Por qué.

Gabriel apoyó los antebrazos sobre las rodillas.

—Porque si estoy equivocado, no hay nada.

—¿Y si no?

Gabriel miró hacia Marc. Después hacia mí.

—Tampoco.

Adrián guardó silencio.

—No entiendo una mierda.

—Perfecto.

—Gabriel.

—Déjalos.

Adrián volvió a mirar hacia nosotros. Marc acababa de decirme algo. Le di un golpe en el brazo. Él me empujó con el hombro. Carlos se sentó a mi lado. Yo apoyé una pierna sobre la suya. Todo normal. Todo exactamente donde debía estar. Adrián bebió un trago.

—Vale.

Gabriel asintió.

—Vale.

Pasaron unos segundos.

—Pero como tengas razón...

Gabriel lo interrumpió.

—Cállate.

Adrián sonrió.

—La tienes.

—No he dicho eso.

—No hacía falta.

Gabriel negó con la cabeza. Y no volvió a hablar del tema.

***

El lunes, Marc mandó una foto. Sin contexto. Una flor pequeña creciendo junto a una grieta del suelo. Me quedé mirándola.

Marc · Me acordé

Nada más. Me incorporé en la silla. La oficina siguió existiendo a mi alrededor.

Teléfonos. Teclados. Conversaciones. Una impresora haciendo ruidos de agonía.

Y yo mirando una flor en la pantalla. Semanas atrás le había contado que me gustaban.

No los ramos. No las flores compradas. Esas.

Las que aparecían donde se suponía que no debían crecer.

Las que salían entre piedras. En una pared.

En mitad de una acera. Pequeñas cosas empeñadas en existir. Me acordé. Sonreí.

—¿Carlos?

Levanté la cabeza. Una compañera me estaba mirando desde la mesa de al lado.

—¿Qué?

—Esa cara.

—Qué cara.

—Esa.

Miré otra vez el móvil.

—No.

—¿No qué?

—No es Carlos.

—Ah.

Esperó.

—¿Entonces?

Mis dedos ya estaban escribiendo.

¿Dónde está?   · Yo

—Marc —dije.

Volví a mirar la fotografía. No vi la cara que puso. Tampoco pensé demasiado en la mía.

Marc · Cerca del trabajo

NO LA PISES   · Yo

Marc · Jajajajajaja

Lo digo en serio   · Yo