La ley del rock Capítulo 17 - Un segundo de más
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Capítulo 17 - Un segundo de más

Un segundo de más

La segunda mitad de septiembre empezó con Carlos haciéndome una pregunta que no esperaba .

—¿Te estoy agobiando?

Levanté la vista.

—¿Qué?

Estábamos en mi casa. Él estaba sentado en el sofá, con un brazo apoyado en el respaldo. Yo había ido a la cocina a por agua y me había quedado de pie junto a la puerta cuando lo dijo.

—Que si te estoy agobiando.

—No.

Respondí demasiado rápido. Carlos me miró.

—Vale.

—¿Por qué me preguntas eso?

Se encogió ligeramente de hombros.

—Porque últimamente me dices mucho que no.

Ah. Me acerqué.

—¿A qué?

—Al cóctel.

—Era un cóctel.

—A la cena.

—Había gente importante.

—A casa de mis padres.

—No me apetecía.

Carlos sonrió apenas.

—Exacto.

Me senté a su lado.

—Pero hago cosas contigo.

—Sí.

—Muchas.

—Sí.

—Entonces.

—No he dicho que no.

—Has puesto cara.

—Esta es mi cara.

Lo miré.

—Os estáis poniendo todos de acuerdo para decirme eso.

Carlos soltó una risa.

—No sé de qué hablas.

—Da igual.

Bebí agua. Él se quedó callado. Yo también.

—No me agobias —dije al final.

—Vale.

—En serio.

—Te creo.

—Pues no parece.

Carlos se giró un poco hacia mí.

—No quiero que hagas cosas que no quieres hacer.

—Bien.

—Pero tampoco quiero estar intentando meterte en mi vida si tú estás intentando quedarte fuera.

Me quedé quieta. Eso había sonado distinto.

—No estoy intentando quedarme fuera.

—¿No?

—No.

Carlos esperó.

—Solo...

Dejé el vaso sobre la mesa.

—No quiero correr.

—No estamos corriendo.

—Para ti.

Silencio. Carlos bajó la mirada un momento.

—¿Para ti sí?

Pensé la respuesta.

—Un poco.

Asintió. No parecía enfadado. Eso lo empeoraba.

—Vale.

—Otra vez vale.

—¿Qué quieres que diga?

—No sé.

—Si necesitas que frene, freno.

Lo miré.

—No quiero que frenes.

Carlos levantó una ceja.

—Jenn.

—Ya sé.

—No parece que lo sepas.

—Quiero decir...

Resoplé.

—Joder.

Sonrió.

—Tómate tu tiempo.

—Gracias.

—Pero intenta averiguar qué quieres mientras tanto.

—Eso ha sonado muy adulto.

—Tengo treinta y tres años.

—Lo siento muchísimo.

—Gracias.

Apoyé la cabeza en su hombro. Carlos me rodeó con un brazo.

—No quiero dejar de verte —dije.

—No he dicho eso.

—Ya.

—Solo quería saber si estaba apretando demasiado.

Negué con la cabeza.

—No.

Pensé un segundo.

—Bueno. Un poco.

Carlos soltó una risa.

—Vale.

—No vuelvas a decir vale.

—De acuerdo.

—Peor.

Me besó en la cabeza. Me quedé allí. Cómoda. Porque con Carlos estaba cómoda. Mucho. Quizá ese era precisamente el motivo por el que no quería pensar demasiado en la conversación.

Dos días después Gabriel empezó a hacer cosas raras. Más raras de lo habitual. Estábamos en casa de Adrián. Yo había llegado la última.

—¿Dónde está Marc? —pregunté mientras dejaba el bolso.

Gabriel levantó la vista del móvil.

—No viene.

—¿Por?

—Le ha surgido algo.

—Ah.

Me senté.

—Qué putada.

Adrián salió de la cocina.

—¿Qué putada?

—Lo de Marc.

—¿Qué le pasa?

Miré a Gabriel. Gabriel me miró.

—Nada.

—Has dicho que le había surgido algo.

—Sí.

—¿Qué?

—No sé.

Adrián frunció el ceño.

—A mí me ha dicho que venía.

Volví a mirar a Gabriel.

—¿Entonces?

Gabriel se encogió de hombros.

—Me habré equivocado.

Entrecerré los ojos.

—Eres gilipollas.

—Puede.

—¿Por qué me dices que no viene si viene?

—Pensaba que no venía.

—Acabas de decir que le había surgido algo.

—También me puedo equivocar en eso.

—No me gustas.

—No pasa nada.

Adrián nos miró a los dos.

—¿Qué coño hacéis?

—Él, cosas raras.

—Yo estoy sentado.

—Exacto.

—Jenn, ¿quieres una cerveza?

—Sí.

—Pues deja a Gabriel.

—No.

—Déjala —dijo Gabriel—. Está entretenida.

Le hice un corte de mangas. La puerta se abrió unos minutos después. Marc entró.

—Buenas.

Levanté la cabeza.

—Mira. El muerto.

Marc frunció el ceño.

—¿Qué?

Señalé a Gabriel.

—Me ha dicho que no venías.

Marc miró a Gabriel.

—¿Por qué?

—Me he equivocado.

—¿En qué?

—En tu existencia, aparentemente —dije.

Gabriel guardó el móvil.

—Puede pasar.

Marc lo miró un segundo.

—Estás fatal.

—Eso dicen.

Yo sonreí.

—¿Qué tal?

Marc dejó las llaves sobre un mueble.

—Bien.

—¿Trabajas esta noche?

—No.

—Ah, bien.

Gabriel me miró. Lo pillé.

—¿Qué?

—Nada.

—Otra vez la cara.

—No he hecho nada.

—Me estabas mirando.

—Estás enfrente.

—También está Adrián.

—No quiero mirarlo.

—Gracias —dijo Adrián desde la cocina.

Marc se rio. Giré la cabeza hacia él. Gabriel dejó escapar aire por la nariz. Lo miré otra vez.

—¿Ahora qué?

—Nada, Jenn.

—Te juro que algún día voy a descubrir qué coño te pasa.

—Seguro.

Marc estaba apoyado contra la pared cuando volví de la cocina. Tenía mi cerveza en la mano.

—Eso es mío.

—Ya lo sé.

—Entonces.

Me la tendió.

—La habías dejado allí.

—Ah.

La cogí. Nuestros dedos se rozaron. Nada. Un contacto mínimo. Ni siquiera llegó a un segundo. Pero lo noté. No sé por qué. Levanté la vista. Marc también me estaba mirando.

—Gracias —dije.

—De nada.

Me llevé la cerveza a los labios. Él siguió apoyado en la pared. Normal. Todo normal.

—Por cierto —dijo—. El sábado podríamos ir a la playa.

—¿Podríamos quiénes?

—Todos.

—Ah.

Algo en mi respuesta debió de hacerle gracia.

—¿Qué?

—Nada.

—¿Tú también?

—Qué.

—Nada. Todos estáis imbéciles hoy.

—Tú siempre.

—Que te den.

Sonrió. Me giré. Gabriel estaba al otro lado del salón. Mirándonos.

—¡Gabriel!

—Qué.

—¡DEJA DE HACER ESO!

—¿Qué?

—¡MIRAR!

Adrián asomó la cabeza desde la cocina.

—¿Ahora tampoco podemos mirar?

—Él no.

Gabriel levantó ambas manos.

—Vale.

—Gracias.

Me giré hacia Marc. Estaba riéndose.

—No tiene gracia.

—Un poco.

—No.

—Muchísima.

—Te odio.

—Ya.

***

El sábado hizo calor. No calor de julio. Pero suficiente para que la playa siguiera llena de gente que se negaba a aceptar que el verano estaba terminando. Yo era una de ellas.

—Me baño.

Carlos miró el agua.

—Yo no.

—¿Por qué?

—Porque estamos a finales de septiembre.

—¿Y?

—Y el Mediterráneo no tiene calefacción.

—Cobarde.

—Realista.

Me quité la camiseta.

—¿Adrián?

—Paso.

—Otro.

—He venido a beber cerveza.

—Gabriel.

Miró el mar.

—Luego.

—Qué grupo de ancianos.

—Tienes treinta y siete grados de percepción térmica alterada —dijo Adrián.

—No sé qué significa eso.

—Yo tampoco.

—Pues cállate.

Me giré. Marc ya se estaba quitando la camiseta.

—Yo voy.

Sonreí.

—Por fin un hombre.

Carlos levantó la vista.

—Cuidado.

Me eché a reír.

—Tú has renunciado voluntariamente.

—Al agua.

—Tus condiciones deberían haber sido más específicas.

Marc pasó junto a mí.

—¿Vienes o vas a seguir provocando una crisis diplomática?

—Voy.

Corrí detrás de él.

—¡Espera!

Marc no esperó. Entró directamente. Yo metí un pie.

—¡HOSTIA!

Marc se giró.

—¿No estaba caliente?

—Cállate.

—Ven.

—Está fría.

—Hace diez segundos yo era un cobarde —dijo Carlos desde la toalla.

Me giré.

—¡TÚ CÁLLATE TAMBIÉN!

Adrián se estaba riendo. Entré. Poco a poco. Hasta que una ola me mojó por encima de la cintura.

—¡Joder!

Marc estaba sonriendo.

—¿Qué?

—Nada.

—No te rías.

—No me río.

—Te estás riendo.

Le lancé agua. Marc cerró los ojos. Silencio.

—Ah.

Retrocedí.

—Marc.

—Corre.

—No.

—Corre.

—Podemos hablarlo.

Me lanzó agua.

—¡HIJO DE PUTA!

Salpiqué otra vez. Él respondió. En menos de treinta segundos aquello dejó de parecer un baño y empezó a parecer una guerra territorial.

—¡PARA!

—Has empezado tú.

—¡MENTIRA!

—Me has tirado agua.

—¡ESTAMOS EN EL MAR!

—Exacto.

Volvió a salpicarme. Intenté apartarme. Una ola me golpeó de lado. Perdí pie.

—¡Hostia!

Marc me agarró. Una mano en mi brazo. La otra en mi cintura. Me estabilizó antes de que tragara medio Mediterráneo. Me reí.

—Joder.

—¿Bien?

—Sí.

Seguía sujetándome. Yo tenía una mano agarrada a su hombro.

La otra no sabía exactamente dónde había terminado.

Sobre su brazo. Nos miramos. Solo un momento.

Su mano seguía en mi cintura. Lo noté. Demasiado.

Y por la forma en que Marc dejó de sonreír durante apenas un segundo, tuve la sensación absurda de que él también. Entonces llegó otra ola.

—¡Cuidado!

Me agarré a él. Marc soltó una carcajada.

—Eres inútil.

—¡MIDO METRO Y MEDIO!

—Eso no es culpa del mar.

—¡SUÉLTAME!

—Te vas a caer.

—¡QUE ME SUELTES!

Me soltó. Le lancé agua a la cara.

—Eso por gilipollas.

Marc se apartó el pelo mojado hacia atrás. Error. Grave error. Me quedé mirándolo. Otra vez. Joder.

—Qué —dijo.

—Nada.

—Has puesto cara.

—Esta es mi cara.

Marc empezó a reírse.

—Ahora lo entiendo.

—¿Qué?

—Por qué te cabrea tanto Gabriel.

—Que te den.

Volví a salpicarlo. Seguimos haciendo el idiota un rato más. Hasta que me cansé.

—Yo salgo.

—¿Ya?

—Tengo hambre.

—Qué raro.

—Y frío.

—Eso no lo vas a reconocer delante de Carlos.

—Jamás.

Empecé a caminar hacia la orilla.

—Cobarde —dijo Marc detrás.

Le hice un corte de mangas sin girarme.

—¡Que te den!

Oí su risa. Seguí andando. Cuando llegué a donde empezaba a cubrirme menos, me aparté el pelo mojado de la cara. Carlos estaba sentado en la toalla. Adrián tumbado boca abajo. Gabriel tenía una cerveza en la mano.

—Ni una palabra —le dije a Carlos.

—¿Sobre qué?

—Sobre la temperatura.

—No iba a decir nada.

—Bien.

—Tienes los labios un poco...

—Carlos.

Sonrió.

—Nada.

—Eso.

Cogí la toalla. Gabriel no dijo nada. Ni siquiera me estaba mirando. Miraba detrás de mí. Seguí secándome.

—¿Qué miras?

Gabriel tardó un segundo.

—Nada.

—Otra vez.

—Sí.

Me giré. Marc venía hacia la orilla. Despacio. Con el pelo mojado pegado a los hombros. En cuanto lo miré, bajó la vista hacia el agua. Volví hacia Gabriel. Él bebió de su cerveza.

—Qué.

—Nada —repitió.

—Eres muy raro.

—Ya.

Me senté junto a Carlos. Le robé la bebida.

—Eh.

—Tengo sed.

—Hay agua.

—Esto está más cerca.

Carlos me pasó un brazo por la cintura. Me incliné y le di un beso rápido.

—Gracias.

—De nada.

Marc llegó unos segundos después. Cogió su toalla. Gabriel levantó los ojos hacia él. Marc no lo vio. Yo tampoco.

Gabriel · Vienes esta tarde?

Dónde   · Yo

Gabriel · Casa Adrián

Está Marc?   · Yo

Gabriel · No sé

Pues pregunta   · Yo

Gabriel · Por?

Porque íbamos a practicar   · Yo

Gabriel tardó en contestar.

Gabriel · Ah

Qué   · Yo

Gabriel · Nada

Te voy a bloquear   · Yo

Gabriel · No lo harás

Prueba   · Yo

Gabriel · Marc está de mañana

Sale a las 14

Pues entonces sí puede   · Yo

Gabriel · Le pregunto?

Sí   · Yo