La ley del rock Capítulo 13 - Once minutos #5
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Capítulo 13 - Once minutos #5

—Yo no he empezado nada.

—Tu cara sí.

—Mi cara está impresionada.

—Pues desimpresiónala.

Se rio. Volví al ordenador. El móvil vibró otra vez. No lo miré. Marina sí.

—Jennifer.

—No.

—Ha vibrado.

—Ya.

—Podría ser importante.

—Seguro que alguien ha insultado a Adrián.

—Podría ser Carlos.

—También sabe esperar treinta segundos.

—Qué relación más sana.

Giré la cabeza.

—No tenemos una relación.

Marina se quedó callada. Mierda.

—¿Cómo que no tenéis una relación?

—No somos novios.

—Pero...

—Marina.

—Vale.

Dos segundos.

—¿Pero os estáis viendo?

—Voy a llamar a Edu.

—Vale, vale.

Cogió el ratón.

Silencio.

Cinco segundos.

—¿Y los otros tres están buenos?

Cerré los ojos.

—Edu.

—Ya me callo.

No se calló. Pero lo intentó. Más o menos.

Carlos me escribió esa tarde. No al grupo. A mí.

Carlos · Viernes

Qué pasa el viernes   · Yo

Carlos · Cena

Eso suele pasar   · Yo

Carlos · Contigo

Ah   · Yo

Carlos · A las nueve

Esto parece una citación judicial   · Yo

Carlos · Puedo añadir por favor

Mejoraría bastante   · Yo

Carlos · Por favor

Dónde   · Yo

Carlos · Sorpresa

Miedo   · Yo

Carlos · Confía

Eso da todavía más miedo   · Yo

Carlos · Paso a por ti

Me quedé mirando la pantalla. Sonreí.

Vale   · Yo

Carlos · ¿Vale?

Sí   · Yo

Carlos · Pensaba que costaría más

Puedo decir que no   · Yo

Carlos · A las nueve estoy ahí

Cobarde   · Yo

Carlos · Muchísimo

Guardé el móvil.

El viernes llegó. Cenamos. Y no pasó nada extraordinario.

Bueno.

Extraordinario según los estándares normales.

Según los estándares de Carlos, simplemente había reservado mesa en un restaurante donde la carta no tenía fotografías y yo tuve que impedir que pidiera vino porque me negaba a pagar treinta euros por una botella que en Mercadona probablemente tenía un primo por cuatro con cincuenta.

—Invito yo.

—Ese no es el problema.

—Entonces no entiendo el problema.

—Treinta euros.

—Sí.

—Por uvas.

Carlos me miró.

—No funciona exactamente así.

—Uvas fermentadas.

—Jenn.

—Con alcohol.

—Voy a pedirlo.

—Haz lo que quieras con tu patrimonio.

Lo pidió. Estaba bueno. El cabrón. No se lo dije.

Después fuimos a su casa. Y a la mañana siguiente desperté allí. Eso tampoco era extraordinario ya.

Lo extraordinario fue descubrir que Carlos había comprado café del que yo tomaba. No dije nada. Él tampoco. Estaba en un armario. Entre el suyo y una caja de cápsulas que probablemente costaban más que mi desayuno entero.

Lo vi. Lo reconocí. Y cerré el armario.

Pequeña cosa. Nada más.

***

Pasó otro fin de semana. Luego otro lunes. Un martes. Y cuando quise darme cuenta, llevaba más de dos semanas con cuatro números nuevos en el móvil y ya no recordaba demasiado bien cómo era no tenerlos.

Adrián me mandaba vídeos de guitarras. Gabriel fotografías de comida acompañadas normalmente por algún comentario destinado a demostrar que ninguno de nosotros sabía alimentarse correctamente. Carlos aparecía. Mucho.

Y Marc...

Marc mandaba gilipolleces.

No había otra forma de definirlo. Una matrícula que parecía formar una palabra obscena. Un perro sentado delante de una tienda de instrumentos. Una captura de una reseña de un bar en la que alguien había escrito que el camarero parecía enfadado con la vida.

Yo le mandaba cosas también. Sin pensar demasiado. Un hombre que llevaba una camiseta de Metallica con sandalias. Una Stratocaster rosa que vi por internet. Un cartel de SUINVAL con una errata que llevaba allí probablemente ocho años y que de repente me pareció importantísimo compartir.

Era eso.

Gilipolleces.

Hasta el jueves.

Estaba trabajando cuando vibró el móvil. Lo cogí aprovechando que Marina había salido.

Marc.

Una foto.

La abrí.

Una flor amarilla. Pequeña. Creciendo junto a una pared de piedra, entre hierba seca. Nada espectacular. Ni siquiera sabía qué flor era.

Debajo había un mensaje.

Marc · Mira

Fruncí el ceño. Amplié la foto.

Una flor   · Yo

Marc · Muy bien

Marc · Vamos avanzando

Cállate ? ?    · Yo

Volví a mirarla.

Estaba en tierra. Entera. Donde había salido.

Sonreí.

No la has arrancado   · Yo

Tardó unos segundos.

Marc · Me acordé

Y ya.

Dos palabras.

Me quedé mirando la pantalla un poco más de lo necesario. No porque fuera nada.

Precisamente porque no era nada.

Se había acordado. Había visto una flor. Había recordado una conversación absurda en un jardín. Y había sacado el móvil.

Así sí ? ?    · Yo

Marc · Exigente

Respetuoso con la flora   · Yo

Marc · Está al lado de una carretera

Y?   · Yo

Marc · Tiene unas expectativas de vida reguleras

MARC   · Yo

Marc · NO LA HE TOCADO

Me reí.

—¿Qué?

Levanté la cabeza. Marina acababa de volver.

—Nada.

—Estás riéndote sola.

—Puedo hacerlo.

—Con el móvil.

Lo dejé boca abajo.

—Trabaja.

Marina entrecerró los ojos.

—Ese no era el arquitecto.

La miré.

—¿Cómo coño sabes eso?

Sonrió.

—Porque con el arquitecto pones otra cara.

Ah.

—¿Qué cara pongo con Carlos?

—Otra.

—Marina.

—¿Quién es?

—Nadie.

—Jennifer.

—Un amigo.

—Ajá.

—No hagas «ajá».

—No he hecho nada.

—Has hecho un «ajá» entero con dos letras.

Se sentó.

—¿Está bueno?

—Voy a matar a Edu.

—¿Por qué a Edu?

—Porque te contrató.

Marina soltó una carcajada.

Cogí otra vez el móvil. Marc había escrito.

Marc · Dónde está ese sitio que dijiste que te gustaba?

Qué sitio   · Yo

Marc · El que te da miedo

Me quedé quieta. Tardé un momento en entenderlo.

El pantalán?   · Yo

Marc · Ese

Qué pasa con él?   · Yo

Marc · Nada

Marc · Nunca he ido

Eso sí me sorprendió.

MENTIRA   · Yo

Marc · Por qué iba a mentirte sobre un pantalán 😂

Vives aquí   · Yo

Marc · Y?

Toda la vida?   · Yo

Marc · Casi

Y nunca has ido?   · Yo

Marc · No

Negué delante del móvil.

Inaceptable.

Pues tienes que ir   · Yo

Los tres puntitos aparecieron. Desaparecieron. Volvieron.

Marc · Cuándo me llevas?

Ah.

Miré la foto de la flor otra vez. Después el mensaje. Y sonreí.

Cuando quieras   · Yo

Marc · Mañana libro

Pensé en ello. Viernes. Yo salía por la tarde. No tenía nada después hasta las 9.

Cuando salga de trabajar?   · Yo

Marc · Vale

Pero aviso   · Yo

Marc · Qué miedo

No te rías de mí si me pongo nerviosa   · Yo

Esta vez tardó más.

Marc · No pensaba hacerlo

Miré esas tres palabras.

Sin broma. Sin remate.

Nada.

Vale   · Yo

Marc · A qué hora sales?

Se lo dije. Y quedó ahí.

Dejé el móvil sobre la mesa.

—¿Mañana?

Mierda.

Giré despacio la cabeza. Marina sonreía.

—Te odio.

—¿Está bueno?

—Muchísimo.

Se le abrieron los ojos.

—¡LO SABÍA!

—No sabes quién es.

—Pero está bueno.

—Eso tampoco es información relevante.

—Claro que lo es.

—Tengo trabajo.

—Y Carlos.

—Marina.

—Y un amigo que está muchísimo bueno.

La señalé.

—Una palabra más.

Se tapó la boca. Asintió.

Volví al ordenador.

Cinco segundos.

—Qué vida más interesante tienes últimamente.

—MARINA.

Se rio. Yo también.

Porque, joder.

Un poco sí.

Y mañana iba a llevar a Marc al pantalán.

No era una cita. Ni remotamente.

Era Marc.

Mi vecino. Mi amigo. El imbécil que acababa de mandarme una foto de una flor porque se había acordado de mí.

Nada más.

Volví a abrir la fotografía.

Solo una vez.

Bueno.

Dos.

Luego trabajé.

Más o menos.

El viernes llegó demasiado rápido.

O demasiado despacio.

No estaba segura.

A las seis y cuarto salí de SUINVAL con el bolso colgado del hombro y el móvil en la mano.

Marc · Estoy abajo

Miré la hora.

Acabo de salir   · Yo

Marc · Ya te veo

Levanté la cabeza. Estaba al otro lado de la calle. Apoyado contra su coche.

Sonreí.

No porque estuviera especialmente contenta de verlo.

Bueno.

Sí.

Pero normal.

Crucé cuando el semáforo cambió.

—Qué puntual.

—Llevo dos minutos.

—Eso es llegar pronto.

—Eso es llegar dos minutos antes.

—Exacto.

Marc abrió el coche. Me quedé quieta.

—Qué.

—¿Vamos en coche?

—Jenn.

—Está cerca.

—¿Cuánto es cerca?

—No sé. Veinte minutos andando.

Marc cerró otra vez la puerta.

—Pues andando.

Lo miré.

—¿En serio?

—Sí.

—Has venido en coche.

—Sí.

—Y ahora lo dejas aquí.

—También.

—No entiendo tu sistema.

Marc empezó a andar.

—Tú has dicho que está cerca.

Fui detrás.

—Pero podemos ir en coche.

—Ahora quiero andar.

—Eres rarísimo.

—Y tú te quejas cuando te hacen caso.

—Eso también.

Se puso a mi lado.

Hacía calor. No el calor asqueroso de las tres de la tarde que te hacía cuestionarte por qué la humanidad seguía empeñada en vivir cerca del Mediterráneo.

Otro.

El que empezaba a bajar cuando el sol dejaba de caer directamente sobre las calles.

Caminamos sin prisa. Marc llevaba una camiseta negra.

Otra.

Empezaba a sospechar que tenía un armario compuesto exclusivamente por camisetas negras ligeramente diferentes entre sí.

—¿Tienes ropa de otro color?

Miró hacia abajo.

—Sí.

—No me lo creo.

—Tengo una camiseta gris.

—Hostia.

—Y una verde.

—Marc.

—Qué.

—No hace falta que presumas.

Sonrió.

Seguimos andando.

—¿Y tú?

—¿Yo qué?

—¿Tienes camisetas que no sean de grupos?

—Sí.

—¿Cuántas?

Pensé.

—Eso no importa.

—Claro.

—Tengo.

—Una.

—Más de una.

—Dos.

—Cállate.

Se rio.

La conversación saltó de una cosa a otra sin ningún sentido. Del calor a una mujer que llevaba un perro en un carrito. De ahí a los nombres que la gente ponía a los animales. Luego a si llamar Angus a un gato era genial o motivo suficiente para que servicios sociales de gatos interviniera.

Yo defendí que era genial. Marc dijo que dependía del gato. Le dije que no entendía nada.

No resolvimos el asunto.

Cuando empezamos a acercarnos al mar, reduje un poco el paso. No conscientemente. Simplemente ocurrió.

Marc no dijo nada.

Eso me gustó.

Llegamos al paseo. El mar apareció entre los edificios.

Azul.

Enorme.

Demasiado.

Sentí ese pequeño tirón en el estómago. El de siempre. No era todavía miedo. Era saber que estaba ahí.

Marc miró hacia delante.

—¿Es eso?

Seguí su mirada. El pantalán se adentraba en el agua.

—Sí.

—Vale.

—No parece gran cosa desde aquí.

—No.

—Desde allí cambia.

Marc me miró.

—¿Para bien?

—Depende.

—Buena respuesta.

Empezamos a acercarnos. Había gente paseando. Un par de niños corrían cerca de la orilla. Alguien llevaba música demasiado alta en un altavoz.

Rock.

Reconocí la canción a los pocos segundos.

—Mira.

Marc escuchó.

—AC/DC.

—La gente todavía tiene salvación.

—Está sonando desde un altavoz de mierda.

—No seas elitista.