La ladrona de adoquines EPÍLOGO
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EPÍLOGO

Era el seis de enero por la noche. Al día siguiente Zofia volvería al instituto.

Habían sido las mejores fiestas que recordaba.

Había pasado la Navidad y el Fin de Año con sus padres y ese día de Reyes había estado pintando la fachada de la casa de su padre con él.

A media tarde había venido Tomek a ayudarlos.

Nunca había hablado con él, pero conociendo la historia que le había narrado su padre, decidió ayudarlo también.

Le propuso que se pasase los sábados por su casa y ella le daría clases de refuerzo en ciencias, que podía hacerlo mejor que los paquetes que ofrecía la educación secundaria pública de Polonia; en especial, el tonto del culo de Filip.

Tomek se había reído a carcajadas con los insultos proferidos al profesor de Física.

Esa noche, su padre y ella habían cenado en casa de su madre. Zofia había dejado a sus padres en el salón tomando tés entre risas y se había ido a su dormitorio. Sobre el escritorio estaban el ordenador y el pendrive . Se le antojó que ese era el momento de conocer a Álvaro.

Conectó el pen y unos auriculares a su portátil. En la pantalla apareció un punto blanco en un fondo negro.

—Hola, Álvaro. Llámame solo Zofia —dijo con timidez.

—¿Jan te ha puesto al día con todo?

—Sí.

—Será mejor que lo haga yo de nuevo. Tu padre es un tipo genial y todo eso, pero seguro que la parte científica la habrá resumido con la palabra magia.

A Zofia se le escapó una risita.

—¡Menuda novedad! Tú ríes. Tu predecesora era un genio y la apreciaba mucho, pero divertida, lo que se dice divertida, no lo era. En fin, aquí viene lo importante: soy una IA diseñada únicamente para cuidar de ti y ayudarte. Almaceno en mi memoria toda la información de cientos de universos.

Zofia sonrió de oreja a oreja. Era lo que más había deseado en el mundo: aprender.

—Veo que te gusto. Normal. También tengo en mi memoria todos los discos de Álvaro Soler de diecisiete tierras. ¿Te apetece escuchar algo?

—De momento no, solo dime una cosa.

—¿Qué?

—Si los de la tierra que está provocando los apocalipsis nos atacan. ¿Puedes protegernos?

—Mmm, ¿yo solo? No. Contigo, seguro. Ya veo lo que te interesa. ¿Estás dispuesta a proteger tu mundo?

Se oyeron las risas de sus padres en la habitación de al lado.

Zofia sonrió. El conocimiento de cientos de mundos, una familia feliz. No necesitaba más.

—Por supuesto, Álvaro.

FIN