La jugada que me llevó a ti (East Harbor 3) 47. Lo correcto
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47. Lo correcto

Brady

Duncan tenía razón. East Harbor en esta época está precioso.

Hay luces navideñas, hay nieve y hay un ambiente que cala en el corazón.

Los niños se deslizan por alguna pendiente con un trineo, juegan y corren como si las bajas temperaturas no les afectaran.

No puedo evitar sentir cierta envidia, pues mi infancia está lejos de parecerse a esto.

Pero tengo claro que, si un día tengo hijos, me gustaría que pudieran ser así de felices y libres de preocupaciones, como estos que corretean por estas calles.

Aunque para eso necesitaría encontrar primero a una madre.

Sigo caminando con paso firme y decidido. Un bloque de casas, otro… Hasta que llego a mi destino. La decoración es simple pero elegante: unas guirnaldas de luces y algunas estrellas y copos de nieve colgados de las ventanas.

Me acerco hasta el porche y llamo al timbre. Se oye ruido dentro de casa y unos pasos acercándose. Cuando la puerta se abre, Gregory me examina con cierta decepción en su mirada.

—¿Puedo hablar con Harper? —pregunto antes de que me cierre la puerta en las narices.

—No. Y creo que deberías irte.

—¿Quién es? —pregunta una voz—. Te advertí que nada de gilipolleces —me recuerda Matthew con una voz hosca, y aparta a su padre con toda la intención de cerrar.

—No pienso irme sin decirle lo que vengo a decirle —digo alargando mi brazo izquierdo para impedir que cierre.

Aparece otro Queen más, Ethan, que como juega al beisbol dispone de tiempo libre para pasar las fiestas en familia.

Pero no viene solo, pone un móvil frente a mí con las caras de los dos Queen que faltaban, los futbolistas.

El puto clan entero de Queens me mira como si quisiera arrancarme el brazo e impedirme volver al hielo.

Unos con más rabia, otros con menos. Pero todos con bastante hostilidad.

—Apartad —pide Harper colándose entre los cuerpos de sus hermanos.

—Peach, vuelve adentro.

—No.

—Harp.

—Lennox, ¿qué quieres? —masculla con una mezcla de rabia y tristeza, ignorando por completo a sus hermanos.

—Quiero hablar contigo. Dos minutos, luego me largaré.

Harper parece discutir con ella misma mientras me mira con cierta esperanza, aunque no sé si es porque quiere perdonarme o porque desea perderme de vista para siempre. Seguramente la segunda opción.

—Está bien —cede mientras sale al porche y hace un gesto a los hombres de su familia para que se aparten antes de cerrar la puerta. Luego me indica que me ponga en marcha y nos alejamos unos pasos de la entrada de su casa—. Tú dirás.

—No vengo a pedirte perdón ni otra oportunidad.

No tengo excusa y no lo merezco. —Harper hace un leve alzamiento de cejas.

Está claramente sorprendida, aunque no tiene interés en mostrar sus sentimientos—.

Estos días he estado pensando mucho en quién soy y en quién quiero ser.

Tú sabes cómo soy de verdad porque lo has podido comprobar estos días, eso es lo que soy y lo que quiero ser.

»Durante los últimos años, me ha resultado más fácil mostrarme como ese Brady despreocupado, ligón, fiestero…

Porque es una fachada, un muro. Si me atacan, no me atacan a mí directamente.

Y ese muro protegía lo que soy, protegía a mi familia y mi intimidad.

No me sentía vulnerable, frágil o desprotegido.

Pero me llevó a rodearme de gente afín a esta manera de ser y creerme que esas personas eran amigos de verdad.

»Querer encajar me llevó a cometer la mayor estupidez de toda mi vida.

Una apuesta que no debería haber existido nunca porque es totalmente injusta contigo.

Aunque esa horrible jugada me llevara a ti, a conocerte, a pasar momentos increíbles contigo.

Y a saber qué cojones quiero en mi vida.

Ahora lo tengo claro, pero soy consciente de que para nosotros es tarde.

Hago una pausa y percibo cierta humedad en sus ojos que casi me hace cambiar mi discurso, pero me mantengo fuerte y continúo.

—No voy a molestarte más, ni a insistir.

Solo quería que supieras que voy a trabajar en mi mejor versión y que estoy listo para que todos me conozcan.

Ryan necesita alguien a quien admirar, no alguien de quien avergonzarse.

—Trago saliva—. Vamos a coincidir, en el estadio, en casa de Duncan…

Solo espero que un día podamos olvidar todo esto y llevarnos bien.

Harper asiente con cierto temblor en el labio. Ella también sabe que esto es una despedida definitiva a cualquier «nosotros» y, aunque ahora mismo esté destrozada, sé que esto significó algo para ella mientras estábamos bien.

—No te prometo nada. Pero supongo que con el tiempo… podré hacerlo —afirma.

—Tendrás todo el que necesites. Lo prometo.

—Ryan estará muy orgulloso de ti.

Asiento y me contengo de decirle que, ahora mismo, no lo está en absoluto.

No soporta la idea de que me haya cargado lo mejor de mi vida incluso antes de empezarlo, que en algún momento la apuesta me pareciera buena idea y me echa en cara de manera constante que Harper ya no esté en casa.

Porque él también la llegó a querer, la dejó entrar en su vida, se hizo a la idea de que lo nuestro sería para siempre.

—Ojalá tengas razón.

—¿Cómo está él? —se interesa, y me consta que no lo hace por educación.

Se convirtió en otro hermano más para ella y sé que le cuesta dejarlo marchar.

Se preocupó por él desde que supo de su existencia.

Eso que me enamoró de ella me arranca ahora otro pedacito de mi corazón, porque no puedo decirle que, por hacer esta pregunta, la quiero todavía más que antes.

No quiero confundirla, no quiero generar lástima.

Me encojo de hombros de manera despreocupada, pues es el único gesto que me permite disimular lo que siento.

—Bien. Es un empollón, ya lo sabes. No para de retarse a sí mismo.

—Sí…

Harper esboza una pequeña sonrisa que me calienta el pecho y me llena de esperanza.

Quizá no esté todo perdido con ella. Aunque no quiero generarme falsas expectativas y me obligo a poner fin a esto y regresar a casa de Duncan.

No puedo distraerme de mi objetivo y, aunque dudo que ella deje de importarme o gustarme como lo hace, no puedo ofrecerle lo que se merece. Al menos, no ahora.

—Bueno… Nos vemos a la vuelta de las vacaciones. Cuídate —comento dando algún paso hacia atrás para mantener mis manos alejadas de ella.

—Lo mismo digo, Brady. —Se muerde el labio inferior y me cuesta la vida misma no retractarme de lo que acabo de decir—.

Gracias por lo que dijiste el otro día a la prensa.

Me dolió mucho cuando lo escuché, pero esta mañana Holly me ha hecho entender por qué lo hiciste.

No me puedo imaginar cómo de doloroso sería tener a la prensa encima.

Me encojo de hombros.

—Era lo mínimo que podía hacer.

Harper asiente, nos miramos unos segundos más y se da la vuelta para regresar a su casa. Yo me fuerzo a caminar porque quedarme aquí parado me hace parecer un psicópata, aunque lo que deseo hacer es todo lo contrario.

«Estás haciendo lo correcto, Brady».