La jugada que me llevó a ti (East Harbor 3) 43. La apuesta queda anulada
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43. La apuesta queda anulada

Brady

La brisa marina me da de lleno en la cara y me paro cuando el reloj me avisa de que ya he llegado al máximo que le había indicado.

Con el permiso de Harper, Grant y el médico del equipo, he empezado a salir a correr como hacía antes.

No obstante, han sido bastante estrictos con el número de kilómetros.

Me detengo unos segundos a tomar aire antes de volver y me siento sobre la arena mientras contemplo las olas frente a mí. A lo lejos, parece que se acerca una buena tormenta, por lo que no debería quedarme mucho tiempo aquí sentado.

—¡Lennox!

Me giro hacia el origen de las voces y los pasos para encontrarme con Connor y Zee. Me levanto enseguida para saludarlos.

—Ey, ¿qué tal? ¿Qué hacéis aquí? —pregunto.

—Lo mismo que tú, supongo. Salir a correr para mantener este cuerpo que tanto les gusta a las nenas —suelta Zee señalándose a sí mismo de forma sensual.

Contengo una mueca.

—Joder, hace siglos que no te vemos —me reprocha Hale—. Las fiestas no son lo mismo sin ti.

—Ah… —Levanto el brazo bueno y me rasco la nuca—. He estado ocupado.

—¿Ocupado en qué, si estás de baja? —cuestiona Zee con una risa que me pone nervioso y que seguramente me la haya copiado a mí. Porque antes yo era así y este chico me ha admirado hasta el punto de imitarme en todo.

Connor también ríe y choca la palma con mi otro compañero.

—Hago ejercicios todos los días. Necesito recuperarme para volver antes de los play-off.

—¿Y eso es incompatible con salir de fiesta con tus colegas? A ver si te vas a oxidar —se burla Hale.

Me encojo de hombros.

—Intento obedecer al equipo médico y el alcohol es algo que me han recomendado que no tome.

—¿También te han prohibido follar?

Más risas por su parte. Yo finjo que me hace gracia su comentario, aunque cada vez me siento más apartado de ellos, de lo que yo también solía ser. Quizá por eso llevo tiempo sin escribirles ni aparecer por su casa.

Y por Harper.

—Te veo muy preocupado por mi polla. No será que la quieres para ti… —suelto enseñando los dientes.

Connor se pone rojo como un tomate.

—¿Qué cojones hablas, gilipollas? No digas eso ni en broma. —Me señala con el dedo—. A mí me gustan las tetas y los coños. Mucho, además.

—¿Eres gay? —pregunta Zee.

—Como sigáis diciendo esas cosas os vais a comer mi puño —nos amenaza con bastante rabia—. Solo quieres distraernos para no hablar de Harper porque se te acaba el tiempo. ¿Te la has ligado ya o no? Queda una semana para Navidad.

Por fuera, aparento que todo está bien. Por dentro, siento náuseas. La maldita apuesta, la peor jugada de toda mi vida. Tengo que acabar con esto.

—La apuesta se anula, chicos.

Ambos me observan como si me hubiera salido otra cabeza sobre los hombros durante varios segundos, luego se miran entre ellos y estallan en carcajadas.

—Las apuestas nunca se anulan —determina Connor de manera tajante.

—Pues esta sí.

—Ni hablar. Si no puedes ligártela, te toca aflojar la pasta.

—¡Claro que puedo! Pero no está bien, joder. ¿No os dais cuenta? Harper es una persona y es nuestra fisioterapeuta. Es parte del staff. No podemos hacer esto.

Intento hacerles entender lo obvio, pero su humanidad y su sentido común, como suele ser habitual, están de vacaciones.

Connor niega con la cabeza con una sonrisilla al verse a punto de ganar una cantidad absurda de dinero.

—No me vengas con esas, no te importó cuando te viniste arriba y añadiste que romperías con ella cuando volvieras al hielo —rebate.

—Estaba borracho y medicado, no sabía lo que decía —me justifico—. Ya me parece increíble que lo recuerde.

—Entonces, el momento de cancelar la apuesta era al día siguiente, no a una semana de finalizar el plazo, solo porque sabes que vas a perder.

—No voy a perder —admito, y me arrepiento enseguida porque no quería meter a Harper en esto—. Soy yo quien está renunciando a ganar la pasta. Pero no la quiero, no está bien.

—¡Hostia! Que se la ha ligado —murmura Zee.

—No es verdad —insiste Connor—. Ya me parecía un reto imposible para ti, ahora que sabemos que es una Queen… Ni de coña.

—Puedes creer lo que te dé la gana. Pero has perdido la apuesta y te estoy dando la oportunidad de quedarte con el dinero.

—No has ganado aún —me advierte muy serio—. Tienes que dejarla cuando vuelvas al hielo.

—No.

—Esa cláusula la añadiste tú junto a una cuantiosa suma de dinero —me recuerda. Su sonrisa no puede asemejarse más a la de un villano de Disney.

—No voy a hacer eso. No se lo merece —zanjo.

Connor alza una ceja y Zee parece no enterarse de nada.

—No me lo puedo creer —masculla riéndose—. Te has enamorado de Harper, tío.

—No, no, no…

Trato de disimular, pero ellos ya tienen su historia.

—Por eso quieres «hacer desaparecer» esta apuesta justo ahora.

—¿Eso es verdad? —pregunta Zee abriendo mucho los ojos.

—No, pero he pasado mucho tiempo con ella y es mi fisio.

No voy a hacerle eso. —Carraspeo y me preparo para decir algo que no quiero, pero necesito que se olviden de la apuesta—.

Además, ¿vosotros creéis que puedo hacerle eso a la hija de Greg Queen y salir indemne?

La apuesta era sobre una chica anónima cualquiera que no me traería problemas.

No me voy a jugar la carrera por esta maldita apuesta. Queda anulada.

—¿Y cuál es tu plan? —cuestiona Connor—. ¿Seguir con ella eternamente? ¿Casarte? ¿Tener hijos?

«Exactamente eso».

—No tengo ni idea. Pero está claro que el hecho de que Harper sea una Queen cambia mucho las cosas, y ahora que la tengo en el bote prefiero seguir con ella y beneficiarme de los favores de su padre.

Siento náuseas por lo que acabo de decir. No lo pienso y Harper me odiaría. Pero el otro plan sería dejarla cuando vuelva al hielo, ganar la apuesta y luego encontrar la manera de reconciliarme. Demasiado arriesgado. Esta es, sin lugar a duda, la opción más fácil y rápida de acabar con esto.

—Interesante… —murmura Connor. Daría mi sueldo anual por saber que está pasando por su mente ahora mismo—. Está bien, Lennox. La apuesta queda anulada.