La jugada que me llevó a ti (East Harbor 3) 6. Una responsabilidad muy grande
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6. Una responsabilidad muy grande

Harper

«Reunión equipo médico. Tema: Brady Lennox»

Cuándo:

Lugar:

Sala A2

Invitados:

Alan McKay - organizador

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La notificación para la reunión me ha saltado tan pronto como he encendido el ordenador, aunque Grant me avisó ayer que se iba a convocar y que estuviera preparada. Preparada ¿para qué?

Aun así, un escalofrío me recorre la espalda al verlo.

Acepto la invitación y me programo una alarma para no llegar tarde.

Sé que estoy convocada porque soy la residente.

Tomo notas, escucho, miro, aprendo. Poco a poco, me van otorgando más responsabilidad con los jugadores y estos responden muy bien.

Pero esto no es una simple contractura, ni un jugador cualquiera ni una reunión normal.

Me paso la mañana tomando notas del entrenamiento de los chicos; cuando suena la alarma, me encamino hacia la sala indicada.

Llego de las primeras, por lo que elijo sentarme cerca de la ventana.

Poco a poco, van entrando los demás, Grant me estrecha el hombro y se sienta a mi izquierda.

Olivia me sonríe al verme y se ubica a mi otro lado.

Cuando entra mi hermano, se sienta frente a mí, aunque finge no conocerme en absoluto, más allá de ser la nueva residente del equipo de fisioterapia.

Evita hacerlo, pero sus ojos están pendientes de mí.

Finalmente, aparecen Colin y Alan, el director médico, a quien solo vi una vez, cuando Grant me presentó a todo el mundo. Es un hombre de casi sesenta años con muchísima experiencia en equipos profesionales.

Colin abre una carpeta llena de papeles y se instala un silencio incómodo a la espera de que empiecen a hablar. Tully mantiene los brazos cruzados sobre el pecho con una expresión ansiosa, mientras Wesley me observa como si yo no pintara nada en esta reunión. Y quizá tenga razón.

—Bien, vamos al grano, que todos tenemos bastante trabajo.

—Su voz es firme y denota una vasta experiencia en este tipo de situaciones—.

Brady Lennox fue intervenido ayer por la mañana.

Luxación anterior del hombro derecho con desgarro del labrum glenoideo.

—Creo que todos contenemos el aliento. Es peor de lo que imaginé—.

Se realizó una reparación artroscópica con anclajes y la verdad es que la cirugía ha ido muy bien. No ha habido complicaciones.

Por el rabillo del ojo veo como Grant asiente, aparentemente serio y tranquilo.

Yo estoy hecha un flan. El médico ha dicho «luxación anterior del hombro derecho con desgarro del labrum glenoideo» y nadie parece preocupado.

Miento, Tully lo está. Y mi hermano se muestra bastante intranquilo. ¿Qué les ocurre a los demás?

—¿Cuál es el pronóstico? —quiere saber el entrenador.

—Si todo evoluciona de manera correcta, estamos hablando de entre cinco y seis meses para volver a competir —responde Colin, algo inseguro. Esa información nunca es bien recibida.

—¡¿Cinco o seis meses?! —exclama indignado—. ¿Estás diciendo que vamos a jugar más de media temporada sin nuestro mejor delantero? ¿Cómo vamos a llegar a los play-off sin Lennox?

—Llegaremos, no te preocupes. Tenemos más jugadores. Y si lo forzamos, quizá no vuelva a jugar —responde mi hermano tratando de calmar al entrenador, aunque no suena muy convencido. Él sabe que es el mejor. Lo sé hasta yo.

Desvío mi vista hacia él y no me gusta nada lo que veo en sus ojos. Él sabe lo que pasa por forzar la máquina. Por eso no quiere que Brady lo haga y tenga que retirarse antes de tiempo.

—Eso mismo —conviene Colin—. Necesitará un trabajo constante y una rehabilitación muy controlada. Se recuperará y volverá a ser el mismo, pero llevará un tiempo.

Tully se deja caer hacia atrás y el resoplido nos pone a todos de los nervios.

—Ahora mismo —prosigue Colin—, lo más importante es centrarnos en la recuperación tanto física como emocional de Lennox.

Olivia —le llama la atención a la psicóloga—, te va a necesitar.

Quiero que estés pendiente de su evolución.

Lo vi ayer, después de la intervención, y esta mañana.

Está devastado. Cree firmemente que este es su fin.

Ella asiente y abre la aplicación del calendario en su iPad.

—Lo veré esta semana. Trabajaremos la aceptación y el miedo. Puedo programar una sesión semanal, o incluso más si lo necesita. No hay problema.

—Bien —asiente el médico. Acto seguido, desvía su vista a Grant—. Ahora falta trazar un plan de rehabilitación. ¿Llevarás tú su recuperación, o se encargará Wesley?

—En realidad, estaba pensando en Harper —responde con mucha seguridad en la voz. Tanta que no parece una decisión de última hora, más bien como si llevara todo el fin de semana pensando en ello.

Abro mucho la boca y estoy a punto de preguntar «¿yo?», pero mi compañero borde se me adelanta.

—¿Ella? —cuestiona echándose hacia delante y señalándome de cualquier manera.

Me parece lógico que no entienda esta decisión, porque no la entiendo ni yo.

Pero ¿por qué ese comportamiento conmigo?

—. ¿En serio vas a poner a una residente que lleva dos meses con nosotros a cargo de una recuperación de este calibre, cuando estamos hablando del jugador estrella del equipo?

Todos me miran y se nota el desacuerdo con Grant, aunque no todos se lancen sobre él ahora mismo. A mí me empieza a faltar el aire. No entiendo la necesidad de ponerme a todo el mundo en contra. Cuando hable con mi jefe le diré que no puedo hacerme cargo de esto, es mucha responsabilidad.

—Lo que me faltaba —masculla Tully—. Lo siento, Harper, no tengo nada en tu contra, sé que eres buena, pero esto…

—Creo que todos confiamos en ella —tercia Colin—.

La hemos visto trabajar, es muy metódica y a veces hasta un pelín excesiva con las notas.

No es malo —aclara, mirándome—, es cojonudo, aunque estamos muy mal acostumbrados y, normalmente, desbordados.

—Bonita manera de llamarme pesada—. Pero entiende que es una enorme responsabilidad y le falta experiencia aún para poder llevar el peso de una recuperación así.

—La experiencia se gana trabajando —insiste Grant—.

Si yo no me hubiera encargado de la rehabilitación de Thomas Baker siendo un simple residente, probablemente hoy no sería el jefe de Fisioterapia de este equipo.

No tendrá experiencia aún, aunque con esto va a dar un salto abismal en su carrera.

Además, va a estar supervisada en todo momento por mí, como lleva estándolo desde que entró, por si eso os deja más tranquilos.

Hay un silencio denso. Yo sigo sin ser capaz de articular palabra. Me emociona que Grant hable así de mí y me defienda como lo hace. No obstante, sigo creyendo que no soy yo la persona indicada para encargarse de Brady. Y no solo porque sea residente de primer año.

Absolutamente todos me están mirando y cada vez me cuesta más respirar.

Siento una mano sobre mi muslo. Me giro hacia mi derecha y Olivia me guiña un ojo.

Me relajo un poco. Me permito dirigir la vista al frente, hacia mi hermano, quien se nota que quiere mostrarme su apoyo, pero le pedí expresamente que bajo ninguna circunstancia revelara nuestro parentesco.

Wesley chasquea la lengua, mientras que Colin parece convencido. Tully mira a Matt, buscando apoyo.

—¿Tú qué opinas? Eres el general manager y todavía no has dicho nada al respecto.

Mi estómago se encoge más y más con cada segundo que tarda en responder.

—Confío en el criterio de Grant. Si él considera que nuestra residente está preparada para un desafío de tal magnitud, será porque lo está.

Me permito respirar de nuevo y Olivia sonríe a mi lado mientras me aprieta la mano. Grant también se relaja. Incluso Tully parece convencido. Estoy empezando a sonreír cuando Wesley suelta la bomba que tanto temía.

—¿Qué va a decir él, si es su hermano?

Se me corta la respiración de nuevo y todas las miradas se dirigen ahora hacia Matt, quien me pide disculpas de manera silenciosa, pero tampoco se atreve a confirmarlo. Está a la espera de que yo diga o haga algo.

—Claro, porque todos sabemos que los Queen tienen la exclusiva de ese apellido y nadie más puede usarlo —ironiza Olivia a mi lado, bastante molesta con su actitud—. Harper no es su hermana, ¿a que no?

Ahora me mira a mí. Trago saliva. Veo cómo su cara va mutando al no negarlo de manera automática. Me giro hacia Grant.

—Por esto no quería trabajar aquí. Y por esto no quería que nadie lo supiera —añado dirigiéndome a mi hermano, y me levanto para hablarles a todos—.

Porque sabía que llegaría un día en el que alguien se cuestionaría si estoy aquí por él o por mí.

Porque llevo esforzándome durante años en ser la mejor, haciendo prácticas en hospitales, clínicas y gimnasios, incluso renunciando a gran parte de mi vida social universitaria.

Todo porque no quería que la gente pensara que alguien me regalaba un trabajo por mi apellido.

¿Y para qué? —Niego con la cabeza—. Gracias, Grant, pero creo que lo mejor es que yo no lleve este caso.

Voy a darme la vuelta para abandonar la sala, pero la voz de mi hermano me detiene.

—Siéntate, Harp. La reunión no ha terminado. —Habla con tanta determinación y me recuerda tanto a mi padre que no me queda otra que obedecer.

—¿Sois hermanos? —susurra Olivia a mi lado.

Asiento. Espero que no deje de hablarme por haberle omitido este detalle de mi vida. De verdad que me viene muy bien tener una amiga aquí.

—Sí, ella es mi hermana —declara Matt a todos los asistentes, quienes nos observan con diferentes grados de incredulidad—.

Pero no está aquí por ser una Queen. Está aquí por méritos propios.

Claro que quería que realizara su residencia en este equipo.

¡Es brillante! Pero me insistió tantísimas veces en que no iba a presentar su solicitud que, cuando Grant me habló de ella, le di carta blanca para ofrecerle lo que considerase necesario con tal de que aceptara.

Porque sí, Wesley —pronuncia su nombre con tanto hastío que me queda claro que no es muy de su agrado—, es tan brillante que todos los putos equipos de esta ciudad se la rifaban.

¿Soy mala persona si disfruto un poco de ver cómo mi odioso compañero se empequeñece?

—De modo que, si Grant cree que está capacitada para este reto, es que lo está. Y tú —se dirige a mí ahora— harás lo que tu jefe te pida.

Me sostiene la mirada durante varios segundos hasta que la relaja poco a poco. Da auténtico miedo cuando se pone así. De hecho, sus palabras y su ferocidad nos han dejado mudos a todos.

Alan, el director médico, carraspea y centramos nuestra atención en él.

—Bueno, creo que podemos dar esta reunión por finalizada.

Los detalles de la lesión, pruebas, cirugía…

, todo eso está en su ficha para que lo podáis consultar.

Sobre todo, vosotros. —Nos señala a Grant y a mí—.

Me temo que vais a estar revisando informes durante unas cuantas horas —comenta, y creo que se quiere hacer el gracioso.

Me permito aflojar la tensión que he acumulado en los últimos minutos.

Wesley arrastra la silla y sale disparado echándome una mirada que no me gusta un pelo.

Los demás se despiden y van abandonando la sala.

Olivia me abraza y me comenta que tenemos una conversación pendiente, guiñándome un ojo.

Grant me estrecha el hombro y me pide que luego lo busque para empezar a ver cómo enfocamos este marrón.

Pero mi hermano no se ha movido del sitio.

—Lo siento, Harp. No quería hablarte así. —Sonríe mientras niega con la cabeza—. No se lo cuentes a Calvin o no dormiré tranquilo pensando en que se va a colar en mi casa para darme una paliza.

Me río.

—Calvin no haría eso.

—Por supuesto que sí. Lo que sea por defender a su hermanita del alma.

—Tú también lo harías.

—Ni lo dudes.

Nos reímos y nos levantamos para darnos un abrazo. Ahora que todos saben que somos hermanos no hace falta disimular. Bueno, todos, no.

—Respecto a esto, me gustaría que siguiéramos siendo desconocidos frente a los jugadores.

—¿Por qué?

—Porque no quiero que ellos también piensen como Wesley y no confíen en mí.

Él se aparta y me mira de manera seria.

—Está bien, tranquila. Nadie más lo sabrá. Está claro que tenías razón y me jode que alguien pueda creer que estás aquí por tu apellido.

—Gracias.

Volvemos a abrazarnos y me siento en casa.

—Venga, que ambos tenemos bastante trabajo —menciona, soltándome e instándome a salir de la sala.

Resoplo.

—¿De verdad crees que seré capaz de hacer que Lennox vuelva a jugar?

—Sí. Y que un día serás una gran jefa de Fisioterapia.

—Te estás columpiando mucho.

Me guiña un ojo y se da la vuelta rumbo al ascensor para regresar a la planta donde se ubican los despachos.

Y yo debería sentirme mejor, pero no lo hago porque soy consciente del principal problema que me voy a encontrar cuando vea a Brady: que no confía en mí, y la confianza es clave para recuperarse.