Prólogo
Entrada de diario
Es un mentiroso y un manipulador. Es engañoso e insensible. No es quien yo creía que era.
Es mi marido. Y esta es mi historia. Como dice el título de la portada de nuestro álbum de boda, que está acumulando polvo en nuestro armario: «Esta es nuestra historia de amor».
Más bien es una pesadilla, y estoy atrapada con él en este sueño terrible.
Es el peor tipo de mentiroso porque se le da bien.
Utiliza la verdad para revestir sus mentiras.
Esos son los mejores engaños, los que emplean verdades a medias acompañadas de mentiras exageradas.
Justo cuando eres víctima de otro de sus engaños, te quitan la alfombra de debajo de los pies y te das cuenta de que te han tomado el pelo.
No debería sorprenderme su maestría para la mentira. Se gana la vida con ello. Mi marido, el otrora famoso autor Stephen Dyer, vive en un mundo de ficción. Crea mentiras cada día que se sienta ante su teclado.
¿Cómo podía esperar que no hiciera lo mismo con su vida real?
Desde el momento en que lo conocí, me mintió.
Me transmitió ideas grandiosas sobre cómo era su mundo.
Cuando me pidió salir por primera vez y me invitó a formar parte de su vida ficticia, acepté encantada.
Poco a poco, la realidad que me presentaba se fue desmoronando, pieza a pieza.
Solo cuando las mentiras quedaron al descubierto comprendí por fin quién era realmente Stephen Dyer, y no era ninguna de las mentiras que me había contado.
Mi marido es un monstruo.
Esta es mi historia. Perdón, «nuestra historia de amor».
Soy una ilusa que adora los finales felices. Sé que mi historia no tiene uno de esos.