La Jefa Capítulo 17
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Capítulo 17

Ha pasado una semana y, por suerte, no ha ocurrido nada relevante en el trabajo.

Es casi como si Nicole fuera una jefa completamente nueva.

No es la misma persona que me menospreció delante de toda la plantilla.

Tampoco ha vuelto a pedirme que le haga recados personales.

En las reuniones y en el trabajo, me han tratado bien, no solo Nicole, sino el resto del personal.

Se acabó eso de trabajar hasta tarde por las noches yo sola.

Las cosas han ido de maravilla.

Aunque es algo que no suelo hacer, incluso estoy forjando cada vez más amistad con Leigh.

Hemos quedado unas cuantas veces para tomar café.

Una vez incluso después del trabajo. También nos hemos intercambiado los números.

Es un poco más joven que yo y es la asistente ejecutiva de Nicole, pero tengo que decir que disfruto mucho pasando tiempo con ella.

Empiezo a sentirme tonta por haber pensado siquiera en dejar LBS. Quizá mi primera semana en el puesto fue un error. Nicole podría haber estado bajo mucho estrés y, por la razón que fuera, me tocó a mí pagar el pato.

Ahora, nadie pensaría que algo va mal.

El otro día, Nicole entró en mi despacho solo para decirme que creía que había gestionado muy bien un proyecto. He vuelto a recibir elogios por mi trabajo.

Es casi como si las cosas hubieran dado un giro de 180 grados. Aunque tengo mi currículum preparado y he estado buscando puestos en los que creo que Nicole no se enteraría si me postulara, lo cierto es que no he enviado ni uno solo.

El aura en el trabajo ha cambiado por completo. De verdad que estoy teniendo un día precioso.

Nicole tampoco ha dicho ni una palabra sobre Evan. Pensé que iba a ser insoportablemente raro estar en el trabajo cerca de ella, pero no ha sido así. Nunca lo menciona, y yo tampoco.

Mientras estoy sentada en mi mesa, terminando mi tarea, no puedo evitar pensar en lo tonta que fui al querer irme.

Evan me ha dicho que tiendo a ponerme siempre en el peor de los casos. En mi cabeza, Nicole era un monstruo.

Empiezo a pensar que Evan en realidad tiene razón.

Las cosas están mejorando, no solo para mí, sino también para Evan. Tommy y él han hecho las paces. Su hermano ha vuelto a ayudarle con las reformas de la casa. Es agradable llegar a casa y ver a los hermanos compartiendo una cerveza.

Pasamos un momento divertido cuando Evan señaló que el estado sentimental de Tommy en Facebook había cambiado de soltero a «es complicado». Sigue negándose a contarnos más sobre su misteriosa chica.

Es bueno ver que él y Evan vuelven a comportarse como hermanos. Solo espero que su camaradería aguante esta vez, al menos hasta que mi casa no parezca un sitio en construcción.

Leigh se para frente a la puerta de mi despacho y me saluda con la mano. Yo le devuelvo la sonrisa.

—Buenos días —dice.

—¡Hola! —le respondo. Niego con la cabeza—. Oye, tienes que contarme cómo te fue en la cita de anoche. No me contestaste al mensaje. Tengo que saberlo. ¿Me dijiste que el hombre tenía barba de cuello? Tuve que buscar en Internet qué era eso exactamente.

La cara de Leigh se amarga. —Uf. Ni me lo recuerdes.

Eso es lo que me pasa por intentar las citas por Internet.

La foto de perfil no se parecía en nada al hombre que se presentó en el restaurante.

Aguanté toda la cena con él sin afeitarle la cara, pero, sí, quiso llevarme a casa.

Le dije que yo había traído coche y cogí un Uber.

—Se ríe—. Pues sí, ahora estoy preocupada por la cita que tengo este sábado de la misma página web.

Niego con la cabeza. —¿Para qué necesita una mujer como tú páginas de citas?

Ella se ríe. —No todas tenemos la suerte de estar casadas con un maromazo como el tuyo.

Niego con la cabeza ante el comentario. —Si conocieras a Evan como yo, sería menos maromazo y más pesado.

Leigh esboza una sonrisa forzada. —Todos los hombres lo son.

—Mañana es nuestro segundo aniversario.

—Oh, qué bien —dice con tono juguetón—. ¿Qué vais a hacer este par de tortolitos?

—Iremos a un buen restaurante y luego ya veremos adónde nos lleva la noche.

—Con suerte, de vuelta al dormitorio —dice Leigh soltando una carcajada.

Sonrío de oreja a oreja. —Te cuento demasiado sobre mi vida, ¿verdad?

Leigh le devuelve la sonrisa. —Bueno, es un trato justo. Tú te tragas el desastre de mi vida amorosa. Mira hacia afuera del despacho, en dirección al de Nicole, y vuelve a mirarme—. Escucha, Nicole me ha pedido que te organice una reunión con ella para hoy.

—¿Para qué? —pregunto.

Leigh se encoge de hombros. —No me ha dado ninguna razón. ¿Quieres que le pregunte?

—No, no. Está bien. Me viene bien a cualquier hora.

—Lo más temprano que puede es a la una.

Asiento. —Perfecto. Gracias, Leigh.

Me dice adiós agitando los dedos. —Hasta luego, chica —dice—. ¿Hacemos pausa para el café hoy?

—Por supuesto —digo con una sonrisa—. Mi nueva adicción es la cafetería a la que me llevaste, y es todo culpa tuya. Hoy invito yo.

Leigh sale de mi despacho y observo cómo camina de vuelta hacia la zona de recepción. Cuando giro la cabeza, veo a Nicole mirando hacia mi despacho. Me sonríe antes de volver a mirar su ordenador.

La mirada que me ha dado me inquieta por alguna razón mientras vuelvo a centrar la vista lentamente en mi pantalla.

¿Para qué querrá verme Nicole hoy?

Al instante pienso en la mujer mayor pelirroja, la antigua vicepresidenta. La mujer que fue despedida el día que empecé a trabajar en LBS.

¿Me van a despedir? ¿Por qué? ¿Por qué motivo?

¿Por los problemas que tuve la semana pasada? ¿Cree Nicole que ya no encajo en su empresa y quiere que me vaya? ¿Qué significaría si me despidieran de verdad? Es algo que nunca me ha pasado antes.

¿Qué supondría buscar trabajo estando desempleada? Me pondrían en la lista negra para cualquier puesto ejecutivo, para siempre.

Me tranquilizo, intentando pensar en lo que me dijo Evan. Ya estoy otra vez igual. Sacando conclusiones precipitadas y pensando en los peores resultados.

Nicole ha empezado a charlar con otros empleados sobre la vacante de vicepresidencia. Podría tratarse fácilmente de eso.

Aunque yo no me he postulado. Después de la semana pasada, supuse que no tenía ninguna oportunidad. La semana pasada no quería seguir en LBS, así que ¿por qué iba a solicitar su segundo puesto más importante?

Hago todo lo posible por calmar los nervios hasta nuestra reunión, pero es insoportablemente difícil. No salgo a tomar café con Leigh. No quiero que me vea como el manojo de nervios que soy ahora mismo. Con las aletas de la nariz vibrando como las de un dragón o tomándome el pulso como una maníaca.

Pienso en llamar a Evan, solo por oír su voz. En lugar de eso me concentro, lo mejor que puedo, en mi trabajo, y por fin llega la hora de nuestra reunión, sintiendo como si hubieran pasado casi diez años.

Tal como hizo Leigh, me detengo frente a la puerta de cristal de Nicole, mirándola con una amplia sonrisa. Llamo a la puerta, pero Nicole no levanta la vista hacia mí.

—Pasa —dice.

La sonrisa de mi cara se desvanece. ¿Pasa? ¿Quién le dice eso a alguien con ese tono? ¿Qué soy, un perro?

Hago lo que me ordena, abro la puerta de su despacho y entro con cautela. —Hola, Nicole —digo, fingiendo otra sonrisa—. ¿Cómo va el día?

Ahora sí me mira y me devuelve su propia sonrisa falsa. —Muy ajetreado. Aunque me alegro de que hayamos podido reunirnos. Quería charlar contigo. A ver, llevas aquí algo más de una semana. Un gran cambio para ti también, viniendo de Vancouver. ¿Qué tal te va por aquí?

Intento evitar mi frustración por la semana pasada y me centro solo en cómo me he sentido desde entonces. —Ha ido genial. Tienes un personal muy acogedor aquí. Me han hecho sentir como en casa. —Es verdad. Si Nicole no estuviera loca, mi trabajo sería absolutamente perfecto.

—Estupendo —Nicole se acomoda en su asiento, alisándose la falda negra.

—¿Y Evan? ¿Cómo lleva la mudanza aquí? Estará contento por haberse reencontrado con Tommy.

Esos dos eran uña y carne en sus tiempos.

—Nicole se ríe y yo siento ganas de encogerme en mi asiento.

Oír el nombre de mi marido salir de sus labios me revuelve el estómago.

—Bueno, ahora mismo está muy ocupado reformando la casa.

—Puedo oír la voz de mi marido en mi cabeza.

Dile que no se meta. No hables de tu vida personal en el trabajo.

Si te hace sentir incómoda, pídele que no me mencione.

Sé asertiva. Tomo aire antes de encontrar las palabras.

Solo he practicado este momento frente al espejo durante toda la última semana.

—Si te parece bien, Nicole, preferiría no hablar en el trabajo sobre mi marid...

—¿Por qué no has solicitado el puesto de vicepresidenta? —pregunta tajante, interrumpiéndome. Su pregunta me descoloca.

—¿El puesto? —pregunto, confundida por el hecho de que lo pregunte.

—Sí, creo que serías estupenda para ello, de verdad.

—Me sonríe de nuevo—. Sin duda tienes lo que hace falta.

Claro, tuviste un par de meteduras de pata tu primera semana, pero tu trabajo habla por sí solo.

Le echas horas como nadie más aquí. Busco a gente que dé el máximo y esa eres tú. Me lo has demostrado.

—No estaba segura de qué posición ocupaba aquí en LBS, para serte sincera —le digo—. Pensé que no estabas contenta con mi rendimiento.

—Todo lo contrario, Alice. Estoy muy contenta con tu progreso.

Estás superando a algunos de mis ejecutivos veteranos.

Aunque algunos de ellos tienen esa actitud de que ya les toca el turno.

Dan por hecho su tiempo aquí. Sé que este no es el último lugar donde quieres estar, aquí en LBS.

¿Cuáles son tus verdaderas aspiraciones?

Bajo la cabeza y me arreglo la falda ahora.

—Bueno, para ser sincera, tú. —Nicole sonríe más ampliamente—.

Me inspira mucho lo que has logrado y siendo una mujer tan joven.

—Nicole me quita importancia con un gesto y se ríe—.

No, de verdad. Siempre estoy dispuesta a trabajar duro y a ir más allá de lo necesario para llegar a donde estás tú.

Haría lo que fuera necesario. Quiero que lo sepas, Nicole.

—Es bueno oírlo, porque si llegaras a ser vicepresidenta, especialmente a tu verdadera edad tan temprana... —esta vez le devuelvo una sonrisa auténtica—, la puerta a un puesto de presidencia podría ser tuya en pocos años. Este trabajo abrirá no solo algunas puertas, sino todas.

La idea me impacta.

—Bien —dice Nicole irguiéndose en su silla y llevándose un bolígrafo a sus labios rojos—, quiero concertar una cena. Una reunión, quiero decir. Llamaré a Evan para organizarla.

—¿A Evan?

—Exacto —dice radiante—. Tengo su número aquí. —Busca entre un montón de papeles en su mesa y saca un formulario de información del empleado que rellené mi primer día. —Es tu contacto de emergencia, ya veo. Hablaré con él sobre el tema.

—¿Quieres concertar una reunión con mi marido y conmigo para cenar?

—Solo con él.

Trato de recuperar el aliento. ¿Me trae aquí para hablar de ascensos y ahora pretende que me quede sentada mientras habla de irse de cita con mi marido? Incluso lo ha llamado «cena».

—¿Por qué? —le digo con voz firme. Intento calmarme. Sentir tanta rabia dirigida hacia mi superior es algo que no había experimentado nunca.

—Bueno, para ponernos al día. Tú me cuentas cosas de él y parece que le va bien. Pero quiero que me lo cuente él. Ponernos al día.

—¿Quieres tener una cita con mi marido?

Me señala con el bolígrafo. Mi instinto me dice que se lo quite y se lo tire a la cara, pero en lugar de eso me quedo sentada escuchando.

—No he dicho cita, ¿verdad? Atención al detalle, Alice.

Esa es una parte importante de ser vicepresidenta.

Quiero ponerme al día, he dicho. Éramos íntimos.

Él fue una parte importante de mi vida. Será algo amistoso, por supuesto.

—¿Pero quieres estar a solas con él?

—¿Cómo pueden dos personas ponerse al día de verdad si tú estás en la habitación? —Se ríe—. Digamos mañana por la noche después del trabajo. No quiero planear una cena de fin de semana. Eso suena demasiado a cita para mi gusto. —Se ríe—. Desde luego, no quiero darte una impresión equivocada.

Nuestra cena de aniversario es mañana. Yo quería celebrar nuestro matrimonio el día que realmente nos casamos. No hay ninguna posibilidad de que esta loca vea a mi marido ese día.

—El miércoles no puede ser —digo. Me levanto de la mesa, incapaz de ocultar mi asco por esta mujer—. ¡Nada de esto puede ser! ¡Es mi marido!

—Baja la voz, por favor —dice Nicole, haciendo un gesto con las manos—. Por favor, compórtate de forma profesional. Al fin y al cabo, este es nuestro lugar de trabajo, vicepresidenta.

La forma en que me arroja el título a la cara me pone enferma. ¿Cree que voy a prostituir a mi marido a cambio de un ascenso?

—Esto ha ido demasiado lejos, Nicole. No puedo seguir trabajando aquí un...

—Yo me lo pensaría muy mucho —dice ella, levantándose y sosteniéndome la mirada—.

Te estoy hablando de ascensos hoy mismo.

Una empresa líder en suministros de belleza y tú podrías ser su vicepresidenta.

Piensa bien en lo que eso podría suponer.

—Al ver que no respondo inmediatamente con desprecio, sonríe.

Su sonrisa se desvanece rápido—. Pero imagina lo que podría pasar si no haces lo que te pido.

Conozco a mucha gente, y no solo en Toronto.

Una vicepresidenta necesita tomar decisiones rápidas a veces.

Demuéstrame que tienes lo que hay que tener.

O no lo hagas. Tú decides. Tómate un día para pensarlo bien y luego quiero mi respuesta.